EL ADIOS A UN GRAN HOMBRE (+) (LUIS GUTIERREZ PRINCIPE)

*Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada produce una dulce muerte.”  Camelot.

El sábado por la madrugada, Luis Gutiérrez Príncipe falleció en la ciudad de Xalapa. Empresario orizabeño, gran benefactor de la ciudad, creador de múltiples y exitosas empresas, una de ellas, El Toreo de Orizaba, llamado ahora Centro de Espectáculos La Concordia, lugar donde la gente, al saber de su doloroso fallecimiento, comenzó a llevar coronas y flores, como se estila cuando se despide a una gente querida y de bien, a un ser que cuando llegaban a pedirle ayuda a causas nobles, jamás dudó en tenderla y ayudar a los más necesitados.

Un gran humanista. La noticia muy de mañana de su muerte, nos llenó de nostalgia y dolor, al menos quien esto escribe comenzó a rememorar aquellos años que convivimos con gran amistad, un grupo de nosotros que tomábamos café y discutíamos de las cosas mundanas. Supe que fue velado en Bosques del Recuerdo, la funeraria jalapeña, y sé que será cremado y sus cenizas serán resguardadas muy seguro entre su familia. Lo vamos a extrañar. Lo van a extrañar aquellos promotores del futbol, cuando les auxiliaba; le van a extrañar las madres pobres, que cuando pedían ayuda encontraban la mano tendida de ese amigo. Para su panegírico, habría que llenar varias cuartillas de sus momentos en que atendió a todos. Yo tengo una vivencia muy propia, cuando compramos la casa donde está ahora la Cámara de Comercio, en mi administración de Presidente de Canaco, junto con el Consejo, nos faltaba un dinero extra para cerrar la operación, y él, a cuenta de los beneficios que llegaban de Infonavitt, adelantó el dinero con lo que hoy esa Cámara de Comercio tiene su sede y su sitio en la calle Real. Como esas habrá cientos de anécdotas.

Se me ocurre, y así he recibido peticiones de mis lectores, que las autoridades municipales a ese Toreo deban ponerle el nombre de “Centro de Espectáculos Luis Gutiérrez Príncipe”, y junto, dónde está ese toro que la gente lleva flores, una estatua suya de cuerpo completo. Él si se lo merece.

Descansa en paz, querido amigo, y te despido con las palabras de Benedetti: “Y aquí estamos ahora, tras tu muerte, homenajeando en este relato tu ausencia. Como tú estamos, aprendiendo que los sueños llevan muerte, como tú, que ya eres eterno, que te fuiste tras la sombra, a la izquierda del roble aquel en el jardín Botánico”.

 

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