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Un mercenario suizo en la guerra de Intervención Charles Edouard Eugène Stoecklin

La guerra de Intervención no fue sólo un enfrentamiento entre franceses y mexicanos. Efectivamente, al lado de los ejércitos y de los contingentes belga y austriaco, pelearon de los dos lados guerrilleros y verdaderos mercenarios. Charles Edouard Eugène Stoecklin pertenecía a esta última categoría. Era un ingeniero suizo, nacido en 1834. Estudió en Francia en la Escuela Central de París, donde adquirió rudimentos de formación militar. No se sabe cuando, ni por qué llegó a México, pero trabajaba posiblemente en la construcción del ferrocarril entre Veracruz y la capital.

Al empezar la guerra de Intervención, se puso inmediatamente del lado de los franceses, y empezó a reunir una guardia urbana para proteger el puerto de Veracruz, con la autorización de las autoridades portuarias francesas. Bajo su mando, esta fuerza policiaca se transformó rápidamente en una unidad de mercenarios.

Chaparrito, güero, le faltaba autoridad y disciplina, pero no carecía de ánimo. Los  mercenarios que reclutó eran bandidos y aventureros, unos 120 hombres, acantonados en la aldea de la Casa Mata, a unos 6 km. al sur del puerto. Disponían de uniformes: un sombrero, un saco y un pantalón gris, botas color bayo, un cinturón. Pero el armamento era completamente heteróclito. Cada hombre se dió de alta con sus armas, o sea que las municiones hacían falta y que no podían abastecerse fácilmente.

Cuando el Estado Mayor francés decidió integrar la guardia urbana en la recién creada Contra-Guerrilla del coronel du Pin, rápidamente Stoecklin se dió de baja y se dedicó a reclutar en el puerto una nueva unidad, compuesta como la primera de aventureros, bandidos y ladrones. No faltaron los voluntarios. Logró reunir unos 120 hombres con los cuales se lanzó el 17 de julio de 1863 a la conquista de Minatitlán, la capital del recién creado Territorio de Tehuantepec, donde esperaba una acogida favorable.

Resulta probable que también esperara adscribir a la causa imperialista parte de los inmigrantes europeos instalados en Tabasco a la iniciativa del gobierno mexicano. La expedición de Stoecklin estaba acompañada por dos cañoneras que navegaban en el Río Coatzacoalcos. Desgraciadamente para los mercenarios, Minatitlán estaba defendido por el general Alejandro García, un veterano del ejército liberal, al mando del potente Batallón Zaragoza.

A pesar de la pérdida de una cañonera que se hundió, Stoecklin logró apoderarse primero de Minatitlán, luego de Coatzacoalcos. Pero este éxito se transformó rápidamente en una media derrota, ya que parte de los mercenarios prefirieron saquear la ciudad y desertar con el botín. Desde Minatitlán, Stoecklin siguió avanzando hacia Acayucan, lo que confirma su intención de dirigirse hacia el istmo de Tehuantepec. En Acayucan, recibió unos refuerzos reclutados por un misterioso individuo, el Barón Milton, unos 200 combatientes. A pesar de muchas investigaciones, no ha sido posible, hasta la fecha, identificar este Barón Milton, probablemente un rico terrateniente extranjero de Tabasco. La llegada inesperada de esos hombres permitió a Stoecklin ocupar fácilmente Acayucan, donde se instaló unos días antes de reanudar su marcha. Pero la temporada de lluvias interrumpió su salida.

Este retraso permitió al general García rodear a los invasores. Todos esperaban un largo sitio, pero la situación se resolvió repentinamente. Una patrulla mexicana al mando del teniente José Lili, unos veinte hombres, llamó la atención de los invasores, que se lanzaron a perseguirlos, encabezados por Stoecklin. Sin darse cuenta, cargaron en medio del campamento mexicano, donde Stoecklin y 25 hombres perecieron casi inmediatamente. Los sobrevivientes se dieron a la fuga. Así terminó la guerra de Intervención para el aventurero. No todos los suizos son pacíficos, honestos y disciplinados.

El Barón Milton logró mantenerse casi un mes en Acayucan, antes de replegarse a Minatitlán donde se embarcó hacia Veracruz el 22 de marzo de 1864, con los sobrevivientes. El General García devolvería más tarde los objetos personales de Stoecklin a su viuda. Este noble gesto nos permite saber que el aventurero suizo estaba casado.

…y cuando el Peje dijo “¡Hágase la luz!”, llegó Bartlet

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