El CuadernoPrincipal

LA PROFESORA ROSITA Y LA APARICION DE LA MANO NEGRA

Reproducción con fines didácticos.

Sucede en el Municipio de Altotonga, en su comunidad rural de Mexcalteco, Escuela Multigrado. El aula es un rectángulo de color verde pistache. Hay cuatro hileras de bancas binarias, Suficientes para dar cabida exageradamente a  cuarenta y nueve alumnos de la maestra Rosita,  quien cuenta con una mesa, una silla de madera, así como dos estantes, uno de ellos tiene un ladrillo como pata. Los alumnos miran hacia el frente, donde un descolorido pizarrón de madera es flanqueado por láminas de escenas bucólicas, un mapa de la República Mexicana, otro del Estado de Veracruz y el cuadro básico del plato del buen comer y del buen beber.

-¡Buenos días, preciosos!- dice la mentora al entrar.

-¡Buenos días, maestra Rosita!- responden los integrantes del tercero “A” con el

Sonsonete aprendido desde el primer grado.

-¡Sentados!- ordena, al tiempo que empieza el ritual de todos las mañanas.

Yolanda, abre el estante, René, ve por gises; Carolina y Alma, vayan por mi jugo con doña Carmen, anden, chulitas, apúrense…

Los alumnos restantes la ven remover objetos en la gran bolsa que el día del “maestro se la obsequio su dirigente Elba Esther Gordillo”, en ella  acostumbra traer sus objetos personales y de trabajo, se pone su delantal, saca la lista. Esperan la orden para abrir sus mochilitas.

Los alumnos para Rosita no son niños, sino  tienen adjetivos llenos de dulzura tales como: “mi tesoro, divina criatura, mis angelitos, mis amores, chulita, hermosos, lindura, vidita, ¿ya terminaste corazón?”, solo  cuando se enoja, sus enanos se convierten en niños.

René ha regresado con los gises y la maestra se dispone a iniciar la clase. “A ver mis amores”, dice al dar las indicaciones, “saquen su cuaderno de Español”. La maestra abre desmesuradamente los ojos y tiene que respirar hondo y profundo  para no desmayarse.

De un golpe ve derrumbarse todos los conceptos aprendidos en sus cursos de la Escuela Normal y de su Licenciatura en la Universidad Pedagógica de Didáctica Especial y Práctica Docente I, II, III , así como de los cursos de Psicología Infantil  y las lecturas obligadas de Jean Piaget, Iván Pavlov, Sigmund Freud, Lev Vygotsky, Abraham Maslow, Albert Bandura y del renombrado Pedagogo Veracruzano Arturo Emilio Pimentel Báez.

 ¿Quién de sus  pequeños amores sería capaz de semejante atrocidad? No, eso no puede ser obra  de ninguna de sus criaturas.  Pero el letrero en el pizarrón, pintado con gis amarillo,  es contundente.

La mAeSTrA Es putA

-¿Quién escribió esto? Díganme, ¿Quién lo escribió?- estalla la profesora Rosita, las  lágrimas a punto de salir.  Los niños callan, se miran unos a otros y callan.

-¡Ustedes vieron, díganme quién fue!- vuelve a atacar.

Bruscamente se quita el delantal y amenaza con ir a la dirección para acusarlos. Estalla porque  ninguno de sus tesoritos le responde. Grita y grita, su rostro pasó de dulzura al de la bruja del cuento de Blanca Nieves, sin ningún resultado. Trata de  Calmarse  respira hondo y profundo y se dirige a algunos de los niños en especial.

-Tu Daniel, dime, anda, ¿Quién fue?, ¿Por qué no me quieres decir?, ¿Fueron los  gemelos de sexto?, ¿Si, verdad Lupita? Dime Pedro, ¿Quién fue? Díganmelo,  deben decírmelo. Silencio. Amenazas. Silencio. Rosita amenaza con todo lo que  puede amenazar: “Esto lo van a saber en la supervisión y habrá por lo menos diez  expulsados”, “no se quedará sin castigo, ya lo verán”, “a todos les van a dar carta  de mala conducta y no los van a admitir en la  Telesecundaria, ya verán”. Las  amenazas suben y bajan de tono.

En los rostros de los niños aparecen el espanto,  pero nadie habla. Media hora de amenazas no consiguen la delatación. La maestra  calla durante unos instantes, igual que cuando va a contar un cuento.

– Está bien- dice con la misma solemnidad de cuando fue maestra de ceremonias el 15 de septiembre-. ¡Está bien, vamos a olvidar con la condición de que el niño que lo escribió pase a borrarlo ¡ Su voz adopta un tono misterioso.

-Si no lo borra su castigo será terrible, porque cuando ese niño vaya por la calle, la  mano con que escribió se le va a poner negra y toda la gente que lo mire dirá: “A  ese niño se le puso la mano negra por que le escribió una grosería a su maestra; miren dirán todos, ahí va el niño de la mano negra, ahí va el “mano negra”…

Silencio sepulcral en el aula.

– Y cuando ese niño vaya a las tortillas o a cualquier parte, toda la gente se hará a  un lado, nadie querrá tocar al “mano negra”…

Silencio aterrado.- ¿Ninguno de mis amores quiere tener la mano negra, verdad?  Así que, como les dije, vamos a olvidar ese pequeño incidente; a nadie se le  pondrá la mano negra porque quien lo escribió, pasará a borrarlo…

Aquí no habrá nadie con la mano negra, ¿no es así?

De pronto pone en práctica una de las estrategias de la Psicología Conductista- _  Bueno, para que nadie sepa quién lo escribió todos vamos a cerrar los ojitos, yo  también cerraré los míos y así nadie tendrá la mano negra. A ver mis amores,  ¡cierren sus ojitos! Ya tenemos los ojitos cerrados.

Recuerden, que si no pasa a borrarlo se le va a poner la mano negra…  De pronto se escuchan Pasitos hacia el pizarrón.

-¡Qué lindo, escucho que alguien se ha levantado! Creo que ya no tendremos a  nadie con la mano negra…

Se escuchan rayones en el Pizarrón.

-Parece que ya lo está borrando, ¡qué bueno, ya no habrá mano negra!…

Pasitos de regreso.  -¿Ven que fácil era mis amores?

-¡Ya no habrá nadie con la mano negra! Ahora a trabajar a gusto, porque ya no  tendremos al mano negra. Anden, preciosos, abran sus ojitos…  Niños y maestra abren los ojos.

En el rostro de la profesora  Rosita aparece una gigante sonrisa. Con ella voltea hacia el  pizarrón donde ha aparecido un nuevo letrero:

Chingue a sU mAdrE lA mAestrA El mANo neGrA No sE rAja.

¿Usted qué opina, que habrá hecho la profesora Rosita para recibir tal ofensa?

pibe91@hotmail.com

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