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La entrada de Teotihuacán en Tikal

Al contrario de lo que se piensa comúnmente, la antigua Mesoamérica atravesó a lo largo de su historia, múltiples intercambios de gente y de productos, a pesar de la falta de medios de transporte sofisticados. Lo atestiguan numerosos vestigios arqueológicos.

La estela 31 de Tikal, descubierta bajo los escombros de la acrópolis norte de la capital maya, representa el décimo dirigente de la ciudad, Yax Nuun Ayiin I (Nariz Enrollada), vestido con todos los atributos de la realeza maya. De cada lado de él aparecen dos guerreros que llevan atributos simbólicos de Teotihuacán, los propulsores y un escudo que representa la mascara de Tláloc, el dios de la tormenta. Se supone que los dos individuos son respectivamente el padre del rey, Búho Lanzadardos (Atlatl Cauac) y un personaje casi mítico, Siyaj K’ak’ (Rana humeante).

Para resumir una larga historia, el 15 de enero de 378, Siyaj K’ak’ habría llegado a Tikal, encabezando una expedición guerrera y se habría apoderado de la ciudad. Varias entidades mayas como El Perú y Naachtun habrían participado en la invasión, así como una parte de la población de la ciudad. Ese mismo día, fallece el dirigente anterior de Tikal, Chak Tok Ich’aak I. Curiosamente los invasores no trataron de tomar el poder, pero desarrollaron una política agresiva hacia ciudades vecinas tales como Uaxactún, Bejucal y Río Azul.

Entre las múltiples interrogantes que plantean esos eventos, figura el origen exacto de los invasores y el camino que siguieron para llegar a su meta. Gracias al trabajo continuo desarrollado en la metrópoli del México central, se ha podido documentar la presencia temprana de gente del área maya en Teotihuacán. Existe en esta ciudad un barrio llamado de los comerciantes, donde se encontraron numerosos vestigios cerámicos de vajilla maya. En las sepulturas de la pirámide de la Luna, se hallaron por lo menos dos dignitarios mayas con su atuendo característico. Recientemente, se descubrieron ejemplos de glifos mayas en la plaza de las Columnas. Al mismo tiempo, existía en Tikal un barrio ocupado por gente oriunda de la metrópolis, llamado el Mundo Perdido, como lo comprueban la arquitectura y unos monumentos escultóricos. Son probablemente sus habitantes que facilitaron la entrada de Siyaj K’ak’.

Queda bien documentada, por otro lado, la presencia de colonias de Teotihuacán en la costa del Golfo, en Matacapán, en los Tuxtlas, por ejemplo. La gente de Teotihuacán tenía intercambios comerciales con la costa de Veracruz. Uno de los caminos utilizados para este comercio pasaba por el valle de Maltrata, donde se encontraron evidencias de influencias teotihuacanas, Orizaba y Córdoba, hasta llegar a las planicies de Cotastla.

No se sabe, a la fecha, si la expedición teotihuacana salió de la metrópolis, o si vinieron de una de esas colonias intermedias entre el Altiplano y la zona maya. Considerando la importancia del asunto, resulta muy probable que Siyaj K’ak’ haya salido de Teotihuacán, con por lo menos una escolta relativamente numerosa. Hubieran podido pasar por Oaxaca y Monte Albán, en aquel momento aliada con Teotihuacán. Pero este camino resulta más montañoso, y después de Oaxaca, la columna hubiera tenido que atravesar regiones hostiles,  o por lo menos fuera de control de Teotihuacán. Resulta entonces más probable que Siyaj K’ak’ y sus seguidores hayan tomado el camino conocido y transitable por Maltrata, y después hayan seguido la planicie costera, en tierras ya controladas donde además podrían reclutar aliados.

Pero resulta curioso la falta completa de datos en la zona intermediaria entre Maltrata y la región maya respecto a uno de los acontecimientos más espectaculares de la historia de la Mesoamérica prehispánica.

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