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El valle de Maltrata: una ruta de intercambio

Desde que empezaron a formarse las primeras civilizaciones mesoamericanas, empezaron también a desarrollarse los intercambios de productos tanto de primera necesidad como de prestigio. La extrema diversidad geográfica del territorio mexicano favoreció tales intercambios, que empezaron a alcanzar una importancia notable con la civilización olmeca. En la ausencia de medios de transportación, no se necesitaba carreteras, sino caminos, a veces arreglados o provistos de puentes, por los cuales podían andar las caravanas.

Para subir de la costa del golfo hacia el Altiplano y la cuenca de México, existían varios caminos, pero también grandes obstáculos que dificultaban el tránsito. La sierra de Zongolica y las alturas del Pico de Orizaba, en sí mismo una fuente inagotable de obsidiana, constituyen los principales, pero en la zona intermedia entre ambos macizos se ubica el valle de Maltrata, muy accesible desde los valles de Córdoba y de Orizaba y abierto sobre la planicie de Puebla.

Cuando Teotihuacán, la metrópolis del México central, empezó su expansión, naturalmente enfocó su atención sobre las riquezas potenciales de la región costera, y más allá sobre los recursos de las tierras tropicales del área maya. Pero además de los obstáculos naturales, Teotihuacán tenía que competir con otras potencias enemigas o por lo menos concurrentes. La importante entidad política de Cantona bloqueaba otro posible itinerario hacia las tierras tropicales, en la región del Cofre de Perote.

Las excavaciones desarrolladas en el valle de Maltrata por la arqueóloga Yamile Lira, de la Universidad Veracruzana, permitieron confirmar una presencia, o por lo menos una influencia teotihuacana, en el sitio de Rincón de Aquila. Los vestigios no bastan para afirmar la existencia en este sitio de gente oriunda de Teotihuacán, pero la cerámica y la obsidiana verde de Pachuca confirman que los habitantes del sitio participaban en la red comercial.

Desgraciadamente, a pesar de algunos proyectos de investigación que se llevaron a cabo tanto en los alrededores de Córdoba y de Orizaba, como en la sierra de Zongolica, toda esta región ha sido todavía poco explorada. Se conocen desde mucho tiempo impresionantes monumentos como La Piedra del Gigante en Orizaba, la estela de Tepatlaxco o los monolitos grabados del valle de Maltrata. Se tiene un registro preliminar e incompleto de sitios por estudiar, pero hacen falta excavaciones amplias, para acertar la existencia de una verdadera ocupación teotihuacana. Recientemente, sin embargo, se descubrió una verdadera vía empedrada de la época colonial que podría indicar por donde pasaba la vía prehispánica.

Se necesitan entonces en esta parte del Estado de Veracruz investigaciones sistemáticas para documentar la importancia del trafico prehispánico entre la costa y la cuenca de México.

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