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Mucho por hacer

Poner orden en unas de las áreas más productivas y delicadas de la economía nacional, como lo anunció el viernes en Manzanillo, Colima, el presidente Andrés Manuel López Obrador, como son los puertos y aduanas a las fuerzas armadas, implica una responsabilidad mayúscula.

Marinos y militares van a una nueva encomienda dada la evidente desconfianza del ejecutivo federal en la burocracia y el apego a las leyes que por décadas y décadas han afectado por igual el estado de derecho que al desarrollo en estos pilares económicos agobiados, en efecto, por monstruos de cien cabezas.

Ahora el maestro Javier Jiménez Spriu, secretario de Comunicaciones y Transportes, cabeza de esos dos pilares que son puertos y aduanas, fue el último en enterarse de la determinación presidencial y está que no lo calienta ni el sol porque evidentemente no  ha logrado poner orden en tales facultades y fue el último en enterarse.

Ya el propio senador Ricardo Ahued, quien fuera director General de Aduanas hasta hace un par de meses y se regresó a actividades legislativas, había salido por piernas al no encontrar el respaldo de integrantes de la Secretaría de Hacienda ni la de Comunicaciones en poner el orden elemental deseado.

Es de suponer que su relevo en el cargo aduanal, Horacio Duarte, ha de haber convencido al mandatario de que no hay más que de dos: o se rectifica a fondo o no hay salida posible a tanta corrupción.

Armas y drogas son parte del entramado, que ya es decir bastante –baste recordar al buen nacionalizado Zhen Ly Yegon-.

Los ingresos  aduaneros de México ascienden a 900, 000 millones de pesos anuales (40,075 millones de dólares).

A  eso hay que sumarle cuantiosas actividades de contrabando que se practican un día sí y otro también y que tan enormes dividendos deja a propios y extraños, al grado que un buen número de fortunas mexicanas están hechas a la sombra de esos nobles negocios ilícitos.

Para no ir más lejos: un gran marino petrolero retirado narró que una vez por el puerto de Coatzacoalcos zarpó un barco con más de 25 mil toneladas de gasolina con destino a Perú. Salieron como Pedro por su casa, cruzaron el canal de Panamá y llegaron al puerto de Lima.

Allí, con documentación oficial de Pemex, entregaron el combustible y al preguntar cómo iban a pagar eso, el aduanero peruano respondió que  eran asuntos de gobiernos y que al parecer iban a enviar a costas mexicanas un barco don papas a bordo, sí papas.

Cuántos asuntos no se saben. Y si alguien trae mercancía de China hay que entrarle primero con los aduaneros luego con los vigilantes, los de caminos, otra vez aduaneros de carretera, retenes y los compas del crimen organizado, lo cual el senador Ricardo Ahued y el director Horacio Duarte, lo saben y de sobra.

Ejemplos hay muchos y por supuesto que López Obrador sabe como se tuestan estas castañas, aunque esta decisión de trasferir el control militar a puertos y aduanas viene a sumar una mayor participación en asuntos que han de ser civiles y con apego, de nueva cuenta, al estado de derecho.

Atraques:

  1. El secretario de Gobierno de Veracruz, Eric Patrocinio Cisneros Burgos, está afectado por el Covid desde el viernes anterior, en que fue hospitalizado. Se espera su pronta recuperación.
  2. Emilio Lozoya Austin, exdirector de Pemex, se apegó al criterio de oportunidad para medio salvar lo que le queda de un buen rato en el reclusorio Norte, sin las comodidades, por supuesto, de su larga carrera en las grandes ligas,  de la Costa Azul, Niza, Málaga, Las Lomas de Chapultepec y Zihuatanejo. Más aun cuando su madre, hermana y esposa, son indiciadas y las dos últimas andan de pelada.

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