La prisa de López Obrador

Es más que evidente apreciar al presidente Andrés Manuel López Obrador -en el último cuarto de su existencia- con una gran prisa sustentada no sólo en personajes históricos de harto calado a los que admira, sino en la forma en la que pretende alcanzar la denominada cuarta transformación que abandona todo lo que huela a sus antecesores haya sido como haya sido, aciertos y desaciertos –muchos-  incluidos.

Por eso ha descalificado particularmente los sexenios desde el de Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto, a quienes tacha sustentadores de la política neoliberal que, a sus decires, fue cuando menos un saqueo a través de los flagelos de  impunidad y  corrupción.

En sus conclusiones y convicciones incluye al legislativo y al judicial, a los que considera que no fueron contrapeso de los excesos ocurridos en el ámbito presidencial.

Es indudable que ese examen no le falla y actúa en consecuencia, con bastante prisa como se dijo.

En efecto, los contrapesos al ejecutivo por parte del legislativo y el judicial resultaron opacados ante un presidencialismo que soslayó todo el tiempo la normatividad formal por reglas políticas informarles, es decir la alta política a la que la ciudadanía en general ni idea tenía y, por cierto, tiene aún.

Los intereses acotaron a los presidentes y la parte de la estructura gubernamental de alto grado, lo cual permitió valerse de recursos públicos para salir con las bolsas repletas a costa de una nación inmersa en modelos económicos que,  ni menguaron la pobreza heredada de siglos ni alcanzó altos grados de productividad y calidad educativa y hasta científica necesarios para atender los asuntos de mayor impacto social que se requieren.

Tan es así que el presidente López Obrador, por años tras el poder, logró resultados electorales nunca vistos: más de 50 millones de votos en un padrón de 90. En 100 día es difícil aún saber si alcanzar a sentar las bases de un desarrollo integral de la sociedad mexicana, tiene la oportunidad, ya se verá.

Lo real es que desde los setentas a la fecha también la población mexicana se duplicó, hasta alcanzar ahora los 130 millones de personas, la mayor parte jóvenes, que, por supuesto, demandan y reclaman con toda razón, mejores expectativas de vida. Si no que alguien le entre a las zonas urbanas marginales y clasemedieras cuando oscurezca, y no se diga en las carreteras y hasta en zonas rurales.

 

Atraques:

  1. El doctor José Narro, congruente con su militancia priista venida muy a menos, corre riesgo en sus aspiraciones a dirigir ese organismo político por aquello del nombrado huachicoleo con las medicinas, asunto que está que arde.
  2. Poco se ha mencionado en el gobierno federal de sus políticas hacia el medio ambiente, salvo el gran plan de reforestación nacional. Allí vaya que hubo y hay huachicoleo en serio también.
  3. Tienen razón los gobernadores en dejar de no asistir a las actividades del ejecutivo en plazas públicas en donde hay pueblo bueno y pueblo del otro, pues algunos quizá no merezcan esos tratos, aunque entre ellos hay unos que hasta eso queda corto por incapaces u omisos en la situación de seguridad que prevalece en sus territorios.
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