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El poder y los medios

En las relaciones de los poderes públicos y los medios de comunicación hay tratados, ensayos, tesis, leyes, reglamentaciones y lo habido y por venir de sobra.

Los gobiernos necesitan a los medios en todas de sus decisiones formales y no formales de orden político, económico, científico y social.  Por lo demás lo que no se dice no se sabe y de ahí parte todo el entramado del poder sobre las empresas de la información y el entretenimiento.

México no escapa a este modelo si se mira la historia digamos reciente de la revolución nuestros días en que la tecnología masifica los mensajes y más ahora con las redes.

Es un fenómeno se vuelve cada vez más complejo porque se cuentan con los dedos los monopolios de la comunicación a escala mundial y la indiscutible influencia que suelen tener en torno a las sociedades que tienes a su gran alcance.

Esta realidad de los primeros por lo segundos suele ser compleja y difícil siempre, lejos de prevalecer ya no digamos armonía en los servicios públicos que prestan, al menos respeto.

Es difícil encontrar ese lazo de interés entre los gobiernos y las empresas periodísticas, sean públicas, privadas o de estado (Notimex, Radio Educación, los universitarios o los de los gobiernos estatales en el caso de México), pues la tendencia general es controlar.

Los gobiernos pagan para que no les peguen (ya saben quién lo dijo) y los medios no pegan mientras les paguen, si no pregunten al ínclito Javier Duarte y otros tantos personajes sean mujeres u hombres de nuestra historia patria.

Ahora el presidente en turno y su cuarta transformación está determinando su política general de comunicación mientras el panorama de los medios, salvo sus contadas excepciones de éxito digamos comercial, se ven las de Caín, pues la empresa periodística ha bajados sus tirajes y paginación; radio y televisión ven afectados sus ratings y las redes en cambio van que vuelan.

Sin embargo, este fenómeno propio de las sociedades neoliberales o pos neoliberales como el caso actual, han orillado a las empresas a recortar personal sin límite y los comunicadores están que no ven la suya, al grado de diversificar actividades (laborar para varios medios) u otras actividades afines o no afines.

Muy en síntesis el presidente Andrés Manuel López Obrador pone punto final a la concentración de mensajes gubernamentales en los medios tradicionales Televisa y TV Azteca que se llevaban más del 70 por ciento de los recursos presupuestados y más.

También empresas de radio y periódicos que por años navegaron con ese enorme respaldo. De paso afecta a comunicadores que también se despacharon por años con la cuchara grande y parece que esta situación se revierte.

Ahora la competencia y la calidad, es lo que se espera.

Y de paso que ya no haya tantos desencuentros del actual gobierno con los medios pues finalmente ambos se requieren guste o disguste, en una sociedad democrática.

Finalmente, los medios como enlaces de aquellos, finalmente con las sociedades a las que por muy heterogéneas que sean y que tienen precisamente el derecho a la información en las sociedades democráticas, se deben, es el gran reto inmediato.

 

 

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