De más obviedades

A mi querida Tía Celia y a su familia excepcional

En plena fase de transición gubernamental la ciudadanía se muestra optimista y hasta con el ánimo desbordado por todo lo que implica la palabra cambio emprendida por el presidente electo  Andrés Manuel López Obrador.

Si bien ya el saliente y el entrante han sostenido dos encuentros orientados hacia el todavía alejado 1 de diciembre, fecha constitucional de entrada del nuevo gobierno, se ha especificado que se trata de una entrega ordenada de la administración y de alguna forma hasta cordial mostrada por ambos políticos.

Eso tiene un evidente impacto positivo hacia la estabilidad interna y una buena señal de orden democrático del país hacia el exterior.

Ninguno de los puntos centrales de la vida pública de México es soslayado por Peña Nieto, entre ellos y que lleva mano, el de la   seguridad.

Incluso Peña propondrá la iniciativa al nuevo Congreso que entra en funciones el 1 de septiembre para crear la llamada nueva secretaría del ramo, que hasta ahora maneja Gobernación, con el fin de que el electo al iniciar mandato ya pueda comenzar su plan en la materia. Nada de atrasos, pues.

Lo mismo sucede con el nombramiento del Fiscal, figura legal que transcurre en el vacío y que tanta falta hace.

Evidencia que el gobierno que se va está aguantando todo y de todos, incluidas descalificaciones políticas de toda índoley obras emprendidas, corrupciones y fallas de planes, estrategias y tácticas.

A los dos personajes se les aprecia buen semblante en el recorrido por Palacio Nacional, camino al despacho presidencial.

Por su lado López Obrador no ha perdido tiempo ni en las vacaciones en su evidente atracción de asumir y acaparar los reflectores del país y del exterior.

Ha tranquilizado en buena medida la forma en la que va a operar su gobierno no únicamente en la austeridad denominada republicana que se ha fijado, sino en su meta en lo que llama la cuarta transformación (independencia, reforma, revolución) que viene en curso.

Ha dejado en claro que habrá absoluto respeto del ejecutivo al legislativo y al judicial; que tratará con los gobernadores mediante delegados estatales y regionales; ha tranquilizado con todos los asegunes a los sectores empresariales; un fortalecimiento de fondo en el modelo educativo y de investigación científica y tecnológica; respeto a sindicatos, iglesias, organismos no gubernamentales, sindicatos, colegios, asociaciones y lo que aparezca.

Signos de reconciliación nacional, algunas que no por obvias de cumplir –tal cual lo establece la Constitución- ,no menos relevantes porque eso sí, hay que machacar hasta entrar ya en serio al estado de derecho, a la democracia y si no es mucho desear, al desarrollo que tanto requiere la comunidad mexicana.

Atraque 1: Tampoco es de extrañarse que los nuevos gobiernos, federal, estatales y municipales, revisen a fondo las administraciones salientes, terso tampoco es, la política es de acuerdos y también desacuerdos.

Atraque 2: Un sector absolutamente secundario en el crecimiento económico hasta ahora alcanzado en el país, es el mar; pesca, astilleros, energía, en fin, si de empleo se trata de generar para lograr la riqueza.

Atraque 3: Margo Glantz al Fondo de Cultura Económica, un acierto; de autores, libros sabe y de sobra esta gran mujer escritora.

 

 

 

 

 

 

 

 

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