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Al despertar

Las conferencias del presidente Manuel Andrés López Obrador de lunes a viernes –hasta ahora ininterrumpidas desde que inició su gestión- suelen crear una andanada de comentarios acordes o disconformes al extremo, sin dejar de causar sorpresas.

Dada la complejidad de asuntos y temas que se han presentado en estos dos meses de, hay que decirlo, arduo trabajo y muchas situaciones tan complejas en lo que está definiendo las políticas esenciales de su gobierno, desde la atiborrada corrupción e impunidad, hasta la realidad de las necesidad de cambiar todo, toda esa inercia que  mantiene al país en una grado de atraso que no se justifica por ningún lado.

El caso del expresidente –por no decir de la mayoría de todos los demás- Enrique Peña Nieto.

Más allá de sus situaciones matrimoniales –e incluso patrimoniales-  y demás, salta a la vista que fue partícipe de una transición, en términos generales, tersa, aunque era solamente como se dice, la punta del bloque de hielo, pues debajo el gran bloque lo deja no sólo mal parado como político, sino contribuyente seguro de calificaciones históricas de dudosa rectificación posible. Tuvo todo para ser, y vaya fin.

Si no veamos esta declaración del mandatario actual sobre su inmediato antecesor, dicho hace un par de días:

“Vamos a terminar de echar a andar el gobierno pese a que es como un elefante reumático. “Con todo respeto para los elefantes, que cuesta mucho trabajo empujarlo. Es un cuerpo de avance lento. Además, no estaba hecho para servicio de la sociedad. Era un gobierno al servicio de traficantes de influencia, un gobierno para los negocios particulares, negocios jugosos hechos al amparo del poder público”.

¿Cómo le caen estas palabras a Peña? Sólo él sabrá, aunque no es muy alejado suponer que tanto a él como a su gabinete cuasi completo le ha de caer, al despertar, como bomba. Con lo que se está viendo y se sabía, ningún secretario de Energía, de Hacienda, Contraloría, Gobernación, Procuraduría y directivos de Pemex, la libran.

Con el asunto del huachicoleo, desde las esferas de la superestructura del poder público -y hasta del privado que se benefició-  dineros del tesoro público que se fueron a toda clase de cuentas y de argucias financieras que no cayeron a lo que debieron: infraestructura, salud, educación, empleo, en fin, el desarrollo que a esta nación, de una vez por todas, le urge.

En fin ya se verá en los próximos meses ahora que el nuevo gobierno tiene varios frentes abiertos: narco, inseguridad, delincuencia, aeropuertos, puertos, aduanas, reforma educativa, reforma energética, huachicoleo, guardia nacional, estafa maestra, sat, medio ambiente, protección a la naturaleza, ordenamiento urbano, agricultura, aprovechamiento racional de recursos, desarrollo costero, por temas no para.

Atraques:

1: Los cuerpos de agua en el territorio de Veracruz que posee 35 por ciento de los recursos nacionales en la materia, están, salvo excepciones contadas, en pésimas condiciones de limpieza, desde basuras hasta desechos agrícolas e industriales. Urge atención federal, estatal, municipal y social, por decir lo menos.

  1. Muy positiva la política de asistencia social a 50 millones, 50, de pobres. Lo relevante, en todo caso, es acompañarla con educación y desarrollo regionales, si tampoco es mucho decir.
  2. Lo positivo: la modernización de los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos, en el corredor istmeño, que ojalá ya se haga junto con autopista y la doble vía del ferrocarril.

 

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