A correr

El flujo de migrantes centroamericanos y de otras naciones que intentan el real y auténtico sueño de cambiar sus existencias –se suman nuestros connacionales- toman rutas de sobra conocidas por instancias públicas u otras de diverso origen como las delincuenciales hasta la frontera con Estados Unidos, e incluso allende de la misma.

 

Ninguna de esas rutas está exenta de riesgos, sean accidentes o incidentes que pueden llevar a extremos como ha sucedido ya con la última gran caravana, asunto que ha contrariado a las autoridades de Estados Unidos con México y que el presidente electo Andrés Manuel López Obrador ha de enfrentar como una gran prueba a partir del sábado entrante.

 

Indudablemente uno de los factores relevantes de la inseguridad que ha prevalecido en el país desde cuando menos las tres últimas décadas del siglo anterior y las dos que van corriendo del XXI, es el de los migrantes indocumentados.

 

En pocas palabras la migración irregular es una mina de recursos, sea por las buenas o por las malas, que puede culminar en extremos de todos conocidos.

 

El Colegio de la Frontera Norte –con sede en Ensenada- advierte que las tendencias tradicionales de personas detenidas “por autoridades migratorias mexicanas en 2018 provenientes de la región Centroamericana y el Caribe se mantienen. La mayor parte de los detenidos continúan siendo originarios de países del triángulo norte”.

Es decir, personal del Instituto Nacional de Migración ha detenido a indocumentados  de Estados Unidos, Canadá –en mínima proporción- y centroamericanos y del Caribe que vienen de Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Cuba, República Dominicana, Haití y Jamaica.

Las cifras de detenidos de enero a octubre del año en curso son apremiantes: 1 078, Belice; 42, Costa Rica; 9, El Salvador; 6 915, Guatemala; 27 122, Honduras, 31 086; Nicaragua, 700; Panamá, 3.

Honduras y Guatemala son los que más ascienden y se ha visto una tendencia al alta de Nicaragua, donde se vive una crisis política y económica mayor.

Las personas que deciden cruzar territorio mexicano saben los altos riesgos de ser capturadas, extorsionadas, secuestradas, desparecidas, deportadas, accidentadas, abusadas, golpeadas, heridas y a veces hasta la muerte.

Las mujeres saben que corren triples riesgos, con o sin niños. Aun así, sueñan con llegar a Estados Unidos a reencontrarse con familias o amigos que les ayuden a trabajar y así salvar las condiciones de miseria y delincuencia que prevalecen de manera extrema en sus países de origen. Es evidente que los gobiernos no dan una.

Este panorama, se insiste, está en la mesa de trabajo de las nuevas autoridades que están por llegar y ya hasta se habla de un Plan Marshall de México y Estados Unidos orientado a contener esas corridas migratorias y lo que conllevan.

Ahora que la caravana hondureña está congregada en mayor número en Tijuana, cerca de cinco mil, suenan a risa las advertencias de la secretaria de Seguridad Interna de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, quien los acusa de intentar agredir a agentes fronterizos

“El DHS no tolerará este tipo de ilegalidad y no dudará en cerrar puertos de entrada por razones de seguridad pública. Perseguiremos judicialmente con todo el peso de la ley a cualquier que destruya propiedad federal, ponga en peligro a nuestros operadores y viole nuestra soberanía”, remató.

A correr, de regreso.

 

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