El Cuaderno

MEXICO Y LA NAVIDAD

¡¡¡ Que, en estas fiestas, la magia sea tu mejor traje, tu sonrisa el mejor regalo, tus ojos el mejor destino, y tu felicidad mi mejor deseo!!!

Por: Arturo Emilio Pimentel Báez y Jacqueline Pimentel Cabrera.

Tercera parte

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

La costumbre de adornar árboles o ramas en los últimos días del año tuvo sus orígenes en el norte de Europa, varios siglos antes del nacimiento de Cristo.  Una de las versiones de cómo llegó el árbol de Navidad a México, cuenta que se le vio por primera vez cuando el Palacio Imperial de Chapultepec amaneció emperifollado con la brillante novedad traída directamente de Europa por orden de Maximiliano de Habsburgo, recién llegado Emperador en 1864.

Este árbol fue adornado con manzanas recuerda al árbol del Paraíso, de cuyo fruto comieron Adán y Eva, incurriendo en el pecado original. En este sentido, también hace referencia a Cristo, el Mesías prometido para lograr la reconciliación (que para los cristianos representan las tentaciones) y velas (que simbolizaban la luz del mundo y la gracia divina). Al ser una especie perenne, el pino es el símbolo de la vida eterna. Además, su forma de triángulo representa a la Santísima Trinidad. Durante la evangelización de Alemania, en el siglo VIII, se cuenta que San Bonifacio, para acabar con la adoración de dioses que desde el punto de vista del cristianismo eran paganos, cortó el árbol y en su lugar puso un pino de hojas perennes, que simbolizaba el amor de Dios, y lo adornó con manzanas, en representación del pecado original, y velas, símbolo de la luz de Cristo. Con el tiempo, las manzanas y las velas se transformarían en bolitas y luces, tal como nuestro árbol de Navidad actual.

El árbol de Navidad  en la actualidad es un elemento decorativo de gran simbolismo para la celebración de la Navidad. El árbol navideño es tradicionalmente decorado con una estrella, bolitas de colores, luces, espumilla, guirnaldas y lazos. La tradición de poner los regalos de Navidad al pie del árbol para los niños, sea que los traigan los Reyes Magos, San Nicolás o Santa Claus, es posterior, y, sin embargo, tiene un profundo sentido cristiano, pues recuerda que del árbol proceden todos los bienes.

Puede ser tanto natural una planta conífera que puede ser un abeto o un pino,  o artificial, en cuyo caso suele ser de plástico o estar fabricado con materiales sintéticos que emulan un árbol natural auténtico.

Su color verde y su forma de punta son símbolos de la vida y el amor de Dios, y las luces que lo adornan nos remiten al misterio de la Nochebuena, cuando Jesucristo llega al mundo trayendo la luz de una nueva esperanza. El árbol navideño es considerado una adaptación del árbol de la vida o árbol del universo (conocido como Yggdrasil), propio de la mitología nórdica, en el cual estaba representada la cosmovisión de los pueblos del norte de Europa. Este árbol era usado para celebrar el nacimiento del dios del Sol y la fertilidad, conocido como Frey, en fechas cercanas a las de nuestra actual Navidad.

El árbol de Navidad es, por lo general, una conífera de hoja perenne, de forma triangular. Se adorna con algunos de los siguientes elementos: Una estrella, que simboliza a la “estrella de belén, astro que guía a los Reyes Magos hacía Jesucristo, se debe colocar en la punta del árbol Bolitas originalmente, hoy esferas de diversas formar y colores, representan los dones que Dios entregó a los hombres; se cuenta que inicialmente había sido decorado con manzanas, como símbolo de las tentaciones de que Cristo nos vino a redimir.  Lazos, guirnaldas y espumillones: símbolos de la unión familiar y la alegría. Luces: son la representación de la luz que Jesucristo trajo al mundo con su venida.

LA FLOR DE NAVIDAD.

               Esa flor que se ha extendido por todo el mundo como símbolo de Navidad, figurando en todas las alegorías, en todos los adornos, en todos los obsequios, en todas las tarjetas. Los aztecas la conocieron como una de tantas plantas de ornato; la flor de nochebuena, es sin duda la flor más bella del mundo, su nombre en náhuatl  fue el de Cuetlaxochitl, cuyo significado es el de “flor color de fuego”. El sur de México, fue la cuna de una de las flores más emblemáticas de la Navidad. Sus pétalos de color rojo encendido, así como el verde de sus hojas, han pasado  a colorear  las festividades navideñas de todo el mundo, sumándose a los ya conocidos adornos navideños, coronando  los hogares haciéndolos cálidos y acogedores. Es poca la documentación que se  puede encontrar sobre su origen, pero existe una, que  guarda un estimable valor, por conservarse de forma oral,  el proceso de aculturación se ha pasado de labios a oídos durante generaciones y es la de que uno de los notables Emperadores  llamado Moctezuma, fue quien la descubrió y la recogió de una pequeña colina de las tierras del sur de México, llamada Taxco en el  estado de Guerrero.

               El Emperador Moctezuma,  fue quien encontró la bella flor y decidió llevarla a los jardines de su Palacio, en la ciudad de Tenochtitlan. Los cultivadores de flores aztecas,  amorosamente la cuidaron, quedando cautivados por su belleza, y la emplearon para sus ceremonias religiosas de invierno, ellos fueron quienes  la llamaron cuetlaxochitl, la flor color de fuego, por  sus pétalos encendidos de color rojo escarlata. Los mexicanos de la Colonia  Españoles y Criollos, así como los Mestizos notaron que solamente florecía en diciembre y el espíritu religioso comenzó a engalanar los “nacimientos” con aquella flor.

             La flor de Noche buena contiene una  leche que se utilizaba para curar infecciones cutáneas, heridas,   hinchazones generadas por picadura de gusanos,  afecciones respiratorias, anginas o tos. En las mujeres, la infusión de sus hojas, era utilizada para aumentar la cantidad de leche. Entre otras aplicaciones, era utilizada para fabricar tintura roja y utilizarla  como cosmético, pigmento de pieles y algodón, así como colorear códices, que aún a la fecha, se puede apreciar en ellos dicha tonalidad.

El origen del nombre  “flor de nochebuena” La flor de pétalos color de fuego, recibió el  nombre de  “flor de noche buena” o “flor de Pascua” en el siglo XVII,   por monjes franciscanos, que la utilizaban  para  adornar los altares de los primeros templos, las procesiones conmemorativas de la navidad y la fiesta del Santo Pesebre, hoy muy arraigada en la localidad de Taxco Guerrero, porque es de las pocas plantas que  florecen en invierno y climas fríos.

   Su llegada a Europa, fue en el siglo XVII que fue  llevada a Europa por su belleza y aceptación, en el siglo XIX, -de acuerdo con algunos historiadores-, comenzaron a utilizarla en el Vaticano.  La  flor formó parte del ornato de los templos religiosos, en las fiestas navideñas y se sabe que la Basílica de San Pedro, fue adornada con Cuetlaxóchitl, la noche del 24 de diciembre de 1899, provocando la admiración de todos los visitantes por la belleza de la misma.

   Poco después, vino a México Mr. Joel Poinsset en calidad de plenipotenciario embajador de Estados Unidos en México, de 1825 a 1829 era hombre observador y aficionado a la botánica y fue él quien clasificó la flor, la trasplantó  a los Estados Unidos y la dio a conocer al mundo como flor de Navidad por producirse en diciembre y en los textos de botánica de las escuelas norteamericanas, la indígena flor de noche buena, se conoce con el nombre de poinsseta, en honor del yanqui que la clasifico. Poinsett  fue el divulgador  que la hizo famosa desde entonces, la flor de nochebuena está en el mes de diciembre y enero en todos los hogares del mundo.

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