El Cuaderno

LA EDUCACION EN LA HISTORIA DE MÉXICO

HECHOS POLITICOS Y SOCIOECONOMICOS.

LA EDUCACION EN LA COLONIA.

Desde la época de la colonia hasta nuestros días el sistema educativo ha dependido de la estructura social y económica y refleja las características del modo de producción imperante. En cada periodo histórico distinguimos una corriente de pensamiento social, filosófica, Pedagógica acorde a la distribución del poder y de la riqueza.

Al término del siglo XVIII, el imperio español vivió una crisis política, económica y social, los franceses y su Revolución habían promovido nuevas ideologías, entre los que destaca un discípulo de François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, Jacques Pierre Brissot, relacionado también con el grupo de ideólogos del periodo de la ilustración francesa: MontesquieuJean-Jacques RousseauAdam Smith; fue un escritor y dirigente político francés que lideró a los Brissotins o girondinos durante la Revolución francesa (1789).

La Revolución Francesa había dejado muchos puertos abiertos hacia ideologías nuevas, los conceptos de libertad política, de fraternidad y de igualdad, o de rechazo a una sociedad dividida, o las nuevas teorías políticas sobre la separación de poderes del absolutismo y del clero, demostrando que el sistema monárquico se volvía cada vez más obsoleto y hacía patente la necesidad de redefinir las relaciones con los súbditos, sobre todo en los territorios ultramarinos.

El ascenso al trono español de los borbones motiva cambios en todos los campos de la vida colonial en la Nueva España, se exhibiría la preocupación por modernizar al imperio mediante una ideología ilustrada y despótica, estos centralizarían el poder delegado en sus representantes.

Su intención fue planear racionalmente la integración geográfica, natural, económica y humana, con el fin de aumentar la productividad, obtener más ganancias, y bajar los costos de bienes necesarios para mejorar los niveles de vida, construir caminos, puentes, además, equipar y abrir nuevos puertos marítimos para impulsar el comercio tanto en el interior, como con el exterior.

En el espacio colonial, la nueva España había zonas donde la concentración de la población era exagerada, mientras que, en otras, como las del norte y sur de la colonia se encontraban totalmente despobladas, esta desigual distribución de la población provocaba un poco el aprovechamiento de las riquezas de estas zonas.

En el campo económico estas medidas fueron radicalizadas con el ascenso de Carlos III. De esta forma la base económico-social de esta nueva política, buscaba perfeccionar el rol de las colonias en América como productoras de materias primas y consumidoras de los productos manufacturados provenientes de España, lo cual constituía un resurgimiento de rasgos capitalistas en la metrópoli.

Una de las mayores preocupaciones del gobierno metropolitano fue el comercio con las colonias, se estructuró para hacer más libre la competencia al abrir las puertas comerciales al intercambio con otros reinos tratando de acabar con los monopolios reales o privados que habían llevado al atraso, así mismo con el contrabando y evitar la quiebra del reino.

 Para 1740, José Campillo y otros escritores reformistas españoles planteaban la conservación y expansión de los mercados americanos como factores claves para la recuperación económica y modernización de España; así, la lenta y corrupta administración del imperio español y sus colonias fue convirtiéndose en uno de los dolores de cabeza para el gobierno Borbón. Además, la política económica borbónica contemplaba la reforma en la tenencia de la tierra y el problema de la productividad.

La minería representó la principal fuente de riqueza y exportación de los territorios americanos, de tal forma que las minas fueron sobre explotadas por mucho tiempo, el siglo XVIII representó el de las mayores cantidades de extracción de metales con lo que trataba de reforzar la recuperación económica, que confluyo en el crecimiento de la población.

La agricultura no rendía las cantidades de ganancias que generó la minería, su valor radica en que su producción se destinó para el autoconsumo, siendo la base de la alimentación de la población novohispana. Sus principales barreras para su desarrollo fueron básicamente dos: las técnicas rudimentarias con las que se trabajaba y las prohibiciones de algunos cultivos, reduciéndose a algunos cultivos permitidos: maíz, papa, frijol.

La industria, encontramos que estuvo ausente, por lo que quedaron relegadas a los talleres artesanales y obrajes. El primer tipo de producción estaba orientado al autoconsumo, el segundo tenía cierto mercado interno limitado a pequeñas regiones. Ambas modalidades presentan peculiaridades de atraso en instrumentos de trabajo y relaciones de los trabajadores y el capital. Para contribuir a la recuperación económica, se tuvieron que ensayar formas nuevas de administración y recaudación fiscal, lo cual fue una política que cundió en todas las colonias.

La salud del reino y sus habitantes sería otro punto clave de las reformas. Así pues, Limpiar, airear, remover, recoger y obedecer, tendría efectos favorables sobre la disponibilidad de mano de obra sana para el trabajo y la convivencia en las ciudades de la Nueva España.

De esta manera, los cambios propuestos por España no debieron ser solo órdenes tomadas arbitrariamente, sino que, el hecho de mandar organizar su territorio y el de la Nueva España en intendencias y provincias internas respondía a estudios basados en informes de visitadores que llegaban a España periódicamente.

Una sociedad enfocada a la producción y bien poblada, es decir en buenas condiciones de salud y mejor alimentada, necesitaba de aplicar algunas medidas como: crear trabajos, aumento de salarios, mejoras en el trato a trabajadores, mejores condiciones sanitarias, prevención de epidemias; lo cual en una sociedad de antiguo régimen era difícil de conseguir, dando una imagen de utópicas a las reformas.

De 1781 a 1833 la población de la Nueva España enfrentó una serie de catástrofes, manifestadas en patologías biológicas, como la viruela y fiebre amarilla. Enfrentaría también guerras internas y externas, acompañadas de enfermedades como el tifo y diarrea, sumando todo esto a hambrunas, miseria, hacinamiento, alcoholismo, vagabundeo, abandono de niños, lo que era manifestación del decaimiento de la corona española; además sería asolada por la peste y el cólera morbus; ambas de un carácter biosocial. Como podemos deducir, tanto en América, como en Europa la población sufría los ataques de enfermedades y de los males sociales producidos por el sistema, agudizándose en los pobres.

El agua en las poblaciones de la Nueva España era distribuida desde arroyos y manantiales por medio de tubos de barro o plomo, o por medio de acueductos a cielo abierto, hasta llegar a las fuentes públicas ubicadas en plazas e iglesias, o también era distribuida por medio de aguadores que en cantaros de barro o bule la llevaban en burro o en la espalda a las casas lejanas de esto centros de abastecimiento sin ningún control higiénico por parte de estos. En las fuentes de agua se observaba con frecuencia que lavaran la ropa, dieran de beber a los animales, se bañaran a los niños y a los animales el desperdicio era muy alto, ya que por no tener caja de agua donde almacenarla se derramaba provocando lodazales y encharcamientos, por esta causa en tiempos de secas las enfermedades gastrointestinales aumentaban al consumirse aguas en mal estado, o al consumir agua de pozo, que frecuentemente estaban contaminados. Había otras formas de adquirir una enfermedad de este tipo, sobre todo cuando se rompían la cañería en inundaciones y terremotos. En cuanto al manejo de la basura y los desechos humanos, las viviendas no contaban con letrinas, ni sanitarios, ni mucho menos con un sistema de drenajes adecuado para sacar los excrementos humanos y de animales fuera de las viviendas, las personas defecaban en lugares semiocultos, aún dentro de la ciudad sin importar las clases sociales, sexo o edad. 

Existían algunas costumbres muy peculiares para desechar los excrementos, las más usuales eran: el usar una especie de letrina cubierta con tablas, con una entrada de tal forma que los cerdos pudieran entrar a donde se acumulaban los desechos para alimentarse de estos; otra forma era el utilizar bacinicas por la noche que se colocaban bajo las camas o en un rincón de la habitación, por las mañanas los desechos que se juntaban eran arrojados por la ventana o puerta de las casas seguidos del grito de “aguas”, o eran acumulados en las esquinas de las calles junto con otros desperdicios para luego ser recogidos y transportados por un carretón a las afueras de la ciudad.

Muy a pesar de la reglamentación en materia de salud pública que trajeron consigo las reformas borbónicas en la Nueva España, se hace obligatorio para los ayuntamientos de las ciudades el contratar carretones para sacar los desechos humanos, cadáveres de animales y basura fuera de la ciudad. Estas medidas se llevaron a cabo en un principio en la mayoría de los casos, pero después, la falta de recursos de los gobiernos de las poblaciones hacía imposible que se mantuvieran las calles y plazas públicas limpias.

Correo electrónico: pibe91@hotmail.com

Lic. Profesor Arturo E. Pimentel Báez. MC.

Bibliografía.

Alfredo Chavero Compendio General de México a través de los siglos. Tomo I: “Historia antigua y de la conquista” 1521.

Vicente Riva Palacios. Tomo II: “Historia del virreinato” 1521 – 1807.

Sitio: de consulta  https://archive.org/details/mxicotravsde01tomorich

1983. Martha Robles. Educación y sociedad en la historia de México. 6ª. Edición Editorial Siglo XXI. México.

1983. José Emilio Pacheco y autores. En torno a la Cultura Nacional 1ª. Edición Fondo de Cultura Económica.

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