¿Y el amor al prójimo?

No voy a platicar contigo sobre como nos discriminamos los unos a los otros en el país, porque es algo que todos sabemos y entendemos, eso de comentar que el mirrey discrimina al godín y viceversa, o el rico al pobre y viceversa, o el guapo al feo y viceversa, o el blanco al moreno y viceversa, o el citadino al indígena y viceversa, o el hombre a la mujer y viceversa, creo que ya está muy comentado en este país.  ¿Qué te parece si hoy platicamos sobre cómo discriminamos a nuestro prójimo?

 

México es un país en el cual la religión predominante es la católica, más del 80% de los mexicanos son católicos, lo cual hace pensar que si sumamos a ese porcentaje al resto de las religiones derivadas de ésta, es decir, las cristianas, llegamos a un porcentaje del orden del 90% de la población.

 

Resulta increíble pensar que una población dónde el 90% de los habitantes tienen como regla básica y mandamiento principal amara al prójimo como a ellos mismos, exista tanta discriminación, no sólo al prójimo próximo, sino también al prójimo allende las fronteras.

 

Se comprende que los inmigrantes causen infinidad de problemas en las comunidades donde se asientan pero de allí a llegar que únicamente el 38% de la población mexicana ve con buenos ojos el apoyo del gobierno de México a tres países centroamericanos, hay una gran distancia.

 

Este comparativo de más de 90% seguidores de Cristo contra 38% de mexicanos que aprueban la ayuda a Centroamérica habla de una gran hipocresía en el país, de una escases de valores fundamentales brutal y sobre todo de una absoluta ignorancia económica.

 

Los países de Centroamérica hoy sufren como pocos los efectos del cambio climático.  Estos mismos países han sufrido a lo largo de su historia un saqueo brutal por parte de empresas americanas, las cuales en muchas ocasiones tenían más poder y dinero que los propios gobiernos.    Son países que han sufrido la intervención del imperialismo tanto del americano como del soviético, el cubano, el europeo, el chino, etc.

 

En Centroamérica se han llevado a cabo mil y una escaramuzas entre las potencias dominantes del momento.   Sumado a ello, la cultura de la democracia es muy débil. La cultura de la legalidad tiene menos fundamento que en México (lo cual ya es mucho decir).   Las pocas veces que se ha tratado de desarrollar la zona, invariablemente los hombres fuertes de cada país se han robado los recursos destinados a mejorar la economía de sus países.

 

Y sin embargo, el único remedio para Centroamérica, además de cambiar de religión (para mejorar el control natal),  es buscar desarrollar económicamente la zona.  No podemos negar a nuestros hermanos centroamericanos la posibilidad de una vida mejor, lo cual pasa invariablemente no sólo con regalar dinero, sino con ayudarlos a industrializar sus países, a desarrollar sistemas educativos eficientes que les permitan salir del subdesarrollo a la brevedad, de generar obra pública que detone la economía facilitando los intercambios culturales, intelectuales, de industria, comercio y servicios.

 

Ya sé, leyendo el párrafo anterior me van a contestar que México, el México de hoy no es el mejor ejemplo para ello. Contestaré que tienen razón, sin embargo esa es la fórmula, no sólo para Centroamérica sino también para nuestro propio país.

 

El dinero va, faltan las letras chiquitas… ¿En que se va a invertir? ¿Quién rendirá cuentas? ¿Quién va a vigilar que no se roben los recursos?  Esas también importan.

 

No hay duda, que la creación de empleos, aunque sea temporales, en algo va  a ayudar.  El Salvador debe de aprender de los errores de México.  Aquí el programa sembrando vida promovió la deforestación de grandes extensiones de terreno, pues había que justificar las hectáreas que se requieren, pero la proverbial desconfianza del mexicano en sus instituciones obliga al campesino y al terrateniente a no cometer el error de destinar sus actuales tierras productivas.

 

También hay que resaltar, que pasados varios meses, no había proyecto, no había plan de acción, ni tampoco capacitación a los jóvenes que lideran a los grupos de productores.    La intención de sembrar maíz y frijol es buena, lo malo es que nadie sabe cómo, y por lo tanto no pueden capacitar a los campesinos que jamás los han sembrado.   Los tiempos de siembra de maíz ya pasaron, y la semilla no ha llegado a los productores.   Durante varios meses se pedía que se sembraran árboles, en particular, los que había disponibles, sin considerar si eran óptimos para la zona.  Llegando a ridículos equivalentes (no es ejemplo real pero es muy descriptivo) de proponer sembrar pinos de la zona alta de Río Frío en Tierra Blanca (zona muy cálida y con escasa altura sobre el nivel del mar).     Es decir, incurrir en los errores soviéticos en los que un ignorante con poder detrás de un escritorio es quien decide que se va a sembrar en cada lugar del país.

 

Cabe aclarar que todos estos errores ya se han subsanado, sin embargo se perdió tiempo muy valioso.   Además, hay que controlar muy bien los presupuestos, pues puede suceder como se verá en México, que los recursos para programas sociales no alcancen y en lugar de llegar doce mensualidades del apoyo, lleguen seis y ocho.

 

Si amas a tu prójimo. Debes aplaudir el apoyo que otorga nuestro gobierno a los países hermanos de Centroamérica.    Lo demás… viene después.

 

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