Soluciones simplistas, corrupción o ignorancia

En México practicamos en un nivel de calidad mundial el muy mexicano arte del juego del Tío Lolo.  (Sí, ese en el cual se hace tonto uno solo)¨.  Nikita

 

No hay mexicano que no se entere diariamente de algún crimen que termina impune con el correr de los días.  Y sin embargo no hace absolutamente nada para remediar esa situación.     Entiendo que muchos mexicanos consideran como normal lo que sucede y no conciben una convivencia pacífica, otros nacieron en este tipo de ambiente y creen que es normal, sólo unos cuántos que han viajado o lo perciben cuando miran películas, se dan cuenta de que es posible caminar a las cinco de la mañana en una ciudad grande de varios millones de habitantes, o en un pueblo pequeño de no más de trescientos mil habitantes, sin correr el menor riesgo, ya no digamos de ser asaltado, sino simplemente de ser molestado.

 

Las autoridades eluden con una dedicación digna de mejores causas el mínimo esfuerzo para ya no digamos eliminar el problema, sino simplemente reducirlo.  Así, a niveles municipales, vemos que llegan recursos de la federación etiquetados para seguridad, que son utilizados para cualquier cosa menos para lo primordial.  A pesar de lo que muchos piensan en su ignorancia, tener policía municipal es el primer paso para reducir los índices de actos criminales en un municipio.  Es lógico pensar que un lugar sin policía municipal que es preventiva, será un territorio sin ley, equivalente al viejo oeste, dónde la ley del más fuerte imperaba.

 

Así, los alcaldes, en lugar de comenzar por el principio, eludiendo –insisto- su responsabilidad consagrada en el 115 constitucional, deciden invertir esas carretadas de dinero en alumbrado público (con su respectivo moche), en remodelar (una vez más) un parque que ha sido remodelado 20 veces (con su respectivo moche), otorgar pagos de $300,000.00 a alguna amistad íntima o no, por dar alguna conferencia de prevención del delito a no más de cien personas, en fin, hacer cualquier cosa que les lleve beneficios económicos a ellos (ellas), o a sus seres queridos y seres queridas (sic), pero jamás iniciar con la el primer paso para la solución de el problema.

 

Quienes hemos estudiado las tendencias criminales, su evolución y su contención y remedio, hemos visto que la policía no es suficiente, pero es el primer paso, de ahí viene la capacitación y el equipamiento adecuados, la seguridad social y familiar para ellos, un mando competente, un centro de mando equipado, para continuar con cámaras de seguridad, estrategia de contención de delincuentes una vez que cometen un delito.   Para continuar con el combate a la impunidad que pasa por la aplicación estricta de leyes municipales, como la no venta de bebidas alcohólicas ni cigarros, a menores de edad.  Y de las leyes estatales, con una fiscalía con suficiente presupuesto, con personal capacitado, equipado y protegido en caso de enfermedad o fallecimiento.  Con jueces que cumplan su función y con centros de rehabilitación que rehabiliten verdaderamente.

Sé que suena utópico en un país disfuncional como México, y lo será siempre que los habitantes desconozcan sus derechos, entre los cuales esta el exigir buen gobierno, es decir un gobierno de calidad, que implica recuperar la paz publica.

 

La diferencia de gobernar a un pueblo culto como el francés y a un pueblo ignorante como el mexicano, es que en Francia los ciudadanos –orgullosos de serlo desde la revolución francesa-, se asumen como tales, entienden que los funcionarios son sus empleados y como tales les exigen una administración pública eficiente, que beneficie a la población.   En México…. En México….  En México, no.

 

En las noticias de cualquier pueblo del país se informa de la remodelación de tal parque, de la compra de tantas patrullas (que no serán manejadas por policías porque no hay), o de el equipamiento a personal de la fiscalía, e incluso se consideran grandes logros las ciudades judiciales.     Y el pueblo se cree que están haciendo algo por los mexicanos.    La realidad es que mientras la impunidad y la corrupción (su hija predilecta) sigan siendo quienes gobiernen el país, nada va a cambiar.

 

Llegan a alcaldes para robar el patrimonio del municipio. Llegan a la fiscalía para vender la procuración de justicia.  Llegan al poder judicial a vender la administración de justicia. Llegan al gobierno estatal a robar el dinero que debería usarse para beneficio de los habitantes del estado, y llegan al gobierno federal para robarse el dinero de todo México.  Jamás para buscar el bienestar de la población que paga religiosamente sus impuestos sin ver beneficios de ese sacrificio económico.

 

Pero está bien, es lo normal, es lo correcto.  Si un funcionario no hace nada a lo largo de ocho horas diarias, no importa, roba un salario que no merece.     Si otro funcionario es recomendado para un puesto en el que claramente no funciona, no importa, porque el partido que gana la elección reparte el botín.  Sí, el botín, como si ganar la elección fuera una ganar una guerra, lo cual implica que entre los ganadores se reparte aquello que puede ser sustraído en su beneficio.

 

¿Se ha puesto a pensar usted que me lee, cuánto daño le hace a su municipio, estado, país, un funcionario que no sabe como cumplir con su función pública, pero que además no está interesado en ello.   Se gastan pesos, cientos de pesos, miles de pesos, cientos de miles de pesos, millones de pesos, …. Miles de millones de pesos, para que nada cambie, para que todo siga igual… o peor.    Pero está bien, no pasa nada, no hay ciudadano que exijan rendición de cuentas.  Sólo hay pobladores que parecen siervos, que aceptan todo lo que viene, como si fuera voluntad divina y no obra de algún inepto o ladrón.

 

México tiene el gobierno que merece en todos sus niveles. La calidad del gobierno es reflejo de la calidad de los mexicanos.  Y así seguiremos, cada vez peor.   El problema no es el presidente de la república, o el gobernador, o el alcalde, o el empleado que espera su embarrada de dinero para cumplir su función, o el policía corrupto, o el juez que se hace tonto hasta que alguien le llega con un sobre.   El problema es la población que lo permite, de una manera servil y humillante.

 

Cuando escucho a alguien decir que se avergüenza del gobierno de México, siempre pienso –aunque por prudencia no se lo digo-, que debería de avergonzarse del pueblo de México, comenzando por avergonzarse de la persona cuyo rostro observa día con día en el espejo, pues esa persona es cómplice de todo lo malo que pasa en México, ya sea por participación o por omisión o por simular creer que quejarse con los amigos en la tertulia, o en las redes ya cumplió con sus deberes cívicos.

 

Te invito a reflexionar amable lector y lectora.

 

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