El baldón

México y mexicanos les ruego me disculpen

Poder anotar en orden de importancia es imposible. ¿Cómo señalar que es más o que es menos importante cuando de vidas, de dolor, de paz perdida, de tranquilidad robada, de angustia, de pena, se trata? Así que ofrezco mis disculpas sin ningún orden de prelación, salvo el que sale del corazón.

A tí, padre de niños enfermos, porque no me he solidarizado contigo lo suficiente. Porque no estoy contigo palmo a palmo exigiendo que atiendan a tu hijo con el tratamiento adecuado. Porque no he exigido al gobierno federal dejar de mentir y atender tu dolor. Ese dolor de saber que tu hijo padece una enfermedad que puede ser mortal y que no recibe tratamiento. Lo peor es que comprendo perfectamente que por ahorrar decidieron no comprar el medicamento y no previeron que haría falta. A tí y a tu familia los tiene hundidos en el dolor y la desesperación la incompetencia de quienes debían de preocuparse por la salud de tus hijos, en lugar de buscar ahorros sin antes prevenir las consecuencias de su ineficiencia.

A tí mujer que seas niña, joven o adulta, te matan todos los días en mi país simplemente por ser mujer. Por no gritar a voz en cuello que el sistema de seguridad y justicia no sirve para nada. Por no insistir una y otra vez en que la policía no previene, la fiscalía no investiga y el juez no administra la justicia, sino que todos viven hundidos en un mar de papeles donde muchos realizan un enorme esfuerzo para que otros vendan la justicia y tu dolor al mejor postor.

A tí, padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija, esposo, esposa, del secuestrado y asesinado, del desaparecido, del que jamás volverás a abrazar. Porque día con día he visto cómo se deteriora la vida en el país, en el estado, en el municipio y no he hecho lo suficiente para evitarlo. Porque a veces he protestado, pero sin la suficiente energía, porque sé que el problema no se va a resolver sin un cambio integral, pero no lo he gritado con suficiente fuerza, para llegar a oídos de esos alcaldes, diputados locales y federales, de los senadores, de los secretarios de gobierno o seguridad pública, del presidente de la república, para decirles que no nos engañan, que sabemos que no están haciendo nada por resolver el problema. Que sólo justifican con acciones que a algunos les dejan dividendos políticos, que les permiten quedar bien con quien puede decidir a que próximo puesto van a llegar, o peor aún, que realizan acciones para simular que algo están haciendo, e incluso lo más grave, aquéllos que realizan acciones para enriquecerse con el dinero tuyo, y mío y nuestro. Con el dinero de todos, que usan de manera discrecional para comprar cosas inútiles, con lo que simulan que nos brindarán mayor seguridad.

A tí, madre soltera porque ví con indiferencia que el nuevo gobierno quitara las estancias infantiles con el pretexto de que había corrupción, cuando yo sabía que lo hacían porque consideraban que eran panistas los propietarios. Porque yo sé que si en algo hay corrupción, esa se corrige, se controla, se vigila y se sanciona. Pero me quedé callado, y hoy tus hijos corren peligro en la casa o con quien los cuida, porque son muy raros los patrones que permiten que los hijos permanezcan unas horas en los centros de trabajo.

A tí mexicano en general, porque desde el primer día de la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad de México supe que era un grave error. Porque sabía yo que las acusaciones de corrupción eran solo una pantalla. Porque siempre sospeché que se canceló porque no llevaba el avance que se nos dijo, y fue un compromiso apoyar a los constructores, pagarles lo que se les debía y echarle tierra encima, para que nadie pudiera sancionar ese enorme fraude de avances reportados y cobrados, pero no realizados. El tiempo me ha demostrado que no hubo acusaciones de corrupción, no hubo denuncias, no hubo sanciones. Y sin embargo, el inversionista internacional vio con malos ojos la cancelación del proyecto, lo cual nos ha llevado a no crecer en 2019 y a tener un crecimiento económico raquítico en 2020 y en 2021. Mi experiencia como auditor de entidades pública me indica que se debió de verificar el avance reportado y cobrado, para recuperar lo cobrado en exceso y para sancionar a las constructoras, pero la solución fue cancelar la obra, sin revisión alguna, pagar buena parte de la deuda y no sancionar a nadie. Así todos cómplices, todos contentos, a costillas del futuro de la nación.

A tí que recibías los beneficios del seguro popular y que hoy en caso de emergencia de salud, tendrás que pagar por lo que antes estaba cubierto. A tí antiguo beneficiario de programas sociales que de ellos dependías para vivir y que hoy ya no los recibes, por la ineptitud o flojera de los siervos de la nación, que no acudieron a las comunidades más pobres a censar. Porque nadie verificó el censo que tenía el gobierno anterior, cuando menos para sancionar el otorgamiento de beneficios a quienes no existían o no los recibían. Yo lo supe, yo entendí que afectaron a muchos, a los más pobres, y no grité con suficiente energía. No los apoyé para defender su subsistencia, y hoy padecen hambre.

A tí México, porque veo como se tira el dinero que debería de servir para tu desarrollo, para el bienestar de tus hijos. Se tira en comprar votos con programas como jóvenes construyendo el futuro que no construye su futuro, pero sirve para llenarse la boca con un número de beneficiarios inexistentes. Porque veo que el programa sembrando vida, tiene una muy buena base teórica y la peor implementación de la historia, que provocó que deforestaran tu tierra querida patria, sin generar un solo empleo adicional, ya que se otorga a propietarios de terrenos, sin sembrar la cantidad de árboles prometida, pero eso sí, costando cada planta cien veces más de lo que cuesta en el mercado. Porque veo que el dinero que debería de usarse para un mejor futuro de los mexicanos se tira en proyectos inútiles, para satisfacer el ego de un presidente que nos convenció de ser la esperanza para tí querida patria, y hoy se ha convertido en uno más de los verdugos de tu historia. Porque una vez más, te has convertido en botín, que se reparte entre quienes lograron el mérito de llevar al poder a quienes hoy lo detentan. Y yo lo he permitido.

Perdón le pido a todos los que teniendo causas justas, no he apoyado por apático, por no saber ser ciudadano, por conformista, por callarme cuando no debo callarme. ¿Tú querido lector, a quién le pedirías perdón?

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