El baldón

Letrados contra iletrados

Para ganar la elección, AMLO polarizó México. Para consolidar su poder, AMLO continúa polarizando al país.     Ambas afirmaciones son innegables para todos.  A partir de allí comienzan las diferencias de criterio y opinión.

 

Los letrados consideran a la democracia como el menos malo de los sistemas políticos.  Los iletrados han vivido la transición a la democracia, desde 1968 al año 2000 y de allí hasta el 2018, sin haber podido percibir en carne propia los supuestos beneficios de la vida democrática.

 

Los letrados presumen avances en la democracia del país, sin reconocer que no ha existido, que únicamente se ha manejado un símil de democracia en la cual una serie de privilegiados han robado descaradamente la riqueza del país, a cambio de mantener ignorantes en paupérrimas  condiciones a millones de mexicanos.    Son esos millones de mexicanos que no vieron ningún avance real en su condición social y económica a lo largo de muchos años de supuesta democracia, los que optaron por un cambio radical.

 

Los letrados no conciben cómo es posible que el gobierno de AMLO con la cantidad de errores cometidos en dos meses tenga un respaldo popular del 86%.   Los iletrados no perciben muchos de esos actos como errores. En otros casos todavía no sufren las consecuencias en carne propia de dichos errores.    El manejo de la comunicación presidencial es impecable.  Los iletrados entienden el mensaje que se les envía, lo aprueban y lo apoyan.

 

El abismo entre unos y otros se ensancha día con día.   La manera de razonar, la manera de ver el mundo entre unos y otros es totalmente diferente. Los intereses no son los mismos.  Las metas tampoco son las mismas.   Por eso el diálogo es de sordos.  Por eso en las redes, letrados e iletrados, fifís y chairos terminan a las mentadas de madre.  Simplemente hablan dos lenguajes diferentes, que no tienen nada en común.

 

Sigo a muchos fifís en redes sociales.  Sus explicaciones, sus burlas, sus lamentos, sobre lo que se hace mal, están fundamentados, son claros y contundentes.  Sin embargo no tienen el mínimo efecto en la opinión pública que hoy está convencida de que el cambio bien vale cualquier sacrificio.  El sector fifí no ha tenido la capacidad de percibir el sufrimiento y el hartazgo de millones y millones de desposeídos, de mexicanos humillados que hoy perciben muchos de los actos de gobierno como una justa venganza de todos los abusos sufridos por generaciones y generaciones.

 

El iletrado se conforma con la catarsis.  Para él es más de lo esperado. Antes, – si ese antes que como argumento desespera a los fifís – no tenía acceso ni siquiera a la catarsis… Su desahogo era personal, jamás colectivo como ahora. No importa si no son enjuiciados, cuando menos son exhibidos públicamente.   Antes se enteraba uno de sus fechorías por rumores nada más.

 

La maquinaria de propaganda del gobierno es impecable.  El manejo de la comunicación AMLO-Pueblo es algo extraordinario.   Hoy no son los políticos o socialités los que mueren por una selfie con el presidente, hoy es el pueblo llano el que hace fila, el que espera horas, el que le aplaude a rabiar cualquier ocurrencia… Hay un verdadero amor del pueblo hacia su gobernante. No les dio Toloache, simplemente dice y hace lo que el pueblo quiere escuchar y ver.  También dice y hace cosas que nada tienen que ver con la voluntad popular, dichos y actos que pasan desapercibidos, que no se comprenden y por eso se hacen de lado.

 

Aristóteles Nuñez se despidió de tuiter con una carta personal a la cual se le ha dado mucha difusión.  De ella yo rescato solo una cosa.  AMLO es consecuencia directa de la autocomplacencia de autoridades y clases privilegiadas a lo largo de más de un siglo.  El ex funcionario del SAT deja entrever que es un gobernante para los ignorantes.  A lo cual yo respondería que la ignorancia de los mexicanos tiene su raíz en el propio sistema político al cual pertenecía Aristóteles, el cual jamás se preocupó de educar al pueblo, pues así convenía a sus intereses.

 

Está claro que esa educación popular tampoco es prioridad de la cuarta transformación, sino que se está estructurando un nuevo clientelismo social, como caballo de Troya dentro de los esquemas de justicia distributiva que se están aplicando.  Lo que no queda claro es el rumbo que tendrá el país una vez que se consolide el poder en un solo hombre.

 

Vemos que las organizaciones independientes creadas para vigilar la actuación del gobierno pierden fuerza.  El congreso está sometido, la Suprema Corte para allá va.   Hay que verlo como un proceso histórico natural. Quizá el péndulo se va al extremo opuesto, para buscar después el equilibrio en el justo medio.   ¿Qué me hace pensar esto? La obsesión de AMLO de pasar a la historia como un reformador, pero sobre todo como un buen presidente.

 

La economía es lo que acota y limita los posibles extremos de la cuarta transformación.  Si se cometen errores graves, AMLO sabe que tendrá una vida efímera.  Si se logran equilibrios y además del control político se logra crecimiento económico y justicia social, entonces la cuarta transformación tiene la certeza de una larga vida.  Venezuela es el mejor ejemplo de lo que no debe de pasar en México.   A fin de cuentas la meta es el bienestar de la población que garantice la continuidad del proyecto.

 

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