La mano negra

El presidente y el ex presidente se necesitaban mutuamente. Hoy ambos se aprovechan el uno del otro, mientras un tema sustantivo pasa a segundo término, con la consiguiente distracción para el respetable público. Andrés Manuel y Felipe de Jesús se encontraron con el asunto de la guardia nacional. Bendición para ambos.

En el caso de Andrés, éste necesita siempre un enemigo, un adversario. La sociedad ya se aburrió de los machuchones, de la mafia del poder, de los fifís, porque a fin de cuentas, poco a poco, los escasos ciudadanos y los muchos pobladores alcanzan a comprender que esos términos no se refieren a nadie, o se refieren, a quien en ese momento le convenga al presidente, sin que en realidad signifiquen nada. No es verdad que haya una oposición que maneje el compló en contra de la administración de Morena. Si acaso, hay una suma de intereses que perciben que los actos de gobierno los afectan o los afectarán en el futuro cercano, cosa que quisieran evitar.

Por el lado de Felipe, como buen chaparrito, muere por atención. Se sabe pequeño de cuerpo y espíritu. Los que lo seguimos a detalle durante su gobierno nos dimos cuenta de la cantidad de dislates que cometió una y otra vez. El pueblo bueno y el malo, también se dio cuenta. A tal grado que formar un partido político, que requiere cierto número de asambleas de 300 personas se le ha dificultado sobremanera. Hoy sin embargo, está feliz. Feliz de la notoriedad que le ha generado el conflicto de la Guardia Nacional, al que llegó de chiripa, porque un avispado sugirió su nombre como posible defensor de los policías federales. Nadie entre los policías en conflicto tomó en serio la sugerencia, misma que jamás fue consensuada y a nadie le interesa llevarla a cabo, pero eso valió para que Durazo y su jefe Andrés tomaran su nombre como posible adversario.

Andrés encontró el pretexto adecuado con el desatino del policía federal, para definir que la mano negra viene de Felipe, cómo si éste fuera querido en la policía federal y pudiera tener la mínima influencia. Como material de consumo entre aquéllos que en Dios creen y en Andrés confían, resultó excelente. Lamentablemente este pretexto distrae una vez más a la comentocracia y a los analistas. Se pierde lo sustantivo del problema con la policía federal, y se maneja una vez más, como algo banal algo que resulta un problema muy serio, que desnuda a detalle la falta de organización, previsión y liderazgo del propio Alfonso Durazo, a quien hoy ya no le basta con ser parte de las viudas de Colosio, sino que requiere demostrar capacidad y eficiencia.

Felipe, es el más beneficiado. Sin haber hecho nada para merecerlo, Andrés lo sube al ring, pero no es eso nada más, lo pone a su nivel. Andrés comete el gravísimo error de tratar como igual a quien consideró espurio durante todo un sexenio. Supone –erróneamente-, que Felipe no podrá capitalizar este gran impulso, o incluso que si lo capitaliza, sería hasta beneficioso para la continuación de la 4T, ya que ahora habría otra vez dos partidos de derecha, y el de Margarita y Felipe, aunque pequeño, le quitaría votos a la posible oposición de derecha.

Andrés en su cálculo político considera que Alito será el próximo líder del PRI, y que en este partido, la sumisión al presidente en turno es parte del ADN, al grado de no importar si el presidente es de un partido diferente. Con Alito el PRI jamás se convertirá en una oposición seria y convincente. De hecho, Alito puede acabar enterrando al PRI, pues su elección a ojos de los propios militantes del partido, esta viciada de origen, las prácticas del eterno fraude electoral, cuyo derecho de autor corresponde al PRI, parece que seguirán. La línea, la decisión de los que mandan, y la sumisión de los que obedecen, definirán esa elección, que a ojos de la población tiene vicios de origen y nada ocultos.