El baldón

Hablemos Córdoba: ¿Y la solidaridad?

A pesar de no formar parte de ninguna religión pero tener una absoluta fe en la existencia de Dios, tengo muy presente la educación que nos brindaron en su momento los hermanos lasallistas y los profesores que sin ser miembros de la orden, participaron en nuestra educación.

En más de una ocasión me he enfrentado a la disyuntiva de hacer algo trascendente por ese prójimo sin rostro que es el ¨otro¨, o en muchos casos ¨los otros¨. Es decir personas que no conozco, que no me van a conocer jamás y sin embargo, a los que la vida me ha puesto en la oportunidad de servir y apoyar.

Muy acorde al sermón de la montaña, trato de que sólo se entere quien debe de hacerlo, para darle la oportunidad de sumarse a apoyar, y así he logrado construir un kínder, la construcción también de una clínica de salud digna, la reparación de un puente, enviar más de 50 toneladas de apoyo a distintos damnificados por desgracias naturales, hasta detalles más personales, como localizar a quien necesite una silla de ruedas, o canalizar el apoyo a una madre con cáncer terminal, para ser asistida en Xalapa, o albergue para familiares de enfermos.

Lo he hecho porque quienes me formaron, metieron en la base de mi cerebro que no sólo debemos apoyar a los demás por una razón moral, sino también por una razón más humana. La evolución de la sociedad humana se ha llevado a cabo gracias a la solidaridad entre sus miembros. Mientras mayor es la solidaridad, mayor es el avance.

De ahí querida Córdoba, que cuando llegó el obispo Patiño a Córdoba, mi saludo de bienvenida, fue comentarle de la enorme responsabilidad que como dirigente de la religión dominante tenía, ya que eso que conocemos como caridad cristiana, a pesar de existir, no era tan notoria como debiera en la sociedad cordobesa.

Hoy entiendo que no es responsabilidad nada más de los jerarcas católicos o de cualquier religión que predique el amor al prójimo. Tampoco es responsabilidad única de los formadores, que incluso llegan a los agnósticos y a los ateos. El que una sociedad sea solidaria es una responsabilidad de todos, y tal parece que tú querida Córdoba sigues esperando a un líder que canalice ese sentimiento latente entre todos los cordobeses.

He visto y colaborado en colectas esporádicas para los dispensarios de la pastoral de la salud que realizan una labor heroica en la atención con de los más débiles socialmente en medio de una precariedad impresionante. Veo en razón de mi trabajo, las aportaciones de muchos buenos cordobeses a muchas causas dignas de ser apoyadas como asilos, casas hogar, fundaciones, en fin, y sin embargo, en el fondo de mi corazón creo que hay mucho más por hacer.

Si algo se ha perdido entre los cordobeses es el orgullo de serlo. Ya no se percibe lo mismo, aún y cuando muchos dirán que estoy equivocado, la realidad indica otra cosa. Hoy el hecho de ser cordobés ya sea por nacimiento o adoptado no es el privilegio que debiera ser. Los cordobeses tenemos mucha culpa, y las instituciones incluidos los gobernantes, también tienen responsabilidad en no haber sabido ganarse la confianza de sus gobernados para movilizar a la sociedad.

Todo esto viene a cuento, porque si un alcalde puede hacer poco o mucho por recuperar la grandeza de Córdoba, te pido nada más que imagines la posibilidad de que muchos cordobeses, grandes y pequeños, pobres y ricos, altos y chaparros, gordos y flacos, güeros y morenos, y cualquier otra diferencia que se te pueda ocurrir… se unieran ese fin.

Se me ocurren una y mil actividades que se pueden realizar para que Córdoba sea una ciudad cada vez mejor, para beneficio de los cordobeses y de sus visitantes, pero lo primordial es recuperar la unión entre los propios cordobeses.

No sé en que momento se perdió esa unión que en alguna época existió, aunque puedo más o menos fecharla a partir de el primer gobierno no priísta. Y no porque sea responsabilidad del entonces alcalde de oposición que ganó, sino porque llegaron más recursos, muchos más a la tesorería municipal, lo cual de alguna manera permitió a partir de esa fecha, otorgar más puestos a colaboradores, y realizar mejores negocios con el municipio.

A partir de esa fecha, los cordobeses se dividieron por ambición. La ambición de llegar y poder manejar esos recursos, y en muchos casos, resultar ser beneficiados por ellos.

Hoy cuando alguien aspira a ser alcalde, siempre surgen los intereses económicos, de aquéllos que en lugar de pensar en el bien de la ciudad, que a fin de cuentas sería su propio bien, resulta que ¨venden¨ su apoyo a cambio de promesas de apropiación de dichos recursos.

Ya es tiempo de que Córdoba pierda ese egoísmo y encuentre a alguien digno de ejercer un liderazgo que no implique ambición económica sino ambición de trascender logrando un cambio social en la ciudad. Logrando sobre todo, recuperar la solidaridad entre los cordobeses, y el reconocimiento mutuo con afán de servicio. Un poco de ese amor al prójimo que tanto se predica y que poco se demuestra.

¿Locura? ¿Utopía? Quizá. Sin embargo los grandes cambios comienzan con grandes sueños, sueños de hacer las cosas de la manera correcta, a pesar de que aquéllos que ya tienen manchada su conciencia no puedan concebir otra realidad que la que ellos mismos viven y han creado.

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