El baldón

De pena ajena

Aunque todo mundo esté entretenido con la denuncia de Lozoya, hay que puntualizar algunas cosas respecto de las API´s en el País, más allá de las opiniones de los lambiscones del régimen, que opinan para quedar bien con algún funcionario estatal o nacional de Morena, en lugar de pensar en el bien de México. 

Antes de que Salinas de Gortari creara las administraciones portuarias integrales, los puertos de México eran nidos de ladrones y corrupción (algo ha mejorado este punto aunque no se ha resuelto al 100%).    Los puertos  fuente principal de comercio internacional, detenían el desarrollo económico de México a cambio de beneficiar a ciertos grupos de delincuentes legales o ilegales que medraban en ellos.

Los grupos de estibadores, los grupos que movían la carga, los administradores de los puertos, los vigilantes, y cuanta persona estaba involucrada en cualquier aspecto de la operación del puerto obtenía beneficios ilegales.  

Como todo lo que administra el gobierno, los puertos eran botín político.  Las empresas que importaban o exportaban, ya sea de manera permanente o para adquirir maquinaria, equipo y tecnología para desarrollar la industria nacional sabían que su mayor problema era la ineficiencia en el manejo de sus mercancías y sobre todo los ROBOS que existían.  Dejar un contenedor mas allá de lo mínimo indispensable implicaba que se sufriría una pérdida total o parcial de la mercancía.

Era común que llegaran productos terminados, y que las bandas de delincuentes, estuvieran enteradas hasta del número de placas del vehículo que los transportaría, así, se lograba robar exactamente lo que algún comprador ilegal había solicitado previamente.  Práctica que por cierto, siguió vigente pero ahora a través de ¨pitazos¨,  mucho tiempo después. 

Si se quería conseguir cocaína de la más pura, había que acudir con los policías federales que cuidaban el recinto portuario. Lo mismo sucedía en caso de tráfico de cualquier tipo de armas.  Era la autoridad encargada de la seguridad del puerto, la que manejaba esos negocios ilícitos.

Ante el problema que significaba reducir la corrupción en un sistema de gobierno donde reinaba la corrupción, Carlos Salinas de Gortari, decidió que crear las administraciones portuarias integrales, con una figura de sociedad anónima, que tuvieran como objetivo elevar la eficiencia de los puertos mexicanos y permitir el despegue económico de México, sobre todo por la próxima entrada en vigor del TLC.  

Así, se otorgó la administración de los puertos a las API´s, cuyos accionistas, son todos, entidades del gobierno federal.  Es decir, se deja el control del puerto al gobierno, pero el criterio pasa de permitir que los aliados roben a buscar la eficiencia y ampliación de capacidad de los puertos.

Las entidades tienen la posibilidad de otorgar concesiones por plazos de 20 o 30 años renovables por un período similar.  Estas concesiones permiten que el puerto adquiera infraestructura pagada por particulares, que además pagan una renta al administrador, es decir al  gobierno federal.    Así se han construido terminales de carga y descarga de líquidos, de granos, de automóviles, de productos terminados, etc.   Y con el dinero que pagan esos particulares por el permiso para construir y administrar sus propias terminales por 20 años, se ha pagado buena parte de la ampliación de infraestructura.  En el caso del puerto de Veracruz, la construcción del nuevo puerto tiene una aportación significativa gracias a  los ingresos de la propia API. 

Como dato interesante, la construcción del nuevo puerto de Veracruz, que tiene una importancia económica enorme, no sólo para el propio estado sino para todo el país, se ha suspendido a partir de la llegada del nuevo gobierno.  Es una obra que no se va a cancelar, simplemente se retrasará seis años, a ciencia y paciencia del gobierno estatal y del federal.

Ahora viene la pregunta de porque se le ocurrió al presidente declarar lo que dijo en la mañanera.   Tengo una hipótesis muy clara.    La nueva administradora, que nada sabe de cómo funcionan los puertos, recibió información de un subalterno igual de mal capacitado que ella, de alguna de tantas concesiones que se han otorgado.  Investigó un poco más, y descubrió que el puerto estaba concesionado por cien años a la API.   En su ignorancia, no sabía que figura jurídica es la API, y mucho menos, quienes son los accionistas.  Así que de inmediato reportó al presidente, quien a su vez, no tiene la menor idea de cómo funcionan los puertos, y le compró la idea de que había un abuso y corrupción en esa concesión del gobierno federal al gobierno federal. Pero el presidente tampoco sabía que las API´s pertenecen al gobierno federal.  

Ese día no había tema para distraer a la legión de seguidores en la mañanera, y es utilizó la información recién recibida, sin la mínima verificación ni el mínimo control o conocimiento profundo del asunto.  Exactamente igual a como se toman todas las decisiones en este gobierno.   Así salió el presidente en su personificación del paladín vengador de la justicia a atacar a la API Veracruz, y así siguió al día siguiente, pues se percibe que no tiene capacidad de autocrítica y mucho menos de reconocer un error.   

Como muchos temas, éste ya pasó a segundo término debido a que ahora le toca el turno al asunto Lozoya y su denuncia.    Sin embargo, leer tal cantidad de artículos de presuntos periodistas, que sin la mínima información opinan al respecto con el fin de agradar al poder, resulta nauseabundo.   Tanto como quienes solo critican al régimen sin tener las pruebas de sus dichos.  Se vale defender y se vale criticar siempre que se conozca el tema y se tenga evidencia, fuera de eso, los colegas se convierten en sicarios o prostitutas de la pluma.  Algo que debemos evitar para que México salga adelante.

Si te preguntas la razón del título, la respuesta es muy sencilla.  La pena ajena viene en dos vertientes, una la de los columnistas y opinadores que opinan sin conocer del tema, y que incluso reciben doctorados honoris causa de universidades patito como premio a su traición a la patria y sumisión al régimen en turno.  

La otra vertiente es la pena ajena que siento por nuestro presidente.  Como él mismo lo confesó, no prepara sus conferencias, lo cual implica una falta de respeto a los mexicanos.  Opina a bote pronto, sin conocer a fondo los temas, toma decisiones sobre el futuro de México sin estar bien enterado y como ha quedado claro una y  otra vez, sin escuchar las opiniones de sus asesores, o de quienes conocen del tema convirtiéndose así en el hazmerreír de la comunidad internacional.  Siento Pena por el país, porque el rumbo no se puede marcar con ocurrencias o improvisación.  

Me queda claro que el presidente tiene un objetivo político, y que lo lleva a cabo de manera impecable, pues es un tema que domina.   El tema de administración pública es algo en lo que tiene enormes áreas de oportunidad para aprender a gobernar antes de que pase a la historia como un mal presidente y como quien le causó mucho daño a México, por obra, acción y omisión. www.josecobian.blogspot.comelbaldondecobian@gmail.com

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