El baldón

Analfabetismo económico en Palacio

Durante varios sexenios, los mexicanos estuvimos acostumbrados a que elpresidente de la república entendiera de economía, o cuando menos escuchara asus asesores económicos.  Hoy tenemos aun presidente que no entiende como funciona la economía, quien se consideraposeedor de la verdad absoluta, y solo somete su criterio cuando un podersuperior lo amenaza, como hemos podido comprobar en el caso de Culiacán o en elcaso de los migrantes.

El que el presidente no entienda de economía, aunado a la imposibilidadde que reconozca que se ha equivocado, ha llevado a México a un estancamientoeconómico que por lo que se pronostica para 2020 representará una pérdida decrecimiento económico del orden de 4 a 5 puntos del PIB en dos años.  Es decir, en dos años de éste gobiernohabremos dejado de generar entre 900,000 millones de pesos y 1 billón  cien mil millones de pesos.

Si la economía no crece, la generación de empleos tampoco crece, cuandoMéxico necesita cuando menos un millón doscientos mil empleos cada año, paraatender la oferta de nuevos posibles empleados que se unen cada año a laeconomía.   Mas grave aún, si la economíano crece, no crece la recaudación de impuestos, y con ello, los proyectos dereparto de riqueza que lleva el gobierno irán derechito al olvido.  En 2019 y 2020 se ha podido continuar porquese ha utilizado dinero del fondo catastrófico, ahorros que durante 25 años elgobierno ha realizado para enfrentar cualquier problema grave, ya sea unaepidemia, un desastre natural o problemas económicos mundiales.   Fondo que quizá para 2021 desaparezca y notendremos con que enfrentar algún incidente no previsto.

Andrés Manuel tiene cierto resentimiento ante empresarios que han sidorentistas sobre todo durante el período del presidente Calderón y los dosprimeros años del presidente Peña, durante el cual, los más ricos de Méxicosegún Forbes, pasaron de poseer el 2% de la riqueza nacional al 9%.  El problema que vemos, es que son esos mismosempresarios los que hoy están haciendo negocios con el gobierno de México.  Y los que son rechazados, son los pequeños ymedianos empresarios, no sólo en el gobierno federal sino en los gobiernos estatalesque controla el partido del presidente.

El capitalismo de cuates, que tanto daño le ha hecho a México,concentrando los contratos estatales y federales en unos cuantos empresarios,sigue vigente hoy en día.  Lo cualimplica que aunque el presidente lo repudia, también lo tolera.   Evitando que la derrama económica querepresenta el gasto público beneficie a empresas medianas y pequeñas, que sonlas que más empleos generan.   

La incertidumbre generada por la cancelación del nuevo aeropuerto, haprovocado una aversión a invertir en México por parte de muchos inversionistasnacionales.  Los inversionistasextranjeros que se arriesgan a invertir en México lo hacen seguros de que susgobiernos los defenderían de cualquier abuso o cambio de reglas del juego, comoya sucedió cuando CFE trató de modificar los contratos de gasoductos, lograndoal final tener un costo mayor a valor presente del orden de medio billón depesos.

El otro grupo de empresas que sigue invirtiendo en México, son losamigos del presidente, los aliados de hoy que ayer eran sus adversarios yblanco de críticas y burlas.  Esos -losde siempre-, aprovechan la cercanía con el presidente y la aversión de éste porlos controles y las reglas, lo cual permite que como nunca en la historia deMéxico se adjudiquen de manera directa los contratos del sector público, acambio de silencio, moches o restringir la crítica al régimen.

Los órganos reguladores, que son quienes otorgan mayor certeza a lacompetencia, que a su vez modera ganancias y genera mejores precios y calidaden bienes y servicios, han sufrido un ataque inmisericorde desde el primer día.Lo cual también mina la confianza del inversionista honesto, aunque favorece alinversionista que sabe que contará con el apoyo de sus amigos en el gobiernocuando de una controversia se trate. Debilitar los órganos reguladores autónomos no favorece la confianza,favorece la seguridad de continuar con el rentismo siempre y cuando se trate deamigos del régimen.

Los monopolios públicos y privados son favorecidos por el régimen al permitirla  cercanía de sus titulares en la mesade asesores de negocios del presidente. Todos sabemos que monopolios y oligopolios no favorecen la librecompetencia, no favorecen mejores precios, no favorecen calidad y buen servicioal consumidor.   Curiosamente un gobiernoque se dice de izquierda está más interesado en concentrar el poder, que enservir al pueblo de México en este aspecto.

Los errores económicos no son percibidos por la gran masa detrabajadores asalariados, pues ellos reciben su sueldo sin notar el daño alargo plazo a su futuro y el de sus familias. Tarde o temprano se verán afectados, ya sea con el desempleo, coninflación o peor aún con escasez de bienes o servicios públicos y privados,como hoy ya sucede con medicinas, o como sucedió con el desabasto de gasolinas.

La garantía de seguridad y justicia para los mexicanos que tantofavorece al clima de negocios, y por lo tanto al crecimiento económico, tambiénes una asignatura pendiente.  Simular quecon apoyar al que menos tiene, se va a evitar la ola de crímenes que día condía aumenta en todo el territorio nacional es otro grave error.  Reducir presupuestos a fiscalías y al poderjudicial tampoco abona, y sobre todo la promoción de la continuidad de laimpunidad tanto para autoridades que incumplen con su labor de maneraintencionada como para los delincuentes, tampoco favorece un clima deestabilidad, crecimiento económico, empleo y bienestar para la población. 

Lamentable que el presidente no entienda de economía.

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