Disensiones y Disquisiciones

La Palabra y la Idea 3

Esta es, como decía J. J. Arreola, una “Carta al zapatero que no supo componer unos zapatos”… o más bien, al Doctor en Educación, amigo nuestro, pero sin ninguna publicación que lo amerite, que tuvo la ocurrencia de emitir un voto de censura para nuestro último libro acerca de “La Escuela Nuestra de cada Día”, por el simple hecho de privilegiar en él el aprendizaje y no mencionar, para nada,  los procesos de enseñanza.

Y en la intención de dejar claros nuestros objetivos, queremos puntualizar que la educación se da en el ámbito de alguno de estos tres modelos: el conductismo, el cognoscitivismo y el constructivismo; y que la educación no se recibe, necesariamente, del maestro o, lo que es lo mismo, que la educación no depende siempre de la enseñanza, pues los mejores aprendizajes se dan en ausencia de aquella.

  • Los conductistas conducen o se dejan conducir. Se es conductista cuando se “enseña” en un marco de autoridad, en la intención de conducir el desarrollo del niño y el joven por caminos preconcebídos y se les obliga a asumir los principios, valores, usos y costumbres de la generación dominante.
  • Los cognoscitivistas investigan la manera en que los organismos llegan a conocer su mundo. Se es cognoscitivista, entonces, cuando se ejerce la curiosidad y se llega al conocimiento, màs allà del conductismo de la enseñanza.
  • Y se llega al constructivismo cuando, a partir de lo que se ha logrado conocer, se construye una nociòn personal (que ya es aprendizaje), sin el concurso de terceros: padres o maestros.

Si tiene referencias, de primera mano, de còmo se ha dado un  aprendizaje y quiere validarlo por contraste con alguna de las teorías  de Pavlov, Watson, Skinner, Bandura, Piaget, Vigotsky, Thorndike, Hull, Guthrie, Tolman, Bruner, Gagnè, Ausubel, o alguien màs, revise esa teoría y enfatice la proximidad o semejanza con su  experiencia; y si no hay una teoría que explique su experiencia de aprendizaje  intente bosquejar o construir una hipótesis…

Recuerde la advertencia de Piaget: “El gran peligro actual es la idea preconcebida, la opinión colectiva, la tendencia al pensamiento prefabricado”, la enseñanza…  Si la enseñanza fue útil hace cincuenta o cien años, ahora ya no lo es. Los niños y jóvenes del Siglo XXI reclaman su derecho natural a educarse en libertad, a descubrir  lo que para ellos es útil y necesario, hasta el lìmite de sus propias capacidades; y este es un derecho que el humanismo, como corriente psicológica, pedagógica y filosófica, tiene que proteger.

Si  pretende escribir un análisis crìtico sobre alguna propuesta de aprendizaje, hágalo con argumentos válidos y actuales… Si se le ocurre satirizar un hecho paradójico de contenido educativo, caricaturice, publique un cartón… Nosotros, para atrevernos a publicar “La escuela nuestra…” observamos, registramos, experimentamos, contrastamos y concluimos tras haber leído, de manera crítica y propositiva, cerca de cuarenta libros entre los que destacan:

  • Strieklan en “Pueden los niños pequeños aprender?”, informa sobre un estudio hecho en niños que recibieron estímulos ambientales cuidadosamente planeados… A los tres años y medio, los niños estimulados cuidadosa y convenientemente, tuvieron 33 aciertos màs que los niños del grupo testigo, de un mismo test que les fue aplicado…
  • Bruner, en “El Proceso de la Educaciòn”, analiza la facilidad para aprender y la relaciona con el desarrollo intelectual.
  • Nuthal y Snook, en “Modelos Contemporàneos de Enseñanza”, analizan crìticamente el control de la conducta y el ejercicio de la autoridad en un ambiente de libertad para favorecer el aprendizaje por descubrimiento.
  • Rohwer, en “Implicaciones del desarrollo cognitivo en la educación”, revisa los modelos de aprendizaje acumulativo de Gagnè y el conceptualismo instrumental de Bruner y concluye en que los dos no son muy trascendentes.
  • Clarizio, en “Usos Contemporàneos de la Psicologìa Educativa”, analiza e ilustra las limitaciones que implican los castigos como modificadores de conducta.
  • Davis, en su “Psicologìa de la Educaciòn”, analiza la motivación desde cuatro perspectivas: la curiosidad, el espíritu de competencia, el sentimentalismo y la autorrealización.
  • Gordon y Vos, en La Revolución el Aprendizaje, proponen más de ciento cincuenta ideas para cambiar la manera en que piensa el mundo.
  • John Medina, en “Los Doce Principios del Cerebro”, ofrece argumentos consistentes, producto de la neurociencia, para entender cómo los niños aprenden lo que quieren, como quieren y a la hora que quieren y no lo que se les enseña.
  • Y Carlos Espinoza Manso, en “Los Niños y Jóvenes del Tercer Milenio” nos propone una nueva y trascendente manera de entender a los niños y evitar dañarlos con la enseñanza, pues la inteligencia de estos niños, que empezaron a nacer en los 90s. es, potencialmente, más elevada que la de sus profesores anclados en la enseñanza.

 

Y es de estas lecturas, de nuestras observaciones, registros y contrastaciones y de nuestra experiencia de cuarenta y tres años en la docencia universitaria, que hemos obtenido las razones por las que evitamos enseñar y, en cambio, favorecemos y facilitamos la percepción, el procesamiento y la construcción personal de significados a travès de la tutorìa…

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