Causas y efectos

VERACRUZ… TIERRA DE POBRES

*CARGAR CON PLATOS ROTOS
*LAS CARENCIAS Y LA POBREZA
*ACTIVAR LLAMADAS DE ALERTA

 No es correcto acreditárselo del todo a “la actual administración estatal” de los veracruzanos, pero lo que es verdad incuestionable, es que las tierras de las bamba y el danzón, han confirmado con hechos y mediciones efectuadas por instituciones de elevado prestigio y experiencia en tales oficios, que el Estado de Veracruz encabeza desde fechas atrás, un nuevo y notorio liderazgo, tal como lo es el haberse convertido en la Entidad con mayor número de pobres en el territorio nacional.

Y el liderazgo altamente negativo ha sido arrebato de manera indudable y claramente confirmado, al “nada progresista” Estado de México, región que por encontrarse conurbada con la ahora Ciudad de México, ha sido objeto del arribo de migrantes originarios de las diversas entidades del país e, incluso, del extranjero, hechos cuyos niveles  no se reflejan con claridad en los ámbitos veracruzanos, por lo que se podría referir  que los pobres en tierras del son, el huapango y la bamba, son originarios de nuestras bellas y empobrecidas llanuras y montañas.

Y como es natural, corresponde en la actualidad “cargar con los platos rotos” tanto del pasado como los que se acumulen en el presente, al actual Gobernador Veracruzano, Cuitláhuac García Jiménez, quien con el paso de los días deberá puntualizar con claridad, todo aquello que se ejecuta en nuestras tierras para erradicar los niveles de pobreza, y ya no sólo para ampliar los niveles de bienestar y de oportunidades que aniquilen las vergonzantes brechas que, social y económicamente, origina la desigualdad, sino para evitar que tales escenarios sigan estimulando niveles delincuenciales cuya violencia mantiene desestabilizada a la colectividad veracruzana en lo general, incluendo e3n esos lamentables escenarios al país en su totalidad.

Porque cualquier experto en materia socioeconómica, podría ampliar los argumentos en el sentido de que la pobreza, aunada a la falta de oportunidades, o para ser más puntuales, en los marcos y ámbitos de un crecimiento económico del 0.1 por ciento, que ahora incluso se “presume” en la Cuarta Transformación, dato que apunta que nos ubicamos en la orilla del precipicio y que como dicen en el pueblo de mis ancestros: “ya no hay más orilla para para orillarse”, datos que representan todos ellos un escenario que no se podría aliviar con notoriedad “de la noche a la mañana”, o como se diría en mi club de la ancianidad: “Ya lo podrán registrar con claridad los que vienen detrás”.

Y no estamos ni pretendemos ubicarnos en los “clubes de la negación”, ni tampoco intentamos sumarnos a los “Fifís” (calificativo que acredita a quienes ni son jodidos, ni conforman parte de la nueva transformación) pero ante la realidad que nos circunda a todos, sin distinción de calificativos, la lucha contra la pobreza y en favor de restablecer o activar nuevos programas para el bienestar, sustentados en el crecimiento económico real, debe cimentarse en una acción integral, o sea, en la cual participen con decisión y efectividad todos los sectores de la colectividad, al margen de colores partidistas, para lo que es menester cerrar el paso a brechas que fomentan distanciamientos y conductas de confrontación, lo que no es válido en el marco de un sistema democrático cuyas prácticas estamos prestos para  presumir, pero en ocasiones muy frecruentes, distantes para practicarlo.

La calificación del 0.1 que en la práctica no constituye ningún nivel confiable de crecimiento, pero que si consiste en una referencia preocupante que obliga en el marco económico a la activación de las llamadas de alerta, debiera convertirnos a todos los mexicanos en “bomberos emergentes”, en el marco de una ruta para evitar el desastre,  desactivando con oportunidad la cercanía de la catástrofe, que esa sí, se encuentra en nuestro país “apenitas” a la vuelta de la esquina.

Y si en tales escenarios nacionales nuestro Veracruz es calificado como el Estado con mayores niveles de pobreza en el territorio nacional, sería una necedad de lamentables consecuencias, el tratar de restaurar esa realidad perniciosa con “simples mejorales, otorgándole credibilidad a las voces progantísticas que destacaban hace años:  “Mejor mejora mejoral”, cuando en la realidad y en la actualidad, lo que se reclama con emergencia es una operación financiera de alta especialidad, ajena a necedades y egoísmos partidistas y que, por el contrario, constituyan de manera contundente: La causa, el motivo y la razón, para alcanzar la suma de esfuerzos sin intervenciones “coloreteadas”, con la clara definición que sólo con la participación de todos, con la suma de voluntades, nuestras tierras dejarán de ser el fondo del abismo financiero y económico que hoy nos coloca en ámbitos de pobreza extrema… Ya veremos si se quiere, se puede o se fracasa.

Ahí la dejamos.

 

 

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