Causas y efectos

UN PUEBLO SIN LEY

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*MORALES LECHUGA

*¿NO SON ILEGALES?

*¿Y LAS MEDICINAS?

Todos los días tanto en sistemas de información electrónicos, como en los tradicionales medios de comunicación impresos, de alguna forma se hacen referencias sobre la inseguridad y sobre la Guardia Nacional, organismo recién creado pero que, incuestionablemente transcurren las semanas sin que en tierras veracruzanas se adviertan con claridad sus efectos positivos.

¿No operan?… ¿Se encuentran en periodo se instalación y preparación?… ¿No han arribado realmente a tierras veracruzanas?… ¿En dónde se encuentran acuartelados?… ¿En qué regiones veracruzanas ya se encuentran instalados?… Todo es confusión, todo se encuentra en los marcos de la suposición y la especulación… Pero lo que sí resulta perfectamente claro es que las autoridades municipales, estatales o federales, nada en concreto refieren sobre el presente y el futuro inmediato de la Guardia Nacional en tierras veracruzanas.

Los hechos en tales entornos, por sí mismos, en tanto que los veracruzanos no registran en sus ámbitos acciones de la Guardia Nacional, todo en ése renglón obligadamente queda enmarcado en los entornos de profundos cuestionamientos, que por la propia desinformación, siembra aún mayor desconcierto.

Y claro que para los jarochos el tema sigue sembrando dudas, escenario que por lógica nos conduce a la desinformación y obviamente a la confusión, sobre todo porque los índices delictivos no han decrecido y, lamentablemente, seguimos ratificando que en nuestro territorio del son y la bamba, alcanzamos niveles desolados y dolorosos como los es “el liderazgo” en el renglón de secuestros.

Claro que los niveles delincuenciales deben ser afrontados con mayores oportunidades laborales, como mejores cifras en desarrollo integral, con ámbitos crecientes de productividad y de reinversión, que generen más y mejores empleos para fortalecer una sociedad integralmente productiva, con suficientes satisfactores que originen significativo distanciarnos de la ilegalidad y la delincuencia.

Pero incluso en los países con estándares de vida muy superiores a los existentes en el territorio veracruzano y del país en lo general, existen sistemas de seguridad y de cuerpos policiacos de elevada eficacia, los cuales restauran el orden y la tranquilidad cuando ésta se encuentra en riesgo por actos fuera de la legalidad, luego entonces, resulta obligado el preguntar: ¿Por qué en Veracruz estamos en renglones de seguridad prácticamente igual que antes?

Nadie quisiera ni pretende aceptar que en materia de rangos de inseguridad, las tierras de los jarochos de Norte a Sur y de Este al Oeste, son “un caso sin remedio”, pero la aparente, supuesta o real ineficacia que se advierte en materia de seguridad (pese a los grandes anuncios nacionales, compra polémica de patrullas y supuesta “limpieza” y “reforzamiento” de elementos policiacos) constituyen factores que acrecientan las dudas e incrementan la angustia, la cual, cotidianamente se refleja en una mayor preocupación de la colectividad por los efectos delincuenciales… ¿Hasta cuándo?

LO QUE SE LEE

Escribe el notable y connotado notario público de origen veracruzano, don Ignacio Morales Lechuga, que “en su afán de controlarlo todo, el Presidente Andrés Manuel López Obrador está centralizando el funcionamiento del Estado en él”.

“Se está convirtiendo –asegura Morales Lechuga-  en un cuello de botella que tiene parados al sistema de salud, al científico y otros”.

En los marcos de la realidad, es incuestionable que los apuntes de quien fuera Secretario de Gobierno en el Estado de Veracruz, que constituyera a la vez pieza clave para una de las administraciones estatales más brillantes que recuerden los veracruzanos, tal como se califica a la del entonces gobernador Don Agustín Acosta Lagunes, reflejan en gran medida apuntes que en la actualidad se están escuchando con preocupante recurrencia, referencia que es indicadora para que en la cúpula del poder público nacional, se reflexione sobre la conveniencia de revalorar los senderos de la actual administración federal, lo que induciría para efectuar los ajustes y correcciones que resulten prudentes, convenientes y factibles de realizar, de lo contrario se podría pecar en insistir en lo mismo y terminar en “más de lo mismo”… Ahí la dejo.

LO QUE SE VE

Resulta incuestionable errático que en torno al tema de migrantes, las referencias en defensa de tales escenarios, en las cuales se intenta puntualizar que no se debe “criminalizar” a quienes cruzan ilegalmente un territorio extranjero, parecieran, más que reflexiones serenas dotadas de significativo humanismo, apuntes “sin ton ni son”, en tanto que absolutamente nadie tiene “el derecho” de introducirse a otro país sin que, para ello, cumpla con los requisitos y protocolos que el caso requiere.

Debe quedar claro que, el sólo hecho de que en México se les identifiquen como “ilegales” a los migrantes que ingresan y cruzan nuestro país, con la clara idea de posteriormente también internarse ilegalmente en tierras estadunidenses, constituyen escenarios suficientes para entender que tales acciones se ejecutan en el marco de la ilegalidad, por lo que resulta ocioso e incluso tendencioso, el pontificar con tonalidades populistas que “los indocumentados” no se encuentran en los marcos de la ilegalidad.

Si seguimos predicando en esas tonalidades, al rato se podría argumentar que “los ilegales” son los mexicanos, en tanto que exigimos a todo migrante que cruce nuestras fronteras, que cumpla con las leyes y requisitos que para ello privan en el territorio nacional.

LO QUE SE OYE

Milagros, que con mucha frecuencia resultan imposibles, son los que se asegura que actualmente realizan médicos y enfermeras para atender emergencias en pacientes que se encuentran internados en los hospitales y centros asistenciales del sector público, en tanto que la carencia de medicamentos alcanza niveles agudamente alarmantes, que nunca antes se habían escenificado en el territorio nacional.

Preocupación y alarma es la que invade tanto las áreas de emergencia, como los  quirófanos e incluso los espacios de recuperación y hospitalización, dado que la escasez de medicamentos está elevando sus dramáticos efectos, sin que los responsables administrativos encuentren las respuestas apropiadas y válidas “para justificar” lo que, por la naturaleza misma de sus dañinos efectos, resulta contundentemente “injustificable”.

Es preciso que, sobre el tema, de manera emergente la administración federal asuma acciones responsables y efectivas, para que los escenarios de dolor y muerte, no se conviertan en una catapulta de descalificaciones insalvables para quienes resulten responsables de la grave ineficacia.

alfredo.ríos1947@icloud.com

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