Causas y efectos

PREOCUPAN CIFRAS DELICTIVAS

*VICIO DEL ANTI-DESARROLLO

*LA ESTADÍSTICA DEL TERROR

*SON OBSCURAS REFERENCIAS

Entre la población mexicana, desde tiempos ancestrales se podría asegurar que como herencia de nuestros tatarabuelos (y en un descuido me estoy quedando corto) se le otorga vigencia a una expresión notoriamente utilizada para referirse conclusiones, con las que se pretenden remarcar criterios de contundencia, o sea, otorgarle a nuestro dictamen algo así como elevado rango de certeza y que se simplifica con pocas palabras al señalar: “A las cuentas me remito”…

Así las cosas, si en tales marcos de usos y costumbre tal como lo ejecutó el medio de comunicación “Al Calor Político”, procedemos a evaluar y equiparar las cifras difundidas sobre actividades criminales registradas en el país en lo referente a datos sobre “Incidencias Delictivas del Fuero Común”, certificadas por el “Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública”, en las que se destaca que de enero a agosto del presente año, en todo México se registró un incremento en feminicidios del 18.5 por ciento, mientras que en el renglón de secuestros el crecimiento alcanzó un 46.6%, coincidiremos en que las cifras por si mismas resultan preocupantes, pero mucho más para los veracruzanos, dado que en el marco de esas cifras nacionales, la Entidad de Veracruz es la que registra mayor incremento sobre las siniestras estadísticas, superando por mucho a todos los Estados del país, refiriendo aumentos (fíjese usted bien) del 165.9% en feminicidos y 115.8% en secuestros, lo que origina que nuestras tierra jarocha -datos de la Secretaría de Gobernación- se mantenga como la Entidad con mayores índices en dos de los delitos que mayores estragos y secuelas negativas originan al colectivo social: Los asesinatos y los secuestros.

Y muy claro tenemos todos los mexicanos y en especial los veracruzanos, que las causas que dan curso a escenarios obscuros como los referidos, las conforman ámbitos negativos enquistados en el colectivo social, como lo son la ambición desmedida, la pobreza, la escasez de fuentes laborales, la desintegración familiar, la ausencia de oportunidades para la capacitación, la explotación de los poderosos sobre los núcleos de la población más endeble, la proliferación de escenarios con referencias delictivas, la inexistencia de real justicia social y de organismos, tanto de seguridad como de administración de justicia, que por diversas causas reflejan ineficacia, efectos que inciden en las tendencias hacia el proceso de descomposición del tejido social.

Porque con puntualidad se debe referir, que todo quebranto al interior de una sociedad, parte de la serie de vicios que contravienen el desarrollo integral de la colectividad, como lo son las escasas oportunidades en el vital renglón de fuentes laborales, lo que ahonda los procesos socioeconómicos que representan diferencias notorias, tanto en número como en condiciones de vida entre quienes todo lo tienen y aquellos que viven angustiados cotidianamente, porque el salario no es suficiente para que la familia viva con dignidad, comodidad y bienestar.

Ciertamente muchos son los factores que inciden y por lo mismo influyen en el ensanchamiento entre los sectores más desprotegidos en todos los sentidos, de aquellos (siempre los menos) que todo lo tienen a su alcance como resultado “del poderoso caballero: Don Dinero”.

Desde tiempo atrás los viejos hemos sostenido que, la pobreza incuestionablemente no siempre “engendra miseria” y que la riqueza, no siempre “origina grandeza”, pero lo que resulta incuestionable es que la existencia de ambos escenarios estimula el quebrantamiento de la armonía social, escenario que deben vislumbrar con claridad quienes gobiernan, quienes invierten el dinero del pueblo para “beneficio del pueblo”, tanto para mantener la seguridad en el patrimonio de aquellos que más tienen, como  para buscar senderos apropiados y acertados, para que los no ricos encuentren las vías correctas que les permitan aspirar y alcanzar objetivos de mayor bienestar, sin alterar la tranquilidad social ni dañar el patrimonio del país, demeritando el bienestar de quienes transitan en niveles económicos de mayores rangos.

Todos los mexicanos (pobres o ricos) bien intencionados, deben coincidir al interior de sus propios círculos, en que quienes son poseedores de riqueza deben generar fuentes de empleo dignas y honorables que, por lo mismo, originarán la conformación de cuerpos laborales igualmente “dignos y honorables”, escenarios que paulatinamente conformaran un país con un pueblo trabajador, que por tales escenarios y valores permitirán mayor bienestar y mucho menores índices delictivos.

Nunca serán suficientes las medidas de persecución efectiva y encarcelamiento, para restablecer la paz y la real tranquilidad en México (cosa que por cierto tampoco se ha cumplido ni ayer, ni en la actualidad) porque el “crimen y castigo” es mayormente válido, si se aplica en un conglomerado social donde las oportunidades para desarrollo  integral son tan eficientes y suficientes, como los mecanismos para evitar, frenar y en su caso castigar el delito.

Claro debemos tener frente a nuestro panorama de hoy y de mañana, que no existe país sin delito alguno, porque en todos se cometen violaciones a las leyes, en todos se atenta contra vidas y patrimonios, pero la enorme diferencia es que en unos son hechos aislados y, en otros, como es el caso de nuestro “México lindo y querido” se han convertido en escenarios cotidianos y, con tales niveles, que el prestigio de los mexicanos se ha demeritado en todo el orbe, hecho que se agrega a nuestras tendencias hacia el angustiante desempleo, en tanto que la inseguridad origina temor en el exterior para realizar inversiones diversas en tierras mexicanas, que permitan ingresos en lo general y favorezcan la generación de nuevos empleos, de los que nos encontramos urgidos todos los mexicanos, porque precisamente el empleo es un factor destacado que influye para disminuir tendencias delictivas.

Así  las cosas, entre los bandoleros de cuello blanco que han saqueado nuestras arcas públicas, entre la ineficacia que ha originado programas deficientes para el desarrollo integral, tanto con inversiones del sector privado como del sector público; entre la complacencia oficialista para que funcionarios públicos metan mano al cajón de los dineros del pueblo en beneficio de grupos de poder privilegiados; entre una inexistente política de desarrollo integral realmente eficiente, así como cadenas de hechos de corrupción entre el sector  público y el ámbito financiero; agregando a tales calamidades improductividad y desatinos en las políticas agrícolas, ganaderas, pesqueras, e incluso de desarrollo urbano, portuario, aeronáutico e industrial,  al tiempo de programas deficientes para fortalecer vías de comunicación, así como yerros en los renglones educativos… En todos esos marcos de inestabilidad, retroceso, parálisis y destinos cotidianos, incluyendo los referentes a sistemas de seguridad en beneficio de la colectividad que han sido rebasados por  ámbitos delincuenciales, se habla ahora de una “Cuarta Transformación” en el país, que por el momento y por su corta existencia, así como por el crecimiento en renglones de inseguridad y del declive en pronósticos financieros, no ha sembrado confianza en los ámbitos productivos del país, lo que no debe ser calificado como un grupo meramente clasista del poderío económico, sino como el sector más significativo en lo relativo “al patrimonio laboral de México” (así, entrecomillado) renglón fundamental para consolidar una nación con las suficientes fuentes de trabajo, que abra caminos elementales e indispensables, para reducir la posibilidad de que nuestros jóvenes dirijan la mirada hacia perspectivas delincuenciales, ante las escasas o nulas oportunidades para trabajar con honorabilidad…

Cierto, apenas transitamos por el primer año de las nuevas autoridades ordenadas por el electorado en los comicios del año pasado… Todos tenemos claro que el tiempo es corto, pero no olvidemos que en el marco del sentir ciudadano priva el criterio “que en lo poco se ve lo mucho” o que “para muestra basta un botón” y las cifras negativas sobre rangos de inseguridad en tierras veracruzanas, nada bueno pronostican… Ahí la dejamos.

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