Causas y efectos

México: Virus del anarquismo

*La impunidad forestal
*Los goles contra el Fisco
*Esperanza ferrocarrilera


No sólo los escenarios dantescos escasamente entrelazado con la experiencia de las nuevas generaciones, como lo han sido los ámbitos de la actual pandemia, originada por un virus hasta apenas identificado por los especialistas (como lo es el Covid-19) han sido origen de profunda angustia y preocupación en todos los ámbitos del territorio nacional y, en éste tema que abordaremos, se incluye a las regiones que no han registrado ni un solo contagio del amenazante coronavirus, hecho que de forma real y palpable permite alimentar el engendro de un virus psicosocial, que otorga curso a nuevos ámbitos de preocupación y que (para colmo de males) incluso a la distancia,  con facilidad contamina a quienes no son inmunes.

La pandemia en referencia cultiva en cuestión de horas e incluso en minutos, a mentes débiles que por padecer anticipadamente de tendencias hacia la desadaptación social, son prácticamente “de inmediato” contaminados por el virus de la destrucción, de la rabia que antecede a la descalificación, la virulencia y la agresión, hacia todo lo que se encuentra en sus entornos: Aparadores, ventanales, portones, tomas de agua, anuncios luminosos, muros, monumentos, cacetas telefónicas, vehículos, semáforos, cámaras de seguridad, jardines, fuentes, oficinas públicas, museos, e incluso agregan a su paranoico trayecto la búsqueda de confrontaciones violentas con elementos de cuerpos policiacos, virulencia que extienden hacia conductores, peatones, comerciantes, reporteros, camarógrafos y equipos en lo general de los medios de información.

Nada ni nadie los detiene, refiriendo rostros descompuestos y permanentemente amenazantes hacia sus entornos, adoptando conforme los ánimos se excitan (ante las indicaciones de sus respectivos manipuladores) referencias notorias de mayor agresividad, sin medir riesgos ni  daños, porque para ello fueron aleccionados por sus titiriteros, que los transformaron en una masa multitudinaria de marionetas guiadas hacia la destrucción, claramente inducidas hacia supuestas escenas de heroísmo, de lucimiento obviamente pervertido, sin advertir que son víctimas manipuladas hacia  la confusión y el desatino, precisamente porque adolecen de la pandemia de la virulencia, del rencor, del desatino y de la destrucción, efectos perversos como si fueran originados por un virus del anarquismo.

Solamente a quienes transitan por la vida ajenos a los valores de la capacitación, de la preparación y del comportamiento apropiado, sólo a quienes transitaron su infancia, adolescencia y juventud en el marco de senderos errados, que son el origen de trastornos en la conducta, se les podría anidar en su espíritu la vocación, no sólo por la descalificación extrema hacia el comportamiento social considerado en sus entornos como habitual, sino a la par de tales conclusiones claramente erráticas, asumir actitudes en marcos del delirio virulento “para corregir” lo que ellos, en los espacios de su delirio delictivo, consideran como apropiado, tal y como sucede cuando acatan sin reflexionar los desatinos impuestos por las muchedumbres de la barbarie de las que forman parte, en su delirante reclamo de paz, justicia, equidad, libertad y desarrollo social, escenarios deleznables que se ejecutan en los ámbitos de la notoria contradicción, precisamente desgastando y quebrantando los derechos y libertades que ellos mismos “reclaman”.

Muchos pensadores e incluso líderes sobresalientes en la historia, como lo fue el inmenso e inigualable libertador de la India: Mahatma Gandhi, predicó hasta morir que todo ser humano estaba obligado a entender y comprender, que la única vía válida para alcanzar objetivos personales o colectivos, lo es “la no violencia”, el diálogo como instrumento de negociación permanente, así como el firme compromiso de actuar apegados a la verdad y a los afanes, que habrán de conducir hacia la instauración del bienestar de la sociedad por entero.

¿Acaso los jóvenes, algunos de ellos aparentemente “estudiantes”, que sembraron la destrucción, la zozobra, la rapiña y el miedo en Guadalajara y en la ciudad de México, nunca han tenido oportunidad de abrevar valores humanistas, que se encuentran implícitos en las áreas escolares, en las bibliotecas, en los templos, e incluso con frecuencia en nuestro propios entornos cotidianos.

La tarea reporteril por las que transcurrieron décadas de mi andar, me brindaron la oportunidad de registrar ámbitos “callejeros” (ya no universidades) en donde se advierten gestos, voces, actitudes y aptitudes que constituyen valederas lecciones de vida, confirmando aquel concepto de que las calles también son espacios aleccionadores, para una mayor convivencia en ámbitos de la armonía y el desarrollo integral.

Refieren los libros sagrados que los evangelios se dictaron en las calles, así como en los montes y las riveras de los ríos, en voz de Jesús de Galilea, réplicas que se registraron posteriormente en el andar de los apósteles, porque no se requiere obligadamente de salones de clases para aprender sobre honorabilidad y esfuerzo,  porque siempre existen lecciones de vida frente a nosotros, tanto en los montes como en los valles, e incluso en los áridos desiertos y en las estremecedores tormentas que rugen entre el vertiginoso oleaje de los océanos.                   

El ser joven o estudiante que reclama mejores niveles para  su desarrollo es un derecho, lo que no lo es, sería que en mi reclamo arrojara sobre un policía líquido inflamable para inmediatamente acercarle un encendedor… Quien tal escenario construye merece prolongada prisión, donde tendría tiempo suficiente para reflexionar e incluso estudiar y, lo  mismo acontece para los destructores de portones que resguardan oficinas o comercios, acción notablemente depredadora y claramente vandálica, propia de un consumado delincuente, no de un joven honorable que demanda mayor bienestar para el conglomerado social y su comunidad escolar.

Aparejado a todo ello, nadie podría ser poseedor de los suficientes argumentos para acreditar como correcto, que la policía, de hecho “desaparezca”, precisamente cuando y donde un tumulto de agitadores y ladrones, destruyen puertas y fachadas de empresas comerciales, con la clara determinación para depredar y saquear lo que conforma parte de un patrimonio cuyo propietario, se convierte en víctima de una extensa  lista de agravios, cínicamente ejecutados con la aberrante complacencia de las autoridades, referencias de incuestionable delito de omisión por parte de los funcionarios públicos y… ¿Cómo es posible que tales arbitrarios excesos se ejecuten prácticamente frente al Palacio Presidencial de nuestro país?… Hechos y escenarios estrujantes e indignantes que tienden a convertirse en rutinarios, en habituales, en tradicionales y todo por la complacencia de las autoridades.

Es prudente, elemental y urgente, el rescatar el orden y la vigencia de la legalidad ante la creciente actividad de anarquistas, que aprovechando el “lado bondadoso” del nuevo modelo gubernamental, dirigen su arrogante actitud destructiva hacia espacios claramente simbólicos del territorio nacional, puntos en donde cual plebe de las pandillas gansteriles de los años 20, desarrolladas al amparo del terror en urbes como Chicago o Nueva York, intentan revivir escenarios para apoderarse de espacios citadinos, la comparación podría resultar chocante e incluso con rangos denigrantes, pero es apropiada para reflexionar sobre el tema, sobre la urgencia de poner orden y asentar el precedente que, la Cuarta Transformación, no permitirá, no tolerará que los sectores emprendedores y generadores de bienestar, se conviertan en víctimas del escarnio de la humillación, de la violación a sus espacios productivos, e incluso del saqueo ejecutado impunemente a unos pasos de la casa presidencial. 

En síntesis, nada justifica desordenes en el país ejecutados en los marcos de la impunidad, ello no sólo desdora la imagen de México en el exterior, lo que frena mayor turismo y el arribo de más y mejores inversiones de empresarios extranjeros, demeritando la posibilidades de crecimiento en fuentes laborales, tema de alta preocupación al interior de nuestro país… Pero a más de todo ello, ya es tiempo que la transformación opere de verdad, tal como lo prometido, para el bienestar de todos los mexicanos, panorama que sigue en etapa de espera y que se encuadra en los marcos de “la esperanza”, expresión vigente desde décadas atrás y… El que mucho espera desespera. Ahí la dejamos.

Lo que se lee

Realmente dramático es el panorama hacia el futuro inmediato de la vegetación en el Pico de Orizaba, la montaña más alta en el país cuya riqueza forestal ha sido depredada día y noche durante el transcurrir de las décadas, más de medio siglo se lleva por parte de organizaciones de protección al medio ambiente, pertenecientes a la sociedad civil, exigiendo que las autoridades federales, estatales y municipales, actúen con la eficacia y la energía requerida para detener la terrible tala de lo que constituyó, la zona montañosa con mayor riqueza forestal en la región central del país, pero nada con eficacia se ha hecho pese a la cercanía entre la capital del país y el Pico de Orizaba, como si existiera un soterrado acuerdo entre responsables de la protección ambiental y los depredadores de lo poco que queda de esa, que fuera, una de las joyas de la naturaleza más apreciadas del mundo.

Y ante las circunstancias negativas imperantes, que década tras década siguen generando la devastación de esa joya forestal, en nada arrojan esperanzas de cumplir con puntualidad su responsabilidad y su objetivo, mismo que es vital no sólo para la actividad agrícola y ganadera de la región y los ecosistemas del área, sino también por el cuantioso números de municipios que requieren de agua y apropiado clima, desde la región porteña de Veracruz hasta las faldas del volcán y todos sus entornos… ¿Habrá la posibilidad de que la Cuarta Transformación intervenga con energía en el tema?… Vaya Usted a saber.

Lo que se ve

La vieja práctica de la evasión fiscal que es una de las tendencias repetitivas en los ámbitos empresariales, no sólo de nuestro país sino de otras regiones del orbe, son práctica delictivas de elevado rango penal, que en éstos días aparentemente y de acuerdo a informaciones difundidas en todo el país, colocan en alto riesgo a la subsistencia del equipo de futbol Cruz Azul, la llamada máquina cementera que según se refiere en medios de comunicación ha sido utilizada para encubrir algunos movimientos aparentemente ilegales, escenario que ha ingresado espectacularmente a los medios de comunicación y que, más allá de los problemas financieros, fiscales y legales que sobre el caso pudieran sobrevenir, originará una profunda decepción y desesperanza entre los numerosos aficionados que el equipo Cruz Azul de siempre ha registrado.

Tiempos de severas tormentas para el futbol mexicano en lo general, lo ha sido el pandémico año por el que estamos transitando, primero el torneo se paraliza y ahora sobrevienen conflictos fiscales aparentemente de significativa severidad… Ya veremos.

Lo que se oye

Se puede coincidir o no con la idea y ahora obra en marcha de reactivar la actividad ferrocarrilera bajo el patrocinio gubernamental, para favorecer el desarrollo económico de regiones en lo particular, que de alguna forma todo desarrollo regional representa parte del crecimiento nacional.

Se escucha en los últimos días que el Tren Maya no es producto de un proyecto profesional sobre desarrollo económico regional, como lo fue la idea de Porfirio Díaz para darle curso al sistema ferroviario del país, cuya obra de mayor relieve fue la ruta entre Veracruz y la Ciudad de México, obra que sin duda alguna se convirtió y sigue siendo en materia ferroviaria, una de las de mayor impacto en beneficio del desarrollo económico y social en la general, que está registrado en la historia de los mexicanos.

Muchos (no sólo el Presidente López Obrador) tienen confianza en que reactivar la vida ferroviaria de México, incluyendo en los programas la reinstalación del servicio para  el trasporte de pasajeros, podría representar un nuevo despertar en los marcos del desarrollo integral del país, pero para ello, si se evitan las marrullerías que por muchos años han invadido los programas ejecutados por el Gobierno de la República.

Claro que el actual es el Gobierno de la Transformación, sólo nos queda por confiar en que de verdad trasformará la ilusión en realidad… Ahí la dejamos.

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