Causas y efectos

Los vendedores encubiertos

*¿Y el derecho al bienestar?
*Pronósticos preocupantes
*Anarquistas dañan al país

Que el Presidente de México, Don Andrés Manuel López Obrador, se refirió en el transcurrir de “las mañaneras”, que en las operaciones de compra y venta de medicamentos, se han detectado a políticos participando como encubiertos vendedores obteniendo jugosos dividendos y, obviamente ello refiere intereses enmarcados en ámbitos de corrupción, en un renglón que representa utilidades multimillonarias a costa del erario público y obviamente del pueblo de México.

Y para amplios sectores de la sociedad mexicana el apunte presidencial no causa la menor sorpresa, en tanto que, el conglomerado social de nuestro país, sabe que en México existe la desviación de recursos públicos desde tiempos inmemorables, incluyendo lo referente al traslado de ciertas empresas que formaban parte del patrimonio nacional y que (¿lo recuerda usted?) fueron subastadas “al mejor postor”, riqueza que bien pudo representar sólido cimiento para el desarrollo integral del país.

Lo indudable y lo innegable en determinadas argumentaciones al interior de la Cuarta Transformación, es que en el territorio nacional, las administraciones federales, estatales y municipales, unas sí y otras no, al igual que unas más que otras, por décadas no cumplieron con objetivos de desarrollo integral que permitieran la presencia de un país dotado de  mayores rangos de seguridad, con mejores niveles de bienestar, de clara certeza en torno al futuro de las nuevas generaciones, un país que reflejara realmente la vigencia en los hechos no sólo de patria y libertad, sino también de bienestar, tranquilidad y prosperidad compartida por todo el conglomerado social, los campesinos, los pescadores, los obreros, los empleados, los profesionistas, los empresarios y todo el conglomerado social sin exclusión de sectores.

El sistema político mexicano y las estructuras que conforman ese “sistema”, no cumplió por décadas de manera cabal y puntual con la responsabilidad de otorgar vigencia real a lo dispuesto por las leyes, sino en ocasiones a medias y en otras ni siquiera en la medianía, pero en ese contexto también es obligado reconocer que quienes hoy conforman las instancias gubernamentales de primer nivel, también formaron parte (de alguna manera) de instancias políticas en ese vertiginoso tobogán en el que el país “crecía lo insuficiente” para luego ser sacudido por “crisis de insuficiencia”, que convirtieron al peso fuerte de México en un rango paritario de “centavitos”.

Si actualmente nuestro crecimiento según evaluaciones monetarias es pronosticado casi como inexistente, estamos obligados todos a reaccionar apropiadamente, antes que la desaceleración económica nos conduzca a escenarios de elevada emergencia y, tales retos, no se pueden afrontar tolerando anarquistas, cuyos escenarios agresivos nos reflejan en el mundo de las finanzas internacionales, como un país con cero crecimiento económico y sumido en el desorden social.

Lo reflejado los últimos días en la capital del país no beneficia a los mexicanos, porque aparte de los daños y costos que ello representa, lo que venimos arrastrando como el tema del aeropuerto, el caso del huachicoleo, el elevado nivel de secuestros, asesinatos y desapariciones, así como la clara y pública confrontación entre grupos políticos que no están distanciados de intereses financieros, nos están proyectando en ámbitos internacionales, como parte de aquellas lastimosas referencias para Latinoamérica calificándonos como los clásicos “países bananeros”.

Sí, es tiempo de reflexionar, es tiempo de que al margen de intereses partidistas sumemos voluntades y esfuerzos, para que sin demeritar los derechos para disentir logremos cultivar la conformación de un país que, con hechos congruentes respeta la democracia en el marco de sus sistema político electoral, pero de la misma forma, desde arriba hacia abajo y desde abajo hacia la cúspide, respetamos las leyes al tiempo de estimular el entendimiento y la suma de voluntades.

Es tiempo de que en México entendamos que cuando quebrantamos la negociación y acudimos a los extremos de la radicalización, colocamos al país en los senderos de la incertidumbre y si en los empresarios, en los trabajadores, en los legisladores, en los profesionistas, empleados, maestros, ganaderos, campesinos, al igual que en  los tribunales y en los niveles gubernamentales, no priva la voluntad de sumar en bien del desarrollo integral del país, si no alcanzamos tales escenarios, incuestionablemente sobrevendrán problemas superiores a los que ya se atraviesan… Más vale una positiva “Cuarta Transformación” que los senderos de la desestabilización… Ahí la dejamos.      

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