Causas y efectos

La ineficacia que condena

*Talón de Aquiles “Azteca”
*Injusticia borra esperanzas
*Los descalabros del país

¿Y en verdad ésos “controles de confianza” que se aplican a quienes trabajan en los cuerpos de seguridad, constituyen un instrumento que, con sólo su aplicación “garantiza” la honorabilidad y la competencia de los cuerpos de seguridad, que le permitan cumplir su elevada responsabilidad?…

¿Con tales “controles” ya no habrá filtraciones de intereses entrecruzados entre los grupos delincuenciales y los cuerpos policiacos?… Escenario que resulta público y notorio que, en los ámbitos del “sospechosísimo”, de siempre se han registrado al interior de todos los grupos de la sociedad del territorio nacional.

Las historias sobre el tema de la desconfianza del pueblo mexicano en sus cuerpos de seguridad, de ninguna forma podrían ser calificadas como nuevas, en tanto que todas las actuales generaciones, tanto las de jóvenes, como las intermedias al igual que las de mayores, crecieron en los marcos de tales referencias, ello es fácil de probar si cualquier encuestador sale a la calle e interroga a los caminantes, sobre los niveles de confianza que les despiertan los organismos policiacos, las respuestas serán en el contexto de la desconfianza e incluso hacia el encuestador.

Siendo un adolecente (sesenta años atrás) encontrándome en la tierra de mis abuelos, escuchaba conversaciones de mayores que incluso comentaban en los marcos de tortuosa ironía: “Y mientras los disparos se escuchaban “por el rumbo de la estación, los policías corrían en busca del gatillero pero hacia “El Tepetate”, punto totalmente diferente “al rumbo de la estación”.

Las historia de rancherías, pueblos y ciudades, no sólo en terrenos veracruzanos sino en gran parte del país, nos exhiben con “un talón de Aquiles, pero Azteca” del que no hemos logrado desprendernos, “talón condenatorio” que se podría resumir a la “ineficacia que nos condena” de manera invariablemente para ser parte del pensamiento emanado del luchador social Martin Luther King, que ya he referido en alguna otra fechas anterior: “Existen núcleos sociales que han pasado de la barbarie a la civilización, sin haber conocido la cultura”.

Decían mis abuelos que la educación y las buenas maneras “se maman”, podría ser, pero ésas mamilas también deberían  existir en los centros educativos, en las abandonadas zonas rurales, en las hacinadas colonias populares, en los hogares de pobres y ricos, en los centros de trabajo y regiones agrícolas, ganaderas, industriales y comerciales, en los cuerpos de seguridad y diversos niveles Gobierno, en los centros asistenciales, porque un país con la riqueza histórica y cultural, que proviene de nuestros orígenes en las tribus del pasado, así como del continente de la cultura como lo es el europeo, pareciera que careció de “las suficientes mamilas”.

Y entrados en el tema, la verdad se debe decir: “Faltaron mamilas arriba y abajo”, como decían mis maestros en la primaria: “Cerca, lejos, arriba, abajo, delante y detrás”.

No deberíamos de hacernos pelotas, es el núcleo social en su conjunto, todos sin excepción, el responsable en lo general de los ámbitos de violencia que ahora nos estremecen, porque no se han generado suficientes fuentes de trabajo atractivas para elevar el nivel de vida; porque los niveles de injusticia social aplastan la esperanza de millones de mexicanos, incluyendo niños que viven entre los miserables; porque los habitantes de grandes extensiones agrícolas obtienen en su calidad de jornaleros infames ingresos, que nos les es suficiente ni para la buena alimentación de sus hijos; porque en las grandes urbes los ricos lo tienen todo en exceso y los pobres no tienen nada; porque la mayoría de los mexicanos transcurre su vida partiéndose el alma para alcanzar un mejor nivel vida en beneficio de su descendencia y, pocos, muy pocos son los que logran tales metas, que de alguna forma deberían encontrarse accesibles para la totalidad de quienes aspiran, con rectitud, hacia mejores niveles de vida, en tanto que lo contrario es precisamente parte del monstruo que gesta el rompimiento con las reglas que rigen a la sociedad… Cito nuevamente al poeta Rubén Darío, en el espléndido texto de “Los motivos del lobo”:

“Y recomencé aquí, a mi defender y a mi alimentar, como el oso hace, como el jabalí, que para vivir, tiene que matar”. Y no se trata de “justificar la violencia” no persiguen éstos apuntes esa finalidad, se trata de intentar profundizar en “sus motivos”… Dicen los expertos que “toda causa tiene como origen un motivo, que el final, sea para bien o para mal, registrará un efecto.

Los efectos de las fallas en nuestro sistema de Gobierno y de las interrelaciones entre un sector laboral y un sector empresarial, inevitablemente interrelacionadas con las formas, objetivos y efectividad en las metas de un Gobierno, en materia de desarrollo integral, son en clara medida en nuestro país parte de los quebrantos sociales y económicos por los que atraviesa México.

Por otra parte, nada justifica la actividad delincuencial porque el imperio de la delincuencia es el mayor descalabro que puede afrontar un país, como tampoco nada justifica los pecados al interior de las estructuras gubernamentales, incluso en algunos casos coludidos con ámbitos empresariales.

Si México se encuentra sumido en ineficacia administrativa gubernamental por pecados cometidos en ámbitos de Gobierno, al tiempo que las mayorías sufren la contracción en sus potenciales fuentes de ingresos, lo que se registrará serán ámbitos delincuenciales arriba y abajo, unos “de cuello blanco” y otros arrastrados hacia el doloroso derramamiento de sangre.

Nuestra realidad no se encuentra a la distancia, se ubica frente a nosotros y requiere efectivamente “de transformaciones”, pero no con aspiraciones de lucimiento partidista sino con real y profundo nacionalismo, que siembre el entusiasmo colectivo hacia un mejor e inmediato porvenir, debemos enderezar al país hacia la paz, la tranquilidad, la seguridad y la clara posibilidad del desarrollo empresarial y de la colectividad en lo general… ¿Podremos lograrlo?… Ahí la dejamos.  

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