Causas y efectos

Indefensos y temerosos

*”Rama” de los Náuticos
*Las sombras y tragedias
*Las fugas apasionadas

Hoy se inician “Las Posadas” aparejadas a la música tradicional de éstasfechas “que visten” los mensajes navideños y las tradicionales “posadas”, lascuales, conjuntamente con aquellos obligados recorridos de las “ramasnavideñas” solicitando “el aguinaldo… Si me lo han de dar”, bellos rasgosculturales de nuestro pueblo que, incuestionablemente, constituyen parte de loque el crecimiento urbano y el escalofriante desarrollo delincuencial, le estánarrebatando a nuestro país, escenarios que para los adultos mayores de laactualidad e, incluso para los “no tan mayores”, constituyeron parte de lostesoros de nuestra niñez y  nuestrajuventud.

Y refiero el tema de “la rama” no sólo en apuntes hacia la etapa de la niñez,sino también en torno a la dorada juventud, porque “presente lo tengo yo”(expresión que le robo para el tema al excelente columnista Gilberto Haz Diez)que en mi etapa juvenil participé en el puerto de Veracruz, allá, por la décadade los sesenta, con un grupo de jóvenes alumnos estudiantes de la prestigiadaEscuela Náutica Mercante Fernando Soliceo, con quienes portando un remo deenormes medidas cubierto de cascabeles, al tiempo de colocar y adornar una ramanavideña sobre la batea de una camioneta, con maracas, panderetas, bongos,guitarras y otros instrumentos hechizos, decidimos recorrer la ciudad deVeracruz, cantando en casas de amigos… “Rama navideña de la náutica que aúndespierta añoranzas”, no sólo  por suoriginalidad, sino por la alegría que sembraba entre quienes recibían nuestravisita.

La fama que generó tal actividad alcanzó tales dimensiones, que nos vimosprecisados a programar las rutas para el recorrido, agendando las invitacionesde numerosas familias porteñas que nos solicitaban lleváramos “la rama” paraentonar nuestros “improvisados villancicos”, apoyados con las referidas panderetase instrumentos de percusión distintos, algunos elaborados por nosotros mismos.

Es incuestionable que cumplimos entusiasmados y dotados de notoriaalgarabía “con la rama navideña de la Náutica”, tanto así  que hasta la fecha, quienes la recuerdan en elpuerto jarocho, la refieren como “la mejor en la historia” de la ahora “Rivieraveracruzana”, práctica que se extinguió paralelamente a los sombríos ámbitos estudiantilesregistrados en 1968, que condujeron a “los trágicos acontecimientos deTlatelolco”.

Pero aquel espíritu de “la rama”, para aquellos tiempos representaba una etapainsustituible (al igual que las posadas) en la vida de los mexicanos, quetenían plena y absoluta confianza en los satisfactorios ámbitos de seguridad ysolidaridad que privaban entre la población, tanto así que en las rancherías,los pueblos y las ciudades, los hermanos mayorcitos se hacían acompañar de losde menor edad, para que todos disfrutaran el placer de entonar villancicospropios de cada región, sin que se presentara ningún rango de preocupación entorno a la seguridad de “los niños”, que peregrinaban noche tras noche pletóricosde alegría portando sus ramas, transitando sin temor (que no fuera al perro dela esquina) por las calles y senderos que, por tramos, en algunos casos lucíansolitarios pero nunca con los rangos de inseguridad que en la actualidad seadvierte.

Recuerdo con toda claridad que, años atrás en mi tierra natal que esCórdoba, de chavito recorría ya oscurecido el día, las calles cercanas a micasa, al igual que lo hacían mis hermanos y mis amigos, no recuerdo haberpresenciado un atentado violento en contra de un menor de edad, e incluso eltema del secuestro, ni en sombras aparecía en nuestros entornos, salvo aquellasversiones de que el novio acelerado “se había robado” a la novia, lo que enverdad nunca había sido “un robo”, sino una fuga apasionada “de ambos dos”,pactada de común acuerdo a la luz del amor y a las sombras del romántico anochecer…Ya tiempo después escuchábamos el encantador lloriquear de un esplendoroso bebé,precisamente en la casa de los felices abuelos.

Para quienes formamos parte de las generaciones mayores de mexicanos, esincuestionable que nunca pasó por nuestra imaginación, un país con lascaracterísticas de inseguridad y desestabilización como el que hemos procreado paranuestros hijos y, desafortunadamente, tal perversión afecta ahora también anuestros nietos.

No debemos confundirnos ni pensar que estamos hechos pelotas, porque los verdaderosculpables de que hoy los niños tengan miedo de recorrer las calles “para cantarla rama”, lo somos precisamente  todosnosotros, los abuelos y en algo de parte la generación a la que le otorgamosvida.

Porque fuimos capaces de casi duplicar el número de habitantes en nuestropaís, pero incapaces para mantener los niveles de bienestar y tranquilidadsocial por los que, tiempo atrás, transitamos en nuestra niñez y en nuestrajuventud, convirtiéndonos por nuestros desatinos, como una sociedad queestimuló un país muy diferente al de aquellos días de la “Rama Navideña de la NáuticaMercante Fernando Siliceo”, dando curso a una nación en la que se desgastaronlos valores y, consecuencia de ello, se gestaron niveles delincuenciales sinparalelo en la historia del territorio nacional.

Es indudablemente que fuimos “todos nosotros” quienes por nuestroserrores y desviaciones, dimos curso precisamente a los ámbitos de terror que, enlos tiempos actuales, les han robado a los niños y jóvenes, espacios que fueronplenamente nuestros, como los parques, los jardines, las calles, las aceras,los campos deportivos, los ríos, arroyos y lagunas, y que a más de ello les hanarrebatado lo más valiosos de nuestro patrimonio, que es “la libertad” dedisfrutar de su entorno y de nuestras tradiciones.

Los efectos delincuenciales que siembran temor entre la colectividad,constituyen los resultados de imperfecciones en nuestros programas para eldesarrollo integral de la sociedad, fallas de nuestro sistema de vida queoriginan el quebranto y la desesperanza, escenarios propicio que han otorgadocurso la marginación, marcos en los cuales regularmente surgen alternativas,ajenas a la rectitud y la honorabilidad, que conducen hacia los ámbitosdelictivos, como perniciosa ruta para obtener dividendos, castigando elpatrimonio, la tranquilidad y seguridad, de quienes lograron con trabajo yesfuerzo mejores niveles de vida para sus respectivas familias.

Transita el México actual, con añoranzas sobre el pasado y preocupacióntanto por el presente, como por el futuro inmediato de nuestro país, referenciasque precisamente originaron “un golpe de timón” aplicado por la ciudadanía parabrindarle el control de la nave a quien, por sus antecedentes, refería laposibilidad de “una transformación”, que frenara las causas que dan curso aniveles de inseguridad nunca antes registrados en la historia moderna denuestro territorio y que, incuestionablemente, colocan en alto riesgo elpresente y futuro del país.

La tranquilidad social es la demanda primera de la colectividad, reclamoque por el momento sigue sin una respuesta efectiva, que no sea el diseño yaplicación de programas nuevos encaminados en su proyección y aplicación, conla idea de abrir mayores niveles de bienestar y oportunidades a sectoresmarginados, que incuestionablemente representan en cualquier parte del mundo,focos de inconformidad proclives por sus propias características haciaactividades fuera de la Ley.

Aparejado a tales programas, se han creado nuevos instrumentos como laGuardia Nacional, cuyo objetivo en su primera etapa ha sido la de hacer sentirque, paulatinamente se aplicará la fuerza para quien delinque, políticas quehan despertado agudas polémicas, sobre todo cuando delitos de elevado impactocomo los feminicidios se han incrementado en lugar de decrecer.

Mucho nos falta por ver y evaluar del México actual y, mientras tanto, hoyse inician las tradicionales posadas, etapa que obligadamente nos remonta alrecuento de lo pasado y la valoración sobre las perspectivas del año que estápor iniciarse… ¿Cuál habrá de ser para usted su respectiva y personalvaloración?

Asiste Rubén Ríos a informe de labores del legislador Nahúm Álvarez Pellico

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