Causas y efectos

El peligroso precipicio

*Semáforo en verde… ¿Será?
*¿Retornar al salón de clases?

*Baja Secuestro y homicidios

Señaló el Presidente Andrés Manuel López Obrador, que “nada ha dañado más a México que la deshonestidad”, en obvia referencia a los casos deshonestos a los que calificó como una acción al interior de la administración pública de “robar, robar y robar”… Y en realidad la verdad le asiste, porque muchos han sido las experiencias que los mexicanos han registrado sobre desvío de recursos públicos para beneficio personal, pero no anotó que lo mismo ha sucedido al interior de los partidos políticos, todos ellos derrochadores por parte de sus dirigentes de recursos financieros, mismos que provienen precisamente de las arcas municipales, estatales y federales.

Por tales manejos sin transparencia (a más de abundantes) al interior de todos los partidos políticos, mucho ha censurado el colectivo social al sistema político mexicano y no se podría negar, que de ésa misma tendencia provienen quienes actualmente se desempeñan en cargos de elección popular, a más de la clara referencia que al asumir los cargos de administración pública, en niveles municipales, estatales y federales, el panorama de vida y confort, efectivamente “se transforma”, como se ha “transformado” en los ámbitos de los actuales funcionarios federales.

Y es que nadie podría rechazar niveles de mayor confort en lo personal y en el entorno familiar, si ante sí tiene la oportunidad de alcanzarlo, pero lo que sí es innegable es que la fastuosidad que al interior de la administración pública se ha registrado (algunos más que otros) ha sido y es en el pasado y en el presente, una de las características más notorias e históricas que han privado no sólo en nuestro país, sino prácticamente “casi en la totalidad” de los países del mundo entero, salvo muy escasas y singulares excepciones, como podríamos referir al inmenso e histórico Nelson Mandela en el territorio surafricano, ejemplo de honorabilidad y respeto a los derechos humanos…

En ésos mismos marcos también podríamos citar con las mismas características a Mahatma Gandhi, el inmortal líder del pueblo de la India, quien refería:

“Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo”…

Pero en un listado de sus más significativas reflexiones, Gandhi, uno de los más lúcidos gobernantes en la historia de la humanidad, nos advierte:

1.-“Si nos cobramos ojo por ojo el mundo acabará ciego”

2.-“Cuida tus pensamientos porque se convertirán en palabras”.

3.-“Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos”.

2.-“Cuida tus actos, porque se convertirán en hábitos”.

5.-“Cuida tus hábitos porque se convertirán en tu destino”.

Apunto tales referencias que ya conforman parte del pensamiento universal, porque el discurso prácticamente cotidiano que forma parte del estilo gubernamental del Presidente Andrés Manuel López Obrador, refiere como característica fundamental exposiciones cotidianas ante los medios de comunicación, cuya finalidad fundamental no refleja precisamente el sumar voluntades hacia la unidad nacional, sino por el contrario, sectorizar a la colectividad en un grupo “de buenos” y en otro “de malos”.

Obviamente “los buenos mexicanos” son los que aprueban con genuflexiones afirmativas las argumentaciones presidenciales, mientras que “los malos”, son los que con rostros de seriedad reflejan no coincidir con dichas posturas, lo que  induce a reflexionar que ante  tales escenarios, a quien gobierna le interesa la evaluación ciudadana de su actuar, pero que sean los que refieran simpatías, al tiempo que quien no coincide con sus particulares puntos de vista, se transforma en un blanco de críticas que configura escenarios gubernamentales de cotidiana descalificación, marcos en los cuales se podrían ubicar a numerosos mexicanos, tantos como podrían ser desenas de millones de ciudadanos, que podrían ser o no la mayoría, pero que refiere lo ilógico e improductivo social y económicamente, de aislar e incluso denostar a millones de ciudadanos, que por su número y niveles de capacidad productiva, conforman parte esencial de los engranajes de la economía, la cultura y el desarrollo integral de la colectividad.           

Quien gobierna ajeno a la realidad de sus entornos y se convierte en un gobernante que no le importan las críticas, está probablemente construyendo incluso sin advertirlo una ruta hacia el distanciamiento de la democracia, porque el gobernante no debe descalificar a quienes piensan y practican políticas que no coinciden con sus estilos y  fines gubernamentales, sino que debe aplicar la corrección convenciendo y sumando esfuerzos, no descartando e incluso dictando sentencia anticipada desde una tribuna en donde lo primordial, precisamente no es agredir, sino sumar voluntades y corregir, como alguien nos dejó maravillosamente referido en la historia del país en los momentos que antecedieron a la independencia de México: “Procedamos a deshacer el nudo sin romper la cuerda”…

Nada ganamos y mucho perderemos (como ya está aconteciendo) si en lugar de buscar los lazos que nos unen para avanzar hacia un mejor país, intentamos ignorar las vinculaciones que otorgan solidez al colectivo social mexicano, en el afán de transformar aniquilando lo que tenemos, para reiniciar de cero una transformación que sería sendero infructuoso si aniquilamos lo logrado, en lugar de estimular la suma de voluntades para mejorar lo que tenemos sin generar escombros en el sendero.

No mirar hacia atrás para evaluar con serenidad y espíritu positivo lo que de real valor atesoramos, al tiempo de esquivar la mirada hacia lo que tenemos para mejorar, procediendo hacia todo lo contrario de lo que la sensatez marca como factible de aprovechar y obviamente mejorar, incuestionablemente podría convertirse en un tropiezo histórico, del que difícilmente nos recuperaríamos las actuales e inmediatas generaciones de mexicanos… Así de complejos son los tiempos que habremos de transitar, máxime cuando ahora “la plaga pandémica” quebranta nuestro bienestar y profundiza el peligroso precipicio.

Lo  que se lee

Echar las campanas al alegre repiqueteo, porque las tierras Veracruzanas fueron declaradas por las autoridades sanitarias como en fase pandémica con tintes verdes, o sea, de bajo nivel en brotes pandémicos, no se antoja un escenario adecuado e incluso, apuntémoslo con claridad, se podría decir que tal calificación pareciera notoriamente optimista (ojalá y me equivoque) en primer lugar porque en los centros médicos e incluso casas particulares, siguen bajo atención miles de veracruzanos y en segundo renglón, porque los recientes escenarios de países del viejo continente incluyendo entre ello a Italia y España (brindo por la España hermana) así como otras regiones del mundo, se han registrado rebrotes de contagios que han colocado en estado de alerta a diversos países, pero al mismo tiempo, el COBIT-19 bien puede ser calificado como un agresor invisible cuya capacidad de contagio y daños redobla (por el momento) la capacidad de respuesta de los países afectados, lo que nos obliga a mantenernos en estado de autodefensa (la nueva normalidad) y en segundo término, porque la real tranquilidad de que avanzamos sólo lo sería la confirmación de medicamentos y tratamientos que liquidan al agresor y, lo más importante, que los mexicanos (como toda la población del mundo) se encuentren vacunados, al tiempo que la vacuna realmente responda a los niveles de inmunidad requeridos para desactivar al virus.

Así las cosas, la real vigencia “del semáforo en Verde” será cuando dispongamos de suficientes y competentes espacios hospitalarios para ser atendidos sin el riesgo de perder la vida y, sumado a ello, cuando todos los veracruzanos y todos los mexicanos, se encuentren vacunados en los marcos de la eficacia y la clara efectividad en los resultados de la vacuna en referencia, todo lo demás considéralo como “rosas en el mar”.

Lo que se ve

Cuidado, escucho numerosas opiniones de padres de familia que definitivamente no estarían de acuerdo en que los niños, adolescentes e incluso jóvenes,  regresen a las escuelas al tiempo que se cancelen las clases vía Internet, porque la argumentación sobre el tema del retorno a la normalidad en centros educativos, puede convertirse de manera inmediata en un repunte de contagios que podría costar la vida de sus familiares mayores, primordialmente porque los pequeños y los jóvenes son los más frecuentemente asintomáticos, por lo mismo, de la escuela podrían trasladar el virus a todos los integrantes de su familia, incluyendo obviamente a sus padres y a sus abuelos.

Temas como la reapertura de centros escolares porque el semáforo en verde se ha mantenido “en prolongado tiempo”, podrían constituir un acto de irresponsabilidad criminal, máxime cuando ya se tiene claro que en otros países, precisamente por escenarios anticipados de distención, la pandemia ha tomado mayores dimensiones y, esos mismos escenarios podrían reproducirse en países como México, en donde por cierto registramos y por mucho, el mayor rango porcentual en el mundo, de muertes a causa del coronavirus y, aunque los refranes apuntan que nadie escarmienta en cabeza ajena, más vale escarmentar con anticipación, que llorar a nuestros difuntos.

Lo que se oye

Excelente que de acuerdo a las estadísticas oficiales, los secuestros y homicidios se han reducido en tierras veracruzanas en el transcurrir del año que está por terminar; el dato no deja de sorprender porque para la mayoría de la población, los niveles delictivos en tierras jarochas siembran desolación e indignación, pero es probable que la reducción no se aprecie, porque en realidad en los ámbitos veracruzanos priva una arraigada sensación de inseguridad, efectos que serán difíciles de superar en tanto que en algunas regiones como la zona centro veracruzana, la actividad delincuencial es recurrente y la población vive con el “Bendito Dios” a flor de labios.

Pero si tal disminución sigue vigente en el transcurrir de los próximos meses, seguramente que sobrevendrán reconocimientos para las autoridades veracruzanas, por el logro alcanzado en dos de los renglones criminales más recurrentes, no sólo en Veracruz, sino en muchas otras entidades del país… Por el momento nos sumamos a las tonalidades optimistas “y que así sea” contestó toda la gente de la aldea.                

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