Causas y efectos

El despertar femenino

*La esperanza de vivir

*Los reclamos ignorados

*El fogón y el vacilón

Aristóteles, uno de los filósofos de la antigua Grecia con mayores reconocimientos en la historia de la humanidad, que incluso en la actualidad sigue siendo calificado al igual que Platón, como uno de los forjadores de la filosofía occidental, tesoro intelectual aún vigente después de haber transcurrido más de dos mil años de su brillante existencia, habitualmente sostenía ante sus expectantes discípulos, que “la esperanza constituyen los sueños por los que el ser humano transita despierto”…

Agregando en su relevante tesis que, si no actuara  el ser humano con la esperanza hacia un mejor porvenir e incluso, hacia la búsqueda de culminar metas personales, incuestionablemente el futuro de la humanidad quedaría colapsado por la ausencia de nuevas metas, de nuevos espacios, de nuevos ideales que por el afán del bienestar surgen primeramente como sueños, como aspiraciones, como imaginarias metas que van impulsando al ser humano con la idea y en la búsqueda de un mayor bienestar.

Y es que desde aquellos lejanos tiempos hasta nuestros días, lo que en realidad más aportación en lo general ha impactado positivamente al conglomerado social en el transcurrir de los siglos, todo ello en beneficio del conglomerado social, ha sido la esperanza de ser libres, la esperanza de pertenecer a un país real y ampliamente independiente, la esperanza de vivir en un mundo con mayor bienestar y equidad, la esperanza de ver a nuestros hijos crecer y progresar, la esperanza de más y mejores fuentes de trabajo, la esperanza de transitar en los marcos de la paz y la prosperidad, la esperanza que la violencia se aparte de los senderos cotidianos que originan masacres, dolor, llanto y desconsuelo.

Y al igual que hace más de dos mil años lo refería Aristóteles, ayer domingo Día Internacional de La mujer, así como hoy lunes, las mujeres mexicanas intentan, se esfuerzan para hacernos llegar de manera contundente, tanto lo que son sus sueños, como los resultados de la furia originada  por esos sueños quebrantados, sueños que en realidad constituyen aspiraciones reprimidas en el prolongado espacio de siglo tras siglos, reclamos que privan en el marco de pesadillas y que refieren aspiraciones truncadas con recurrencia por pesadillas:

1.-Sus sueños y eterno reclamo de igualdad.

2.-Sus sueños de equidad en el entorno social.

3.-Sus sueños de vida justa y por lo mismo satisfactoria.

4.-Sus sueños de respeto total a su integridad, a sus espacios y a su transitar en los marcos del conglomerado social.

5.-Sus sueños para valorar con precisión todos sus sentimientos incluyendo el de su silenciosa frustración.

6.- Sus sueños que enmarcan eternos sueños y viejas aspiraciones.

7.- Sus sueños  de que sea respetada su integridad, tanto en lo personal como en su entorno.

8.- Sus sueños como mujer, sus sueños como hija, como hermana, como esposa, madre y compañera de trabajo.

9.- Sus sueños de equidad y de espacios de libertad.

10.- Sus sueños como profesionista, como empleada, como comerciante, como obrera, como campesina y como verdadera Reyna del Hogar.

11.- Sus sueños como pieza angular en la familia.

12.- Sus Sueños  como eje y motor del desarrollo familiar y por lo mismo del conglomerado social.

13.- Sus sueños en torno a su aportación laboral en beneficio desarrollo integral del país.

14.- Sus sueños como electora mayoritaria que, por su número de integrantes en el padrón electoral, resulta superior al listado electoral de los hombres.

Por todo ello y mucho más, apegados a los conceptos aristotélicos, podríamos referir que hoy, día en que la mujer enmarca su reflejo de agotamiento, fastidio y reclamo de sus derechos, apropiado es anotar con toda puntualidad, como sentenciaba el connotado filósofo griego: “”Que hoy y siempre, la esperanza también es el sueño de las mujeres despiertas”.

Y no cometamos el hierro de desvirtuar la intensión que persigue el movimiento feminista, actualmente vigente en el territorio mexicano, tratándole de acreditar orígenes “coloreteados” con tintes partidistas, porque debemos asumir la clara realidad de nuestros tiempos (que no son tan nuevos) en los que para muchos mexicanos sigue privando la idea, el concepto e incluso me atrevo a referirla como “la cultura”, de que la mujer nació para la casa y el fogón, mientras el hombre para el sustento y el vacilón, referencias que forman parte de “la picardía” mexicana, pero que con marcada recurrencia pareciera el sendero dogmático que priva en determinados ámbitos de la colectividad y, no sólo de México, sino de muchos otras regiones del mundo.

Es indudable que la violencia ejercida contra un dramático número de mujeres mexicanas, escenarios en los cuales se ha llegado a los ámbitos del asesinato de manera recurrente, constituye una realidad innegable y por lo mismo irrefutable en tierras mexicanas (y Veracruz es un ejemplo de ello) hechos a los que se agregan agresiones, lesiones y explotación, rangos claramente tipificados como delitos, que con significativa recurrencia no han registrado la actuación oportuna y apegada al derecho por parte de las autoridades, lo que originan espacios de impunidad que, por décadas, vienen conformando los fundamentos impugnables para que las mujeres asuman con todo apego a sus derechos, la protesta iracunda como reclamo, reactivando las gastadas  demandas de mayor justicia, para que en México simple y sencillamente se elimine la injusticia y prive la razón y la legalidad.

Fue el voto mayoritario de las mujeres el que fortaleció el triunfo electoral en los ámbitos federales y en las tierras veracruzanas, que favorecieron y consolidaron las aspiraciones de quienes actualmente legislan y gobiernan tanto en el Estado de Veracruz como en el país… Ese voto “contundentemente mayoritario” del sector femenino, hoy debe ser atendido, comprendido y evaluado, precisamente cuando esas electoras en éstas fechas, con su actitud de paralización y su voz, reclaman mayor y determinante atención hacia los graves problemas que afectan a las mujeres de nuestro país, incluyendo lamentablemente a niñas y niños, cuya vida ha sido quebrantada por los yerros del sistema de la administración pública mexicana, no sólo en la actualidad, sino de tiempo atrás, quebrantos que contravienen la aportación, la honorabilidad, el esfuerzo, la capacidad y lealtad de las mujeres mexicanas, tanto para con nuestro país, como para la compleja tarea que representa el cumplir con los deberes como  madres, al tiempo que son golpeadas por la inequidad, la carestía y los aterrorizantes niveles delincuenciales.

Vergüenza y orgullo debería de generar en el contexto nacional el llamado al reclamo abierto de las mujeres mexicanas, porque son ellas los pilares fundamentales de todo conglomerado social, que por décadas en el territorio nacional han soportado en silencio un panorama de espanto, angustia, furia, impotencia, dolor e injusticia creciente, en torno a las agresiones violentas e incluso de degradación moral, mismo contexto en el que se convierten en víctimas repetitivas de la sordera hacia sus reclamos y, no sólo en los círculos oficiales, sino que se deben de incluir de la misma forma los ámbitos del contexto social, marco en los cuales la colectividad refiere su clara desatención y desinterés, para sumar su voz y acciones reclamando equidad y puntualidad, en la administración de justicia para temas de feminicidios, infanticidios, explotación laboral y sexual, desatención que marcan etapas de irreflexión y desgano, dando curso a la omisión irresponsable, ilegal y fuera de toda lógica.

Nadie en los congresos estatales, nadie en las alcaldías, gubernaturas o cuerpos legislativos federales, nadie en las instancias del Gobierno Federal abarcando los marcos judiciales, desconoce la inequidad y rangos de explotación por la que transitan las mujeres,  así como los niveles de violencia y permanente desdén, marcos de explotación y abuso de que son objeto en el hogar, en las calles, en los centros laborales, en los ámbitos educativos, en los centros de diversión, en fin, pareciera que las mujeres viven en un mundo donde los privilegios son para el sexo masculino y lo secundario tendrá que “ganárselo” la mujer, poseedora del más valioso don de la naturaleza, que es el de la gestación y por lo mismo la prolongación de nuestra especie.

Claro que les asiste total y absolutamente toda la razón a las mujeres de México, para elevar la voz y declararse 24 horas en suspensión de labores… Se aplaude la determinación porque es tiempo que las mujeres mexicanas refieran con claridad que tienen claro conocimiento de su valiosa aportación, no sólo como madres, sino como hijas, esposas, como empleadas, como campesinas, como obreras y profesionistas, aportaciones cotidianas cuyo esfuerzo con frecuencia supera al de la pareja, ámbito que por sí mismo apunta sobre su relevante, determinante e invaluable presencia en el contexto nacional y, por lo mismo, por lo que son, por lo que representan para el presente y el futuro de la humanidad, por lo que aportan cotidianamente para el desarrollo de un país de mayor tranquilidad y crecimiento, por lo que sacrifican en beneficio de sus hijos e incluso de su pareja, por lo que constituyen como pilar significativo para el bienestar de México, así como factor de aliento y esperanza de nuevas generaciones mejor capacitadas para el desarrollo integral del país, por todo ello, debemos hoy respetar la determinación que libremente adopte cada mexicana, quien en reclamo de sus derechos deberá asumir sin amenazas ni temores, la determinación que considere conveniente y que éste día, represente el despertar de una nueva fuerza de opinión que en gran medida se ha mantenido discretamente silenciosa… Son tiempos de un nuevo país, ni duda cabe y confiemos en que habrá de ser para beneficio de todos los mexicanos…

Bien lo refería Aristóteles: “La esperanza la constituyen los sueños, por los que el ser humano transita despierto”: Ahí la dejamos.

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