Causas y efectos

El antes y el después

*Cuitláhuac: Buen mensaje
*Un novedoso Hotel Xalapa 
*Los pendientes de Yunes


De hecho y en forma inobjetable, pareciera que los dramáticos efectos del coronavirus, que cada día extiende con mayores dimensiones sus dramáticos efectos sobre la colectividad, se han transformado (palabra muy de moda) en el mejor distractor sobre la otra tragedia por la que transitan los mexicanos, superior a la desigualdad e injusticia social que también nos lastima, tal como lo constituye “el virus de la violencia” endemia social que también aniquila, paralelamente a la siembra del dolor y la desesperanza entre decenas de millones de mexicanos.

Y es que alineada con el coronavirus, la pandemia delincuencial está exterminando no sólo vidas y ámbitos de tranquilidad, sino que abona hacia el malsano incremento de quebrantos empresariales, en tanto que la extorsión, el robo, el asalto y el secuestro, aparejado a elevados niveles de asesinatos, en cualquier sociedad y época, constituyen factores que debilitan proyectos de inversión y (“al revés volteado”) dan curso al desgano e incluso temor de invertir en cualquier renglón, que pudiera ser identificado por los grupos criminales como fuente de ingresos y caja registradora preñada con dividendos.

Y la ya no sólo preocupante sino “dramática etapa virulenta” que heredó el actual Gobierno “transformador”, en lugar de operar con oportunidad y eficacia para reducirla, “sus lagunas” en el tema (para no decir garrafales yerros) han dado curso a incrementos en robos, asaltos, extorciones, secuestros, lesiones y asesinatos, cuya suma de hechos nos colocan ya no sólo igual a lo que se pretendía “transformar”, sino en algunos rubros delictivos, por encima de hechos similares registrados en los ahora maltratados “gobiernos liberales”.

El atentado contra mandos de seguridad registrado en la misma sede del poder presidencial transformista, nos deja un dramático testimonio de rango histórico, indicador que el practicar las políticas de “abrazos, no balazos”, constituirán por siempre una utopía en lo marcos de un mundo, de un universo en dónde el único orden perfecto es el equilibrio existente entre planetas y galaxias, porque el ser humano ha sido incapaz de alcanzar los niveles de perfección, en la conformación de conductas y objetivos para bien de la humanidad, integrada por quienes fuimos dotados de inteligencia, de múltiples capacidades físicas y dones sin par, como lo es identificar “lo bueno, lo malo y lo feo”, aparejado todo ello al “libre albedrío”… Pero hoy nos invade la violencia, nos somete la inseguridad, rangos también pandémicos de un país y obviamente un sistema de Gobierno, que fecha tras fecha incrementa más incertidumbre que certeza, cumpliéndose la sentencia que desde tiempo atrás intento dotarla de apego infalible a la realidad: “Gobierno que siembra dudas, cosecha desesperanzas”…

¿Será que la actual “Transformación” que desde la cúpula gubernamental se promueve para el país, habrá de cosechar desesperanzas?…

Muchos son los que coinciden que el mensaje a la nación pronunciado en la Tribuna Legislativa por el Don Andrés Manuel López Obrador, el día que rindió protesta como Presidente de los Mexicanos, refiere el contexto de un ideario que reduce el restar para privilegiar la suma, al tiempo que alienta la esperanza de restablecer la tranquilidad social, no sólo incrementado la generación de empleo, sino aplicando la ley para revalorar el orden, tanto social, como económico y, a la vez, fortalecer la generación del desarrollo integral de la colectividad.

De tales compromisos presidenciales ¿dónde estaban los resultados antes de que se presentaran los lamentables escenarios pandémicos?…

Porque las referencias del desplome en la productividad y la generación de empleos, nos impactó con rotunda claridad en el primer año de la actual administración transformadora y… Ya no digamos en el segundo, cuando la pendiente del derrumbe se triplica aparejada a los efectos devastadores de la Pandemia que nos mantiene en cuarentena.

Pero ya antes de tales referencias “corona-víricas”, en los ámbitos de la economía mundial se citaba a nuestro país en claro descenso productivo, enmarcando significativo decrecimiento en la generación de empleos y obviamente disminución en renglones comerciales y de servicios en lo general.

Los niveles de desempleo registrados en los primeros 16 meses de la administración transformadora, originaron no sólo calificaciones negativas en lo referente a crecimiento (citaban cero desarrollo) sino que al mismo tiempo se pronosticaba que México atravesaría el año 2020, en ámbitos económicos de elevada complejidad que de alguna forma referían niveles de preocupación, insisto, desde las perspectivas del exterior y sin que se involucraran aún los inimaginables escenarios pandémicos, los cuales, si están originando daños preocupantes a los económicamente fuertes, muchos más escombros generarán entre los débiles.

Los apuntes no constituyen reflexiones catastrofistas que pudieran estar alentadas en tendencias políticas-partidistas, o en turbios intereses de núcleos empresariales monopolistas, de ninguna manera, prueba de ello lo refieren lo que ya registramos en la actualidad: 

a).- Miles de trabajadores que “prestan” sus servicios en comercios, oficinas, sistemas de transporte y empresas en lo general, transitan por una etapa en la que no perciben ingresos o son menores que los que tenían asignados, ello incluso ante “reapertura parcial y paulatina” que por momentos se aplica y, por contraordenes, se vuelve a cancelar.

b).- Un significativo porcentaje del sector laboral que opera en la mayor parte del país, es afectado negativamente tanto en sus ingresos como en sus egresos, ello como resultado de que se les paga en base a ciertas restricciones salariales ante la crisis económica nacional, al tiempo que todo lo que consumen incluyendo alimentos, han registrado impresionante incremento en su precio, e incluso las ofertas en centros comerciales han decrecido de manera notoria, lo que coloca claramente al sector laboral y sus familias contra la pared.

c).- Si bien es cierto que los combustibles tendieron hacia notable descenso en su costo, la otra verdad refiere que se está incrementando su precio de manera artificiosa, porque hoy en el mundo el precio de la gasolina está a la baja, pero el Gobierno de México ha tenido que incrementarle “unos centavos” (¿?) tratando de recuperar algo de  lo que deja de ingresar por la exportación de petróleo hacia mercados internacionales, totalmente deprimidos en ése rubro.

Es indudable que son los escenarios pandémicos al interior de México, como en el exterior, los que otorgan mayores efectos negativos en los reglones económicos, tanto familiares como empresariales, tanto en fabricantes o comercios como entre productores del campo, todo ello impactando a la colectividad en su totalidad, debido a su condición ineludible de consumidores.

Se puede referir que en tales marcos y preocupantes escenarios, México transita anhelando una progresista Cuarta Transformación, lo que se podría “transformar” en la aplicación de nuevos estilos y  programas, que más allá de la Transformación, primero nos conduzcan hacia “la recuperación”, porque está claro que por demonios pandémicos (coronavirus y delincuencia) México afronta un escenario negativo no registrado desde hace muchos años (no sé cuántos) pero deben de ser “muchos”.

Y vale apuntar que en tales retos no sólo se encuentra la tierra de los Aztecas, Tlaxcaltecas, Totonacas, Mayas, Chichimecas, Zapotecas, Nahuas y muchas más, sino que gran parte del planeta tierra, afronta lo que habrá de considerarse históricamente, como un antes y un después… Ni de más, ni de menos.

Lo que se lee

Razón le asiste al gobernador Cuitláhuac García Jiménez, cuando en un mensaje dirigido al pueblo de tierras jarochas, refirió que Veracruz debe ser integrado por toda la sociedad “como un solo equipo” para afrontar la pandemia, porque sólo unidos podremos superar los daños directos y colaterales que están originando, tanto en el bienestar de la colectividad, como en  los marcos de la economía en lo general.

Nada podría ser en éstos momentos más importante que la unidad de los mexicanos (de los de arriba como los de abajo) para juntos encontrar y sumar empeños, que nos permitan resolver los problemas que se encuentran en desarrollo y que podrían alcanzar mayores y dramáticas consecuencias… Buen mensaje.

Lo que se ve

Que ante el severo declive turístico e incluso de actividades empresariales, todo ello originado por la pandemia, el espacioso Hotel Xalapa propiedad del Instituto de Pensiones del Estado de Veracruz, catalogado como uno de los más importantes en tierras veracruzanas, ha decidido dedicar un gran número de las 200 habitaciones de que dispone, para alquilárselas por mes (bajo ciertas reglamentaciones en especial) a los estudiantes o profesionistas que así lo requieran, promoción que tendrá un costo de 2,500 y 3,000 pesos mensuales, de acuerdo a si son de una o dos camas.

Obviamente privará un reglamento especial para el buen uso de las instalaciones, confiándose en que los resultados de ésta promoción registren significativos beneficios tanto para los huéspedes, como para Pensiones del Estado, que administra  el patrimonio de los trabajadores al servicio del Gobierno de Veracruz…

El anuncio incuestionablemente originará comentarios a diestra y siniestra, como ya es habitual en los marcos de la colectividad jalapeña y veracruzana en lo general.

Lo que se oye

Claro que existen motivos originados por agresiones verbales registradas en el pasado “no tan distante”, para que entre el Presidente de México: Don Andrés Manuel López Obrador y el Exgobernador de Veracruz: Miguel Ángel Yunes Linares, pudieran registrarse recordatorios de hechos y el consecuente y folklóricamente tradicional “ajuste de cuentas”…

“Ya cállate… Loco” fue un mensaje muy peculiar que el entonces Gobernador veracruzano Yunes Linares, le dirigía a quien realizaba su campaña morenista como candidato a la Presidencia de la República.

Dicen que “el olvido” es una práctica recurrente en los marcos de la vida política mexicana, pero de la misma forma también es recurrente el que, en los espacios del disimulo, se proceda para la clásica no venganza… Sino “des-quitanza”… Despacio y nos amanecemos.

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