Causas y efectos

*ATENTADO: “PRESUNCIÓN CIUDADANA”

*PREOCUPANTE DICTAMEN EN LAS REDES

*LA CONFUSIÓN Y HARTAZGO EN EL PAÍS

*EL INFUNDADO RUMOR CON SUPUESTOS

Aún no se refería la más mínima opinión de funcionarios públicos o expertos en aeronáutica, cuando ya escuché y leí opiniones en múltiples sentidos, pero todos coincidiendo en que tenía como origen “un atentado”,  la tragedia donde perdieron la vida Marta Erika  Alonso Hidalgo, gobernadora del estado de Puebla y su esposo Rafael Moreno Valle Rosas, ex gobernador de la entidad poblana y actual senador de la República, así como Héctor Baltazar Mendoza, asistente del Senador y los dos pilotos que operaban la nave colapsada, hechos registrados apenas a tres millas náuticas del aeropuerto internacional de la Ciudad de Puebla, o sea, a escasos minutos de haber emprendido el viaje con rumbo a la ciudad México.

“¡Los mataron!”… “¡Fueron eliminados!”… “¡No fue un accidente, es un asesinato!”… Apenas nos estábamos enterando del lamentable suceso, es más, no se terminaban de otorgar datos esenciales de los hechos a los medios de comunicación, cuando los celulares ya estaban plagados de mensajes refiriendo que “había sido el resultado de “un complot”, muchos cibernautas dotados de mínima información pero coincidiendo en que, “el crimen”,  había sido orquestado por “LAS MAFIAS DEL PODER”…

Y refiero las “sentencias”  así, en plural, porque éstos, aquellos, los otros, señalaban con dedo acusador a unos colores partidistas al tiempo que, otros, dictaban sentencia refiriendo como origen “del magnicidio” a otras tonalidades del ámbito político electoral y de paso también, al núcleo empresarial.

Ese cúmulo de apresuradas opiniones vertidas en forma colectiva y por lo mismo multitudinarias, plagadas de confusión y desinformación, con dedo acusador y sentencia dictada a priori, incluso antes de que los informadores profesionales nos brindaran detalles elementales de los lamentables hechos, apuntan, reflejan por sus propios matices, la vigencia de una sociedad sumergida en una vorágine de incredulidad, confusión, inconformidad y hastío de la tormentosa vida política que se registra en nuestro país.

Y como actualmente se estila referir como una “moda” del lenguaje político: “No nos hagamos bolas”, es obligado el insistir con los pies en la tierra: Los accidentes sí existen, como nos decían en las primarias de mis viejos, viejísimos tiempos, pero más de ello, los escenarios pueden originarse e interpretarse desde “dentro, fuera, arriba, abajo, delante, detrás y… De lado”… De acuerdo con el perfil con el que se miren.

Obviamente “de lado” lo interpretarán quienes se sientan indiciados por la vox pópuli como involucrados (impropiamente) como probables autores intelectuales del fatídico accidente… E insisto con todo respeto hacia mis amigos o lectores que participen de éste anticipado “juicio sumario”… ¿Por qué no esperamos el dictamen de los expertos capacitados, para que nos informen las causas que originaron la tragedia?

Claro que como ciudadanos libres tenemos derecho de pensar apegados en nuestro libre albedrío, pero en ese mismo contexto, no tenemos evidencias contundentes en nuestro poder para poder asegurar que no fue un accidente, que todo se registró como producto de un atentado y que, por lo mismo, constituye “un asesinato” e, incluso le otorgamos como origen a “la mafia del poder”, ese ente imaginario creado por el colectivo popular.

En el mismo contexto, esa avalancha de opiniones acusatorias que por el momento conforman un señalamiento escalofriante, dictado sin evidencias válidas en las manos de un “jurado popular”, constituyen una referencia clara, puntual y contundente, hacia las diversas estructuras políticas, jurídicas, policiacas y administrativas de los poderes públicos de nuestro país, de los elevados y preocupantes niveles de angustia, de inconformidad, de incredulidad, de reclamo, repudio y agotamiento, que el colectivo social mexicano refleja hacia las estructuras del poder político y hacia los distintos niveles  de la administración pública, así como, en especial, hacia los sectores de seguridad y de la impartición de justicia, apuntes con índice acusador que refleja con claridad, precisamente en esa sentencia anticipada, en referencia a que, los hechos de Puebla, constituyen un crimen maquinado en las esferas del poder, sin que para ello hubiera existido prueba alguna e incluso antes de cualquier peritaje.

Debemos tener claro que ese preocupante y dramático escenario, que incitó al colectivo social para dictar o sumarse a una “sentencia a priori” frente a la tragedia en Puebla, constituye prueba contundente del agotamiento y hastío de la sociedad, que por décadas, ha sido impactada por la inequidad; por una abismal diferencia entre ricos y pobres; por sentencias injustas en los juzgados; por miles de crímenes en el territorio nacional sin castigo alguno; por una carestía creciente que castiga a millones de menores y ancianos en los renglones de vestido, vivienda, sustento, alimentación, servicios, asistencia médica y educación, barreras hacia el desarrollo equilibrado y justo que, en lugar de decrecer pareciera que se están incrementando.

Las reacciones de las mayorías de mexicanos que la tarde-noche de Navidad, por vía de las redes “dictaminaron” como “un crimen” la tragedia (“accidente”) registrado en las cercanías del aeropuerto de Puebla, constituyen subliminalmente un “yo acuso” hacia los sectores de políticos mexicanos, de utilizar no las leyes y las normas, sino la violencia para “resolver” diferencias y, tal reflejo en las redes de Internet y en las reuniones familiares navideñas, refieren con puntualidad, no la realidad confirmada, sino meros supuestos tanto de adversarios como de incautos.

Pero lo que sí es real  y mayormente preocupante, sin duda alguna, es que el fenómeno en redes registrado en torno al lamentable suceso, lo es el creciente desacuerdo, la notoria inconformidad, el claro hartazgo y la convicción de amplios sectores de la colectividad, sobre la existencia de un sistema, estilo, comportamiento y actitudes de quienes nos representan y nos gobiernan, apartados de los intereses de las mayorías y, al margen de la honorabilidad que debería distinguir a quienes gobiernan, administran y dictaminan, tanto en los ámbitos ejecutivos, como en los del renglón legislativo y judicial.

Las reacciones impresionantemente multitudinarias de descalificación sobre el anuncio de “un accidentes” donde perdieron la vida connotados poblanos, incluyendo a la Gobernadora y el Senador del estado de Puebla, refiriéndose por redes de Internet que “fue asesinato, no accidente”, apuntan sin lugar a dudas, que son muchos los mexicanos que apuestan, con los ojos cerrados, que la ilegalidad, la violencia e incluso el crimen, han sido recursos que en círculos políticos se utilizan en el marco de la ambición y la pugna por alcanzar niveles de poder, no para beneficio de la colectividad, sino para favorecer a los grupos con intereses personales por sobre las opiniones, así como derechos de la colectividad y, esa ausencia de credibilidad, incluso sin fundamentos, podría colocar a determinados sectores de la sociedad, al filo de la resistencia civil y el estallido social: ¡Cuidado!… Ahí la dejo.

 

LO QUE SE LEE

Que integrantes de las fuerzas del Ejército Mexicano, de la Marina Armada de México, de la Policía Federal, así como de Seguridad Pública del Estado, se están instalando en diversos puntos estratégicos de la zona centro de Veracruz, para aplicar un programa de acciones en favor de la seguridad en las regiones de  Huatusco, Coscomatepec, Fortín, Córdoba, Amatlán, Orizaba y Ríos Blanco, Ciudad Mendoza, Nogales y toda la Zona de las grandes montañas.

LO QUE SE VE

Que dichas instituciones estatales y federales, actuarán de inmediato en apoyo de la restauración de la tranquilidad en la región, operando de común acuerdo con las autoridades de cada uno de los municipios comprendidos en el proyecto.

LO QUE SE OYE

Que ya en anteriores ocasiones y con otras administraciones tanto estatales como municipales, se crearon estrategias para restablecer la tranquilidad en la región, sin embargo no se obtuvieron resultados satisfactorios e, incluso, los delitos se incrementaron, por lo que ahora se espera que, de verdad, con las actuales autoridades estatales y federales, así como municipales, se logren los objetivos que la sociedad reclama desde años atrás.

alfredorioscolumnas@yahoo.com

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