Causas y efectos

Atentado contra el país

*Transformación dictatorial

*Deportistas en notas rojas

*Irritación en cañaverales

Por si solos, por sus propias referencias de irresponsable barbarie, las marchas “de jóvenes” (así entrecomillado) registradas tanto en la histórica ciudad de México, al igual que “en la ciudad de los ojos bellos de las tapatías”, definitivamente no constituyen ningún ejemplo de reclamo civilizado y mucho menos (“lo juro por Dios Santo” dirían en el rancho de mis abuelos) de un movimiento que por sus propias características reflejara civilidad, patriotismo y confiabilidad.

Más allá del supuesto reclamo de mayor desarrollo integral y administración de justicia rápida y expedita, lo que se advirtió en la capital del país y en la capital de los tradicionales mariachis (los mariachis callaron) constituyeron remedos de actos vandálicos incluyendo escenarios que constituyen delitos con elevada carga penal, como lo es atentar contra inmuebles tanto públicos como privados, en varios de los cuales más allá del claro daño económico que de manera flagrante constituyen, se debe agregar lo más delicado, que tales edificios reciben el calificativo de históricos e incluso verdaderas joyas de arte que, en partes,  fueron transformadas en escombros.

No existe en la historia actual del país un movimiento sociopolítico de reclamo hacia ámbitos de la administración pública, como el registrado en el Movimiento Estudiantil de 1968, tiempos aquellos en los que hoy recuerdo otras actividades severas de protesta contra “el estado de cosas”, pudiéndose citar en ellos al “Movimiento Ferrocarrilero”, así como al “Movimiento de Médicos”, escenarios que están plasmados en la historia del país con hechos incluso de brutalidad policiaca, persecución y represión laboral, pero con todo y ello, con todo y que fue notoria, clara y contundente la violación de derechos humanos en contra de los “alebrestados”, en los que se incluía a mi señor padre como ferrocarrilero y a muchos de nosotros, igual que todos, estudiantes de diversas instituciones (entonces jóvenes lectores de Mao, de Fidel Castro, de Ernesto el Che Guevara)… Y ni así, con todo y acciones de dura represión, nos atrevimos a escenificar una acción en donde uno de nosotros, cautelosamente bañara de un líquido altamente inflamable la espalda de una policía, sin que ella se percatara en lo más mínimo de lo que acontecía sobre su persona, hecho en el que “el criminal manifestante” culmina activando un encendedor que origina inmediatas llamas envolviendo al policía, el cual, para salvar su vida se arroja velozmente al suelo frotándose contra el pavimento para sofocar la llamas, las que no controla del todo hasta que llega un bombero arrojándole el contenido de un extinguidor y el fuego afortunadamente se extingue.

El día anterior a la marcha destructiva en la Ciudad de México, en el centro de Guadalajara, se refirieron escenarios transmitidos “en vivo” en donde se anotan para el presente y para la historia, a un grupo de recios muchachos obviamente encapuchados, como si se tratara de los rines en donde se montan circos de maromas y teatros, todos dispuestos a destruir portones de rangos históricos pertenecientes al pueblo de todo Jalisco y, de manera más amplia al pueblo de México, porque forman parte del patrimonio cultural y estructural de toda la población del país, para no decir que del mundo entero porque lo cultural es universal.

Claro que afortunadamente no trataron de “incinerar vivo” a nadie (como sucedió un día después en la Ciudad de México) pero de la misma forma los hechos por sí mismos desacreditan el lado positivo que pudieran registrar las manifestaciones de protesta o en demanda de algo que resulta sobresaliente para el beneficio del país y por ende de la colectividad en lo general.

Los hechos incuestionablemente en éstos momentos son blanco de comentarios tanto dentro, como fuera del país, ante tales escenarios quien de igual manera resulta como perdedor, no es el Gobierno de los mexicanos, no lo es el Gobernador de Guadalajara, de ninguna manera, porque quien al final del día resulta perdedor lo es el pueblo de México en lo general y tales efectos son fácil de entender…

¿Qué grupo empresarial que en extranjero por vía de los medios se entera de que sucede en México, estaría dispuestos a invertir o simplemente a recorrer como turista, a un país donde convierten a policías en ardientes llamas, o destruyen palacios de gobernantes, establecimientos comerciales, oficinas en lo general y a más de ello, invitan a las posibilidades del saqueo y al rompimiento de la estabilidad social?…

Si en lo últimos meses México ha dado pasos atrás en su economía y en sus perspectivas hacia el futuro inmediato, si en ésos mismos espacios priva en el país no sólo una pandemia como la generada por el coronavirus, sino que se han sumado otras pandemias más como las del desorden y cierre en vías de comunicación, la destrucción de edificios históricos tanto públicos como privados, la agresión criminal contra policías, espacios negativos que se suman a los puntos negros de la pandemia delincuencial, que arrastramos en permanente crecimiento desde hace varios lustros, agregando ámbitos negativos en los renglones de la administración pública y el desarrollo social, entonces tendremos que resignarnos a que seguiremos transitando en un país en el cual, tanto las pandemias que agreden los niveles de salud del pueblo, como las que destruyen la seguridad, el patrimonio familiar y la economía en lo general, continuará en transitando sobre la tierra de volcanes, al tiempo que nos preguntaremos: ¿Y dónde quedó la prosperidad compartida?… ¿Y dónde quedarán los rastros del desarrollo transformador?… ¿Y dónde quedaron los soplos del huracán?

Lo que se lee

En el transcurrir de los últimos días de asueto, digamos que hace unas horas, el Presidente de los Mexicanos refirió con energía que “Es tiempo de definiciones: O se está por la Transformación o se está en contra… O se está por la honestidad, o se apuesta por la corrupción”…

Los especialistas en materia del comportamiento humano, con frecuencia y de tiempo atrás han insistido, que tratar de inducir al conglomerado social hacia ideas que son extrañas o contrarias a sus convicciones, constituye una de las conductas gubernamentales,  que más riesgo conlleva de que se pudiera calificar como impositivamente dictatorial, lo que no es saludable si nos encontramos en los andamios que permitan renovar y fortalecer la vida democrática, ámbitos en los cuales el “estar en contra” es un derecho natural e irrevocable del ciudadano, o de grupos o corporaciones conformadas por ciudadanos.

Impropio y por lo mismo claramente improcedente, es el que un ciudadano al que le asisten derechos constitucionales de plena libertad, reafirmo: Plena, para decidir sobre su andar en los marcos de la vida política, se le pueda constitucionalmente identificar que, por estar en contra de un proyecto presidencial, “se debe a que está apostando por la corrupción”, es un error incluso para los afanes de la “nueva transformación”, que se intente penalizar o acreditar “como corrupto” a quien no coincide con los puntos de vista de un funcionario público, sea cual fuere el tema de que se trate.

La libertad de expresión, la libertad de pensamiento, la aplicación del libre albedrío en los marcos de lo establecido por la constitución, no deja espacios en el contexto constitucional para sustituir esa libertad por puntos de vista de funcionarios públicos, aún y sean con el afán de obtener dividendos en favor de proyectos gubernamentales, porque la disidencia sin transgredir la constitucionalidad, ni está penada, ni debe ser degradada de forma artificiosa utilizando el poderío gubernamental.

Si pretendemos elevar los niveles de bienestar del país (lo que no constituye una gracia del Ejecutivo sino una obligación constitucional) entonces debemos o deberíamos en esos afanes para cimentar el bienestar colectivo, estimular la productividad apoyados en programas de desarrollo empresarial y socioeconómico, sumando voluntades tanto de los unos como de los otros, para alcanzar mayores logros, lo que no será posible si continúan los elevados índices de inseguridad, así como el estancamiento del desarrollo empresarial y de políticas erradas en materia de crecimiento rural, áreas tradicionalmente erráticas en su comportamiento productivo y sin programas realmente fructíferos, primordialmente en lo relativo al fortalecimiento agro-industrial,  así como a la apropiada comercialización de los productos derivados del campo.

Lo que se ve

Realmente preocupante a más de lamentable, es que con cierta frecuencia aparezcan involucrados deportistas en hechos delictivos incluso de alto impacto, como lo son los escenarios del homicidio… La referencia es en el sentido de que, en el transcurrir de las últimas horas, varios futbolistas tanto del equipo Tiburones como de la corporación del Necaxa, aparentemente fueron detenidos por policías veracruzanos, en tanto que se les acredita su implicación en el asesinato de Ángel Fuentes Olivares, quien fuera agente del Ministerio Público y de la misma forma presta servicios como promotor deportivo… Ya se sabrá en que termina la historia que llama la atención de en la zona costeña veracruzana.

Lo que se oye

Fuerte y con posibilidades de reacciones que pudieran alterar los renglones productivos, es la presión que se registra entre cañeros de los entornos del ingenio azucarero Motzorongo, quienes exigen la inmediata libertad de uno de sus líderes, que se encuentra bajo resguardo policiaco señalado de un delito que según refieren quienes lo defienden, no es culpable… Las circunstancias podrían originar trastornos en la zona centro veracruzana, incluyendo el bloqueo de vías de comunicación, al margen de otras medidas de protesta que (se dice) habrán de registrar severos impactos socioeconómicos en la región central veracruzana… Ya veremos.    

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