Causas y efectos

*Aleccionadora pandemia

*La maravillosa libertad
*Una sociedad universal

Por Alfredo Ríos Hernández

Todo hace indicar de acuerdo a informaciones provenientes desde la lejana Asia, que científicos de la República de China, lograron desarrollar la conformación de una vacuna contra el “coronavirus”, pandemia que ha sido causante de otorgarle acelerado curso a la amenazante “neumonía Covid-19”, que en la actualidad ha originado espanto, dolor, muerte y llanto en numerosos países tanto de Asía, como de Europa y América, originando aún incontables víctimas y cientos de miles de muertes.

Nunca antes las generaciones actuales que conforman los millones de habitantes de todos los continentes, habían imaginado la posibilidad de que se presentará un escenario de terror, cuyos efectos letale, de manera apresurada se registraran en la mayor parte de los pueblos y naciones que conforman la población mundial, panorama que día tras día arroja la pérdida de vidas y que, por sus elevados efectos destructivos, han obligado a numerosos países a declararse en situación de elevada emergencia.

La incertidumbre y la preocupación invaden en nuestro país a millones de mexicanos, situación que incluso está originando, después de las compras de pánico, la notoria disminución de consumidores en los ámbitos comerciales, restaurantes y servicios en lo general, hechos que sumados a la cancelación de múltiples actividades, para evitar aglomeraciones que se conviertan en focos de infección y mayor desarrollo de la pandemia, conducen hacia la soledad en centros deportivos, centros escolares y universitarios, parques, plazas comerciales, salas cinematográficas, restaurantes, bares y casinos, calles y avenidas… En fin, el México actual “desde el Bravo hasta el Suchiate y desde el Océano Atlántico hasta el Pacífico”, transita bajo espacios de auto aislamiento, evitando las aglomeraciones y reduciendo al máximo las convivencias…

Es verdad, en ésta etapa de angustia y preocupación por los efectos de la pandemia, bien vale que tales escenarios atípicos nos resulten útiles, no sólo para evadir la epidemia y salvaguardar la vida, sino al mismo tiempo revaluar el tesoro que representa nuestra familia, nuestras amistades, nuestros vecinos, nuestros grupos de convivencia, todo ello en los marcos de lo explendoroso de transitar con libertad en nuestros entornos, pero recuperando, restaurando espacios olvidados de limpieza y de prevención en beneficio de nuestra salud.

El auto enclaustramiento que por momentos hoy nos vemos obligados a practicar ante la amenaza de la pandemia, nos permite revaluar con toda claridad los niveles de libertad que “en un instante” podríamos perder, la libertad de caminar por nuestras calles, de asistir a festivales, de disfrutar entre la mágica afición un partido de futbol, de acudir al cine para en cómodas butacas sumarnos a la emoción que originan las escenas cinematográficas y que, estimulan las emotivas reacciones de un pequeño espectador , que podría ser nuestro hijo, nuestro hermano, nuestro amigo o simplemente un emotivo desconocido que contagia por su identidad con el argumento cinematográfico…

Sin remedio ante la pandemia, “irremediablemente” perderíamos la tradicional algarabía de los bares, la euforia de vibrante emoción en una plaza de toros, el tradicional llamado del vendedor de nieves, el sonido de las marimbas en los parques y portales, así como la rítmica cumbia o el majestuoso danzón en los salones de fiesta, a lo que podríamos agregar en suma total, la pérdida del imperio de la libertad, de la alegría, de la convivencia y la vida plena.

Hoy apenas vivimos en tierras mexicanas el inicio de lo podría ser catastrófico si no encontramos la respuesta a una amenaza real, que dejó de ser imaginaria para transformarse en plenamente vigente, por lo mismo, el anuncio de los estudiosos de China sobre la conformación de una vacuna para contener el virus, equivale de la misma forma a la posibilidad real de contener la catástrofe total, entre tanto, el mundo entero despierta ante una nueva esperanza, la que podría contener la dolorosa mortandad y, a más de ello, la que podría representar el que recuperemos nuestros espacios y nos reintegremos a nuestra cotidianidad.

Pero deberemos obligadamente definir, identificar de manera colectiva la lección de vida que podríamos adoptar ante la tragedia, aleccionadora experiencia que ha enlutado al mundo y que debemos convertirla en útil, en honorable recuerdo hacia los que partieron, encontrando, definiendo, diseñando modelos de convivencia social y de bienestar universal, que nos conduzcan hacia ámbitos de prosperidad y desarrollo integral, en beneficio de todos los pueblos del mundo, en donde compartamos el bienestar y el desarrollo en lugar de las pandemias, la violencia y la destrucción.

Un mundo que viva en paz, para la paz y el bienestar, que nos consolide en la ruta hacia el bienestar global, en donde en lugar de compartir pandemias, estemos en posibilidades de compartir avances tecnológicos, niveles elevados de atención médica, fuentes laborales, así como justicia plena y niveles progresistas.

Un mundo de cordialidad y de respeto mutuo, que favorezca la posibilidad de realmente eliminar la pobreza y estimular el bienestar de ciudadanos, que bien pudieran considerarse como integrantes de una sociedad universal, pese a la división territorial y a las características étnicas, así como a las diferencias lingüísticas y culturales.

Nada resultaría más lamentable que, de la tragedia que se registra por la pandemia originada por el coronavirus, el mundo sólo coseche luto, tristeza y reclamos entre los unos y los otros, así como cerrazón de fronteras, en tanto que tenemos la oportunidad de cambiarle el rostro a la tragedia para que las víctimas fatales se conviertan en el abono de nuevas reflexiones, en el cimiento de un universo que pertenezca a todos los seres del mundo, del que todos somos copartícipes como ciudadanos con nacionalidad, idioma e identidad propia, pero al mismo tiempo con derechos universales.

El esfuerzo, el empeño de todos los especialistas del mundo para salvar vidas y crear una barrera que libre al ser humano de la amenaza que representa el coronavirus, refiere el aliento del humanismo de rango universal que palpita en la población del mundo, es tiempo que la colectividad mundial unifique criterios que realmente otorguen verdaderas dimensiones a organismos que no han sido correctamente aprovechados, como la Organización de las Naciones Unidas, espacio que  podría resplandecer con mayores y mejores augurios para los habitantes de todos los continentes, en la búsqueda de unidad para  encontrar, establecer y otorgarles vigencias a nuevas formas gubernamentales, que nos permitan dejar atrás el tacaño concepto nacionalista para transformarlo en internacionalista, que nos transforme sin perder la identidad de origen, en reales y verdaderos ciudadanos del mundo.

Algo bueno podría tener como origen la “lección de vida” que nos obliga a transitar la terrible pandemia que aún nos asecha, ya veremos si, efectivamente, tanto desde el punto vista científico como desde la perspectiva humanista, tendremos la capacidad real para aprender del estrujante escenario… Ahí la dejamos.     

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