*AHÍ VA EL ASESINO, QUE NO ESCAPE

*UNA DURA EXPERIENCIA EN CHALCO

*NO HAY JUSTICIA EN LINCHAMIENTO

*APOYO PRODUCTIVO,NO ASISTENCIAL

En el Valle de Chalco, población perteneciente al Estado de México, la noche de pasado martes una pequeña de apenas nueve años de edad, fue mancillada y asesinada en forma salvaje y despiadada, por un sujeto aparentemente “ya identificado” por los pobladores de ese sitio, pero que hasta el momento de escribir éstas líneas no había sido localizado para proceder a su detención y someterlo al correspondiente juicio.…

Pero horas después del dramático crimen, y sobre el mediodía del miércoles, precisamente cuando el cortejo integrado por familiares y habitantes de Chalco, se dirigía con rumbo al panteón para depositar en la sepultura a la inocente víctima, una mujer en actitud de furia irrumpió el silencioso duelo y empezó a gritar: “Ahí va el asesino, ahí va el maldito que la mató”…

La denuncia pública y de elevado dramatismo, generó que se emprendiera una persecución y búsqueda sobre una figura intangible, que nadie identificaba con claridad, pero que originó la conformación de un núcleo “enfurecido” de ciudadanos que prácticamente “emprendieron la cacería” del que, por los hechos posteriores, podría ser “el aparente, supuesto e incluso imaginario criminal”.

Presentes en la persecución estaban integrantes de los medios de comunicación del centro del país, incluso camarógrafos de televisión, que por momentos enviaban imágenes “en vivo” de las escenas que se estaban suscitando para atrapar “al malvado y maldito asesino”.

En esos momentos, motivado por el espíritu reporteril que anida en mi interior desde hace más de medio siglo, tomé mi butaca de primera fila y dediqué toda mi atención a la persecución o casería “del asesino”, suponiendo como espectador por vía de las cámaras, que alguien aparentemente huía de los vecinos que lo perseguían…

Nunca alcancé a visualizar al perseguido, ni siquiera de espaldas, simplemente no lo vi, pero los auto-acreditados como “rastreadores”, se trepaban con una pericia increíble a los techos de las viviendas y brincaban de una casa a la otra, acciones que se fueron incrementando en espacios, participantes y tiempos, sin que nosotros los televidentes pudiéramos apreciar algo más que no fueran esos “rastreadores del asesino” que de manera permanente perseguían las cámaras de televisión.

Invadiendo los techos de múltiples viviendas las acciones se fueron extendíendo, mientras en las calles la policía uniformada trataba de poner orden y ante lo que ya amenazaba con el caos y la barbarie, arribó el alcalde para llamar hacia la cordura, manifestando que los ciudadanos regresaran a sus tareas y dejaran en el caso intervenir a los cuerpos de seguridad y especialistas en el tema, pero en respuesta se escuchaban gritos de mujeres reclamando justicia, al tiempo que estimulaban a “los trepadores y persecutores” para que continuaran la búsqueda hasta detener al asesino.

En los resúmenes, los informativos del siguiente día, o sea, los de ayer, difundieron la información que “el criminal” indiciado como supuesto responsable de arrancarle la vida a una menor de nueve años, nunca fue ubicado por la turba de perseguidores, pero eso sí, los daños en estructuras e interiores de casas habitación, así como muebles y pertenencias de los afectados, resultaron de elevadísimo impacto, o sea, los perseguidores del criminal nunca lo vieron, nunca lo ubicaron, mucho menos lo capturaron, pero eso sí, las casas habitación que resultaron abusivamente allanadas, fueron objeto de elevado vandalismo, así como también “se extraviaron” objetos de valor.

Las autoridades del sitio de los disturbios, ha anunciado que ya se iniciaron las investigaciones no sólo para identificar y dar con el paradero del aberrante criminal, sino también para identificar a quienes participaron en la invasión de predios y casas, en las cuales se causaron daños y existan reportes del robo de pertenencias.

Y sobre el tema, no faltan evaluaciones en torno al grito angustiante denunciando “ahí va el asesino”, hecho que se suscitó cuando el cortejo fúnebre se dirigía al panteón y que, incuestionablemente, fue el origen de la persecución aparentemente “de un fantasma”, pero que, de ello se derivó la repentina invasión, abusos y daños en amplia zona habitacional.

Y claro que los hechos resultan válidos para el análisis, porque no es la primera vez que se presentan escenarios semejantes en tierras mexicanas, nuestro bello, mágico y cautivador país, en donde turbas influenciadas por falsas alertas han llegado incluso al sacrificio de inocentes, recordemos el caso de Canoa, donde un religioso instigó a la población para que lincharan a unos estudiantes que pretendían escalar la montaña, sin que existiera falta o pecado alguno para que los sacrificaran.

Si nos trasladamos en el territorio nacional hacia diversos hechos de ejecuciones efectuadas en el marco de linchamientos, sólo en el 2018 existen oficialmente 25 personas que perdieron la vida al ser linchadas por turbas enardecidas, mientras que 40 casos se lograron frustrar, pero muchas de las víctimas de linchadores fueron rescatadas con elevados grados de lesiones, algunas de ellas con secuelas para toda la vida.

Los datos apuntan que en los últimos 26 año, cuando menos se procedió al linchamiento de 366 personas, acreditándosele a los ejecutados diversas culpas, pero en la mayoría de los casos sin pruebas fehacientes e incluso con notables errores que luego salieron a la luz.

En numerosos casos en los linchamientos se han ejecutado a inocentes de la culpa que les acreditaron, confirmándose después de los hechos que nada tenían que ver con el pecado que les endilgaron, exactamente igual que como acontecía en tiempos de la Santa Inquisición.

La realidad es que 25 linchamientos en un año (como sucedió el año pasado en territorio mexicano) es el reflejo de escenarios escalofriantes, máxime cuando a ello agregamos que en ese mismo periodo, las autoridades lograron recatar a 40 personas que estaban a punto de perder la vida linchados por enfurecidos “ejecutores”.

Y apenas el pasado miércoles, tal como lo referimos, todo indica que en Valle de Chalco, podría haberse presentado un escenario cercano a las referencias que abordamos.

Nunca debemos de olvidar que en toda revuelta… “Unos van por la pena y otros van por la pepena”, pensamiento o conclusión que forma parte de la sabiduría que envuelve el mágico pensamiento del pueblo mexicano… Ahí la dejo.

LO QUE SE LEE

Que la Federación depurará todos los programas sociales que se aplican con recursos del Gobierno de la República en todas las entidades del país, vía por la cual se benefician millones de mexicanos que obtienen un subsidio si, para ello, su condición de vida está calificada como “de bajos ingresos”.

LO QUE SE VE

Que al interior de los diversos sectores de la sociedad se tiene clara la idea de que, dichos programas “asistencialistas” que representen miles de millones de pesos aportados por los mexicanos, no están aplicados de manera correcta, en tanto que, con frecuencia, son criterios de orden político-partidista y no estrictamente de beneficio social, los que imperan en el proceso de asignación de tales subsidios.

LO QUE SE OYE

Que en muy poco han aportado para bien del país la vigencia de programas asistenciales otorgados en efectivo, por lo que aparte de depurar correctamente el padrón, tales apoyos se deberían de otorgar en especie, favoreciendo programas educativos y de asistencia médica, al tiempo de aplicar recursos para incrementar la productividad, sobre todo en el ámbito agrícola, avícola y ganadero, sin ignorar el relativo al sector forestal.

Atenderé sus puntos de vista en:

alfredorioscolumnas@gmail.com

 

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