Al Madrasa

Sargón

Todos sabemos que el Paraíso estuvo en el valle del Éufrates (Génesis 2ː10-14) en lo que hoy llamamos Irak y Siria, razón suficiente de los terroristas nucleares de Washington y Jerusalén para querer construir, en lo que fue el Jardín del Edén, la magna Disneylandia Oriental, que contaría con grandes centros de convenciones, gigantescas efigies de Tribilín, Trump, Donald, Homero Simpson y Santaclós. Si para ello hay que masacrar personas ya sean palestinos, sirios, iraquies, kurdos, iranis, hondureños o quien sea, eso no importa, la estrategia es proteger disneylandia instalando más bases militares, contratando más mercenarios, provocando más y haciendo crueles guerras para así imponer el obsceno y degradante estilo de vida estadounidense aunque sea causa principal de la destrucción de la Tierra Madre. Está nota da por hecho que los gobernantes norteamericanos, israelitas y aliados no poseen materia gris, no tienen masa encefálica (al contrario de lo que informan las calificadoras) y por tanto morirán antes de ver el inevitable fracaso de sus perversos planes de negocios al querer imponer la economía política de concentración de la riqueza en pocas manos y el fracaso de su supuesta supremacía con la que han pretendido sin éxito dominar milenarios pueblos del milenario Medio Oriente y a los demás pueblos del mundo. El caso es que cuando la administración celestial finiquitó el paraíso del valle de Kurdistán. del valle de Asiria y Acad, Eva recuperó su libertad, abandonó al tal Adán porque no le daba los mismos derechos que gozamos los machos, y se dedicó, como enseñó Chárvaka, a ser feliz, saborear platillos exquisitos, contraer deudas, estrenar zapatos, bolsas y trapos, sabedora que no volverá a nacer, polvo de nuevo será y consciente de que la razón muere con el cuerpo, que no existe el alma y que no hay más allá que un cuento, un invento, un negocio de sacerdotes. Los cronistas afirman que Eva fijó residencia en Dubai y Adán es carpintero en Nueva Delhi. Arqueólogos modernos encontraron en las ruinas de lo que fue la ciudad asiria de Ninive la gran biblioteca de Asurbanipal, miles de tablillas de arcilla grabadas en escritura cuneiforme y en una de ellas se narra el testimonio de Sharrum-Kin (Sargón el Grande, Rey Legítimo, hace tres mil años antes de nuestra era, de lo que fue el paraíso) como sigue: “Sargón, el poderoso rey, rey de Agadé, soy yo. Mi madre fue una sacerdotisa, a mi padre no lo conocí. Los hermanos de mi padre amaron las colinas. Mi ciudad es Azupinaru, ubicada en las orillas del Éufrates. Mi madre sacerdotisa me concibió en secreto, me puso en una canasta de juncos, con betún selló la tapa y me echó al río, el cual no se elevó sobre mí. El río me sostuvo flotando y me condujo hasta Akki, el depositario del agua. Akki, el depositario del agua, me recogió cuando él sumergió su jarro. Akki, el depositario del agua, me tomó como su hijo y me apoyó. Akki, el depositario del agua, me nombró su jardinero. Mientras yo fui su jardinero, Ishtar me concedió su amor, y ejercí el reinado” La leyenda del niño Sargón colocado en una cesta y ésta en un río, es la más antigua de todas las demás historias y mitos de líderes que como Moisés, Rómulo y Remo, y otras decenas de héroes cuyas madres los echaron a un destino ya marcado por los dioses. La leyenda de Sargón se distingue por ser la primera de su tipo y porque su destino no está marcado por la divinidad (la misma diosa Ishtar lo sigue) sino que es un hombre que se forjó a si mismo como si fuera un gran pejelagarto del río Éufrates, lo cual demuestra a todas luces que el líder no nace, el líder se hace. Sargón el Grande, Sharrum-kin, Sargón de Acad, acabó con la diversión y forjó un reino civilizado sobre lo que fue el paraíso, fue la primera persona de la historia registrada en crear un verdadero imperio: el Imperio acadio asirio fundado en los mismos valles de lo que fue Jardín del Edén.

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