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O’Donojú

Con el Plan de Iguala, una de las maniobras políticas más audaces en la historia de México en la que todos los sectores sociales de la Nueva España (alto clero, letrados, militares realistas, comerciantes y terratenientes españoles, criollos, ejército insurgente) vieron la fórmula de conseguir el ideal de romper para siempre la dependencia política de España, Iturbide logró con dicho plan la marcha triunfante del Ejército Trigarante. Veinticinco días antes de que desembarcara en las costas de Veracruz  Don Juan de O’Donojú, designado por el Ministerio de Ultramar, jefe político superior del reino de la Nueva España en sustitución del título de virrey, suprimido por las Cortes de Cádiz, tuvo lugar la caída del virrey Juan Ruiz de Apodaca, conde de Venadito, que fue destituido de su cargo por un golpe de Estado militar, encabezado por el mariscal de campo Pedro Francisco Novella, quien lo sustituyó a principios del mes de julio de 1821. O´donojú llegó a San Juan de Ulúa confiado en que encontraría un país en paz y en calma, pronto constató que no era así y la situación era caótica. Escribió a las Cortes de Cádiz: “Se carece absolutamente de correspondencia con la ciudad de México y todo el interior, estamos reducidos al recinto de la población; no hay tropas ni en donde levantarlas; no hay dinero, no hay víveres, no hay ninguna clase de recursos.” Para el tres de Agosto Juan lanzó una proclama anunciando su llegada y haciendo constar “la liberalidad de sus principios y la rectitud de sus intenciones” y que las Cortes concederían a México la representación soberana que se pretendía, pues los diputados mexicanos apoyados por los españoles: “trazaban el Plan que debía elevar a México al alto grado de dignidad de que era susceptible.” Añadía “haber llegado sin el apoyo de fuerzas y con el deseo de alcanzar un acuerdo que fuera grato para los mexicanos”, pero de no ser así, “a la menor señal de disgusto… os dejaré tranquilamente elegir el jefe que creáis conveniros.” Entró en correspondencia con Iturbide, lo invitó a Córdoba para calmar inquietudes, no prolongar la colonia, y desterrar el barbarismo de siglos que no debería existir. Iturbide responde “Supuesta la buena fe y armonía con que nos conducimos en este negocio, creo que será muy fácil cosa que desatemos el nudo sin romperlo.” No se equivocó  Agustín porque Juan despreciaba el despotismo absolutista de Fernando VII y aceptaba el Plan de Iguala, agregándole que de no aceptar los borbones la corona del Imperio Mexicano, las cortes mexicanas designaran un candidato sin condición de nobleza (lo que permitió a Iturbide ascender al trono) y así firmaron el uno y el otro el Tratado de Córdoba. Al firmar O’Donojú, sin autorización de las cortes ni del rey, trató de salvar el honor de España y mantener una puerta abierta a la unión entre las dos naciones, convencido de la justicia que asiste a toda sociedad para pronunciar su libertad y defenderla, así como de la inutilidad de esfuerzos y diques que se opongan al sagrado anhelo de ser independiente y no vivir sujetos a la tutela. A esta breve nota sólo le queda señalar que sí se desató el nudo de la cuerda sin romperla entre peninsulares y criollos, entre padres españoles e hijos de españoles, pero la cuerda sigue y sigue para rato, sigue (se puede constatar) la cuerda sigue amarrando y ahorcando a indios, negros, morenos, mestizos, cambujos, empleados, pobres, jodidos, miserables, ambulantes, migrantes y todo tipo de siervos, tirios y troyanos de ésta globalizada colonia que nunca será independiente ¡Que cualquiera de los dioses ya sea el padre, el hijo o el espíritu santo nos agarre confesados!

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