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Homero

De lo profundo del tiempo y de lo pasado de la edad los que llaman cultura occidental a lo que padecemos nos dicen que Homero no llegó al mundo de tres lugares distintos en uno sólo, como es lo común, sino de varias ciudades de la costa de Anatolia (hoy Turquía) y también de todas y cada una de las islas del mar Egeo (Kimi, Esmirna, Colofón, Quíos y las demás) sin menoscabo que nació en Atenas, Egipto e incluso vio la luz primera en la Comunidad Europea y al mismo tiempo en los Estados Unidos de Norteamérica. Alegan que en su época aún no aparecía ni habían inventado el tiempo, algunos lo hacen espectador de la Guerra de Troya, y otros, contemporáneo del rey de Lidia Giges, cinco siglos más tarde.

Los pocos aristócratas creen que Homero es el hijo de la musa Calíope o que su padre fue divino, pero las multitudes democráticas lo hacen nacer fuera del matrimonio de una mujer joven seducida y violada cuando migraba del sur hacia el norte, el parto tuvo lugar en un centro de retención cerca del río Bravo, por lo que el niño se llamó en un primer momento Bravoxímedes. Para la vida pseudoherodota, la más detallada de todas, la madre y el hijo son recogidos por Fermio, un aedo maestro de escuela, que cantaba corridos y epopeyas acompañándose con una guitarra y que transmitió su arte a su hijo adoptivo; Homero, por gratitud, habría dado el nombre de Fermio al aedo de Itaca, de quien celebra su talento en la Odisea.

Según la tradición, Homero llevó durante mucho tiempo la vida de un aedo. De un maestro cantaautor intinerante que era confundido o con Facundo o con Al Shejim. Estuvo en Macuspana y jugo béisbol con Andrés Manuel, llegó también a Cuba donde escuchó  recitar a Fidel poemas que duraban días con sus noches, y en España francamente se sorprendió que aun quedaran borbones. Un concurso lo enfrentó a Hesíodo –el otro gran nombre de la poesía griega más antigua- durante los funerales del príncipe de Calcis Anfidamante, cuyo hijo premio a Hesíodo porque prefería cantar la paz y no la guerra.

Btavoxímenes se convierte en Homero –“El ciego” en dialecto eolio- al ser afectado por la ceguera. Sin embargo las vidas de Homero divergen sobre la fecha y las causas de este acontecimiento. Que Homero, el poeta por excelencia, sea ciego, como el adivino Tiresias y el aedo Reacio Demódoco en la Odisea, se explica por una idea bastante natural: el poeta y el aedo privados de la vista ordinaria, ven aquello que los otros hombres no pueden ver. Homero, sin embargo, no siempre fue representado ciego: algunos relieves de época romana lo muestran leyendo los rollos de papiros que contienen la Iliada y la Odisea.

La tradición se puso más de acuerdo sobre la muerte de Homero, que sitúa en una de las islas Cicladas más obscuras,  un grupo de jóvenes pescadores propone al poeta un enigma:

“Aquello que hemos tomado, lo hemos arrojado; aquello que no hemos tomado, lo llevamos”

Homero busca en vano de qué pescado se podría tratar. De hecho, a causa del mal tiempo, los pescadores no salieron a faenar y pasaron el tiempo despiojándose a la orilla del mar. Y son estos piojos los que habían atrapado, los que habrían matado y arrojado; los otros los llevaban con ellos. El aedo, no habiendo encontrado la respuesta, moriría de desesperación, cometería un pecado mortal. El más grande de los poetas, fuente de toda ciencia, había sido derrotado por unos niños….

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