Al Madrasa

El don de la palabra, el que mejor comunica

Aristóteles transmitido por Abu Sulaimán al-Siyistáni. Aristóteles, hijo de Nicómaco, estagirita, sostuvo que los principios creados por Dios Altísimo son la forma, la materia, la privación, los cuatro elementos y un quinto cuerpo, el éter inalterable. Uno de los que expusieron la filosofía después de Platón fue Aristóteles, preceptor de Alejandro el Magno. Estuvo permanentemente con Platón durante cerca de veinte años para aprender la filosofía (al-hikma). Durante su juventud fue llamado “el espiritual” (al-ruhani), por su excesiva inteligencia, y Platón lo llamaba “la razón” (al-aql). Fue él quien compuso libros de lógica y quien organizó las partes de la física y de la teología; en cada uno de estos ámbitos escribió libros por separado, cuidándose de que hubiera secuencia en ellos. Durante su vida se consolido el imperio de Alejandro el Magno y quedó sometida la idolatría en Grecia. Aristóteles, el maestro primero. El nombre de Aristóteles significa “el perfecto”, “el excelente”. Fue hijo de un hombre llamado Nicómaco. Natural de Estagira, ciudad de Macedonia. Su padre fue un sabio experto en medicina. Aristóteles le nació en un lugar de esa ciudad llamada Tracia. Cuando tenía ocho años de edad su padre lo llevó a Atenas, ciudad donde acudían filósofos y sabios. Lo inscribió en una escuela de poetas, gramáticos y retóricos que allí había, como alumno y discípulo de ellos. Durante nueve años hizo acopio de sus saberes, estudiándolos a fondo. Pero ocurrió que por aquél entonces un grupo de filósofos menospreció la ciencia de estos hombres y dirigió duras palabras contra quienes se ocupaban de enseñarla y contra quienes se enorgullecían de sus artes. En ese grupo estaban Epicuro y Yuniquis, quienes sostenían que no hay necesidad de tal ciencia para las cosas propias de la filosofía y que quienes la enseñaban no eran filósofos, porque los gramáticos sólo son preceptores de niños, los poetas son autores de mentiras, embustes e indecencias, y los retóricos son autores de sobornos, pendencias, perfidias y ardides, a menos que sean jueces y magistrados durante ese momento. Cuando esto llegó a oídos de Aristóteles, se apoderó de él una justa cólera contra ellos, y defendió a sus maestros argumentando firmemente y diciendo “Estas ciencias son imprescindibles para la filosofía, porque la palabra es instrumento para su ciencia; la poesía, la retórica, la gramática, las pocas palabras y la brevedad son adorno y ornato de quien está dotado del don de la palabra”. Y continuó diciendo “La superioridad del hombre sobre los animales se debe a la palabra; el más digno de ellos en humanidad es el más elocuente en su expresión, el que mejor comunica en palabras la esencia (dat) de su alma, el que mejor dispone las palabras en su justo lugar y el que más hermosamente las elige para compendiar su discurso. Después de eso puede poner cada cosa en su sitio, a fin de llegar a la extrema filosofía en el límite de la humanidad, pues la filosofía es la más noble de las artes y la suma ciencia. Ella debe ser expuesta y expresada con el más exacto lenguaje, la más elocuente lengua. La expresión más concisa y la terminología más hábil, alejada del desorden, del error, del desliz, de la palabra horrísona y detestable y del tartamudeo, pues todo esto destruye la demostración de la argumentación y la luz de la sabiduría, abandona la precisión, confunde al oyente, corrompe los significados y causa oscuridad”. Después que Aristóteles hubo llegado a Atenas, adquirido todo lo que hemos mencionado y profundizado las artes de la gramática, poesía y retórica, entonces se propuso conocer la filosofía, deseándolo ardientemente. Se dirigió entonces a Platón, cuyo nombre quiere decir “ancho”, “amplio”, y llegó a ser alumno y discípulo suyo, cuando contaba diecisiete años de edad, en un lugar de Atenas, la ciudad de los sabios,, llamado Academia. El único discípulo de Platón que podía encargarse de la enseñanza por si mismo era el llamado Jenócrates, quien había adquirido directamente de Platón la ciencia, porque Platón lo había puesto al frente como lugarteniente suyo, situándolo en la cátedra y sentándolo en el sillón de los filósofos. Le había encargado que se ocupara de la enseñanza de los demás discípulos suyos y él se había hecho cargo de ello. Así, de él todos aprendían la filosofía menos Aristóteles, que lo hacía oyéndola directamente de Platón, recibiéndola también a través del ejercicio que con él hacía. Cuando Platón murió, Aristóteles marchó a otro lugar de Atenas, de nombre Liceo, para enseñar aquí la filosofía a las gentes. Mientras tanto, Jenócrates había sucedido a Platón en la Academia, para enseñar la ciencia de Platón a los que habían permanecido allí, proporcionándoles instrucción en ella. Era opinión de Platón que el ejercicio del cuerpo , mediante el pasear con moderación y el caminar con mesura para disolver los excedentes de los cuerpos, se asemeja al ejercicio del alma, realizado mediante las ciencias propias de la sabiduría. Por consiguiente se hacía preciso reunir ambos, ejercicio corporal y sabiduría, para ejercitar cuerpo y alma. Habiendo encargado esto a Aristóteles y a Jenócrates, los dos enseñaban la filosofía a sus discípulos paseando, yendo y viniendo a derecha e izquierda. Así, a los académicos se les dio el nombre de “peripatéticos” Poco después de ocurrido esto, los seguidores de Aristóteles que estaban en las Academia rechazaron el nombre de “académicos” y se llamaron “peripatéticos”, mientras los seguidores de Jenócrates , apartándose de los discípulos de Aristóteles, rechazaron el nombre de “peripatéticos” y tomaron para si el de “académicos”. Todos los libros de Aristóteles y sus obras sobre filosofía (hikma), lógica y otras ciencias fueron escritos en el lugar al que se trasladó, el Liceo. Sus libros y sus saberes son conocidos por la ciencia que responde la verdad y que le presta oídos.

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