Alberto Sosa, Misión Cumplida

Buen día apreciado lector:

Con la satisfacción del deber cumplido, hoy poco conocido en el ámbito de la función pública, el magistrado exPresidente del Tribunal Superior de Justicia en el Estado, Alberto Sosa Hernández, concluye por jubilación toda una vida entregada al poder judicial del estado.

El nativo de Lerdo quien a lo largo de su positiva y honorable trayectoria recibió el reconocimiento de destacados juristas veracruzanos, de presidentes de tribunales de distintos puntos del país, de magistrados de las salas del TSJ e incluso de los medios de comunicación, cumple hoy su último día de trabajo en la tercera sala penal del segundo piso del edificio que construyó durante su primer mandato y que hoy es ícono que distingue a la capital veracruzana.

Considerado como uno de los mejores presidentes en la historia del Poder Judicial del Estado, incluso por su fama y liderazgo invitado a presidir la Comisión Nacional de Tribunales (Conatrib) que rechazó amablemente, Sosa Hernández deja una impresionante infraestructura de ocho ciudades judiciales en los distritos de Pánuco, Tuxpan, Jalacingo, Coatepec, Xalapa, Córdoba, Veracruz, Cosamaloapan y San Andrés Tuxtla, que construyó con recursos propios de la institución y sin necesidad de endeudar al Tribunal.

También deja como herencia 39 salas de juicios orales y predios para la construcción de futuras ciudades judiciales en Poza Rica, Misantla, Orizaba, Huatusco, Acayucan y Coatzacoalcos; asimismo, para juzgados en Martínez de la Torre, Lerdo de Tejada y Minatitlán.

Aún resuena en el recuerdo lo dicho en el mensaje final de su último informe en 2016  cuando señaló: “La parte más importante de mi vida profesional ha transcurrido, durante los últimos años, desempeñando el honroso cargo de Presidente del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura. Los días de agotadoras jornadas de labores me aportaron un amplio bagaje de enseñanza y sabiduría, que me han servido en múltiples ocasiones para valorar al ser humano, como compañero de trabajo, cuando compartimos la misma responsabilidad y resultados.

“Durante mi gestión hubo muchos días con noches de vigilia. Aún así, no me permití cerrar los ojos con indolencia y tampoco esperar a que las cosas sucedieran al azar, sin meditar sus consecuencias.

“Pues no podía ir en contra de mi formación y sentido de responsabilidad, creando desaliento en aquellos que me depositaron su confianza, para cumplir la delicada función que pronto llegará a su fin. Los seres humanos cerramos ciclos, el mío culmina el último día de este mes. A partir de ese momento, pienso disfrutar del descanso que tiene el jornalero cuando, satisfecho de su tarea, sonríe al término del arduo trabajo realizado”.

Hasta aquí el mensaje de Don Alberto Sosa Hernández gran ser humano y servidor público valioso, que no se enlodó a pesar de haber trabajado en un sexenio de triste memoria, seguro lo van a extrañar en tan convulsionada casa. Tenga el lector un fin de semana de paz y armonía en su hogar.

gustavocadenamathey@hotmail.com

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