Acertijos

UN PISA Y CORRE AL PUERTO

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*No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado para ver cuánto has cambiado tú. Camelot.  

Hacia unos tres meses que no comíamos, mi hermano Enrique y el amigo que no es rico, José Luis. Allí me veis, diría un gachupa, trepándome a la mugre, cara y mala autopista de Capufe, para lidiar un día de puente por el revolucionario 20 de Noviembre. En el camino, recibí la noticia de que la tía Olga había partido, dos tías mías murieron un día tras otro, Rafaela Diez Fernández, la tía Fala, hermana de mi madre, y la tía Olga Haaz Pavón, hermana de mi padre, vivieron casi los 100 años cada una y se fueron tranquilas, rodeadas del cariño y amor de sus hijos. Ya descansan en paz. Sin novedad la autopista, un pequeño accidente y mucho auto para ir al puente dichoso. El primer café en Don Justo, de Plaza Américas,  el de la familia Fernández, jalapeños ilustres, buenos empresarios. Allí se nos sumó Tomás Ramón, un terrablanquense puro, llegó cuando la plática se animaba por un viejo proyecto que no se concretó, hacer unas estatuas en el pueblo para los arpistas, que allá hay buenos, El Pirulí, un ejemplo, y los decimeros, Constantino Blanco Ruiz, Tío Costilla y Mariano Martínez. (“Ando mal del apetito, es muy poco lo que como, me sobo bastante el lomo pues mi trabajo es durito. De Veracruz yo solito salí el otro día temprano, siete plátanos manzanos me comí en boca del río y pa’ no sentir el frío un toro de chabacano”). Otro paisano, Churro Mora, me había llamado para que no se me olvidara escribir algo del Día del Ferrocarrilero, donde Tierra Blanca, en su época de gloria fue el centro ferroviario más importante del sureste, que luego se llevaron a Matías Romero por las protestas sindicales, con el gran Demetrio Vallejo y Valentín Campa. Apenas volví a comprar el libro ‘El tren pasa primero’, de la gran Elena Poniatowska, y en estos días, por ser hijo de ferrocarrilero, preparo un artículo. Tiene Tierra Blanca una bella máquina de ferrocarril escondida al lado de las vías, cuando debieron ponerla al frente de la entrada, en la rotonda.  

GENTE Y BUEN FIN 

En esas estábamos, cuando había mucha gente, había varias razones: era puente, estaba el Buen Fin, habían pagado ya quincena y aguinaldos y todo mundo en la chinga loca. En el shopping. Luego partimos a comer con Doña Amada, en la Isla del Amor, el amigo y mesero, Gustavo Canales, se partía en dos porque, decía, no le habían llegado dos meseros. El lugar poco a poco se comenzaba a llenar, gente de fuera y la local, el coctel de camarones, un ceviche y unas picaditas y un pedido que  normalmente hago, 20 tamales de elote y bollito para llevar, pero al pagarlos por poco me desmayo, 20 pesos cada uno, le dije a Gustavo qué pasaba, si andaban en 13 pesos apenas, me dijo, como David Páramo, el economista de Ciro Gómez Leyva, que el maíz había subido. Y solo sonreí, y lloré y me los traje. Allí mismo echábamos un ojo al juego de México-Corea, que ganaron los nuestros 3-2, ganaba el equipo de Tata Martino, ese entrenador argentino que, cuando llegó a dirigir a su selección, lo primero que hizo fue llamar a diosito, el gran Messi, en privado y en corto le dijo que sabía de su influencia en el equipo y que una llamada suya, de Messi, a él lo dejaba sin chamba, pero que intentaría llevarse bien con él. Así pasó. Messi no es malito, tronó al menso de Bartomeu por no dejarlo ir cuando se quería ir, y la cabeza de Bartomeu rodó poco después, cuando sus mismos paisanos catalanes de gobierno le negaron el no querer hacer elecciones, entonces, como Trump, chilló y pataleó y se fue, por la puerta de atrás. Terminando nos fuimos a un postre de café a la otra plaza, Andamar, con algo de gente, todos con sus cubrebocas, hay que cuidarse porque el repunte del maldito virus sigue atacando y cobrando vidas. En los comercios sanitizan a la entrada, hay que reactivar la economía, para cuidar los empleos muy necesarios. Al final, casi a las 8 de la noche de vuelta a casa, mi hermana Flor llevó el pésame de la familia a la Tía Fala, Yo Mero llegué a la orizabeña casa de la tía Olga, a rezarle y despedirla. Que en paz descansen las dos. Luego, a ponerme al día en los deportes y ver la película serie de Netflix, ‘Undercover Operación Éxtasis’, una sueca, película bastante buena y, comprado en Sanborns de Américas, a hojear el libro ‘Plagio’, del gran Héctor Aguilar Camín, el coco de AMLO, un libro pequeño de 200 y pico de pesos que se leerá muy rápido, solo 133 paginas, donde noveliza de los plagios y el recuerdo al gran Martín Luis Guzmán, el biógrafo y relator de la Revolución Mexicana. 

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