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SU CRIMEN FUE EN GRANADA

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*“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos.” (Antonio Machado). Camelot.  

He leído los libros de Ian Gibson, el biógrafo irlandés de la muerte del poeta Federico García Lorca. Cuyo crimen, a sus 38 años de edad, consternó al mundo, aquel año de 1936 en plena Guerra Civil española, asesinado por unas bestias y llevado por el odio entre familias, en Granada, en su Granada, como le escribió el poeta Antonio Machado. Vi también una película de Andy García, llamada ‘Muerte en Granada’. He leído sus poemas, bellos todos, he leído su historia y su apresamiento y ejecución. He seguido el calvario de encontrar sus restos, lo que la familia se ha opuesto a que los busquen, porque quiere que así lo dejen descansar en paz, pero el Ayuntamiento quiere encontrarle y año con año se excava en los sitios cercanos donde le fusilaron, en camino de Viznar a Alfacar, sin encontrar nadita de nada. Cuando a García Lorca lo llevaron en una noche oscura a fusilarlo, se dio cuenta de ello, y ante el pelotón de ejecutamiento, les dijo, suplicante: “No me matéis, que yo también creo en la Virgen”. Eran los líos de los hunos contra los hotros, por parafrasear a Unamuno. He estado también en Granda, una sola vez, de pisa y corre y solo me dio tiempo de ir a la Alhambra, esa Granada que el mexicano Francisco de Icaza inmortalizó esa frase dicha a su esposa, que era granadina, cuando vio a un ciego limosnero. “Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”. Federico García Lorca dijo de ella: “Granada está indefensa ante la gente; pues ante los halagos nada ni nadie tiene manera de defenderse”. Y de aquel crimen en Granada, Machado escribió: “Se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada. Mataron a Federico, cuando la luz asomaba. El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara. Todos cerraron los ojos; rezaron: ¡ni Dios te salva!. Muerto cayó Federico —sangre en la frente y plomo en las entrañas—… Que fue en Granada el crimen sabed — ¡pobre Granada!—, en su Granada. 

Escrito a 84 años de aquel crimen. 

 MUERTE EN SAMARRA 

Había en Bagdad un mercader que envió a su criado al mercado a comprar provisiones, y al rato el criado regresó pálido y tembloroso y dijo: señor, cuando estaba en la plaza del mercado una mujer me hizo muecas entre la multitud y cuando me volví pude ver que era la Muerte. Me miró y me hizo un gesto de amenaza; por eso quiero que me prestes tu caballo para irme de la ciudad y escapar a mi sino. Me iré para Samarra y allí la Muerte no me encontrará. El mercader le prestó su caballo y el sirviente montó en él y le clavó las espuelas en los flancos huyendo a todo galope. Después el mercader se fue para la plaza y vio entre la muchedumbre a la Muerte, a quien le preguntó: ¿Por qué amenazaste a mi criado cuando lo viste esta mañana? No fue un gesto de amenaza, le contestó, sino un impulso de sorpresa. Me asombró verlo aquí en Bagdad, porque tengo una cita con él esta noche en Samarra. 

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