Acertijos

SOFIA LOREN

*De Marilyn Monroe: “Hollywood es un lugar donde te pagan miles de dólares por un beso y 50 centavos por tu alma”. Camelot.

 

Caminaba distraído en la orizabeña calle de poniente 3, una persona de la tercera edad, un orizabeño me abordó en pleno caminar. Me dijo que debía escribir de la gran Sofía Loren. Le presté atención. Hice un alto en mi camino a escucharle. Suelo atender comedido siempre a un lector y agradecerle el gesto. Cada día nos quedan menos y hay que cuidarlos. Le oí gente preparada, como muchas que hay en esta región. Lamento haber olvidado su nombre, que me dijo casi a bote-pronto, pero él sabrá que me refiero al leer esto.  “Escriba de otras divas”, me dijo entusiasmado, “Pues le leí el de Marilyn y estuvo muy interesante”. Seguí su consejo y busqué quizá a la más grande de todas, después de aquel inmortal mito caído, Norma Jean. La bella Sofía Loren (Roma, 20 septiembre 1934), que hace unos días cumplió radiante con gallardía y belleza sus 85 años. Los años, decía Emerson, enseñan muchas cosas que los días jamás llegan a conocer. Sofía es bella entre las bellas. Un mito del séptimo arte. Sus películas recorrieron el mundo, lo mismo al lado de Mastroiani que Belmondo. Junto a Claudia Cardinale y Gina Lollobrigida formó esa tercia de mujeres italianas deseadas y amadas. En Hollywood trabajó al lado del malito actor pero buen cantante, Frank Sinatra, y con Cary Grant y Peter O’toole y Marlon Brando. Ganó todos los premios y se paseó por todas las alfombras rojas hasta atrapar un Oscar de la Academia, al ser la primera artista que lo ganaba en idioma diferente, en ese circulo tan cerrado donde las estrellas se hablan de tú con Dios todos los días, y Dios les concede indulgencias para que nos sigan entreteniendo. Casó con Carlo Ponti, productor, y ha sido una mujer llena y radiante de vida, feliz a sus 85 años. Por si no fuera suficiente, Hollywood le dio otro Oscar honorario por su contribución al mundo del celuloide, y fue declarada ‘tesoro mundial del cine’. Cito al País: <Sofía Loren goza de un aspecto envidiable a sus 65 años. Asegura con humor que ha encontrado “la fuente de la juventud” cuando se insiste sobre el secreto de su belleza que ella dice desconocer. “Yo no me siento especialmente guapa. La belleza interior es lo más importante en las personas”, agrega. Con los años dice bromeando que le pasa una cosa muy curiosa. Cuando rodó El oro de Nápoles, su primera película con su maestro Vitorio de Sica, de quien afirma que es el mejor director italiano de cine, tenía 18 años y ‘aparentaba 30’, mientras ahora, que ya los tiene, tampoco los aparenta>. Podría escribir diez días con sus noches completas parte de su historia y vida, pero me dio gusto que ese lector me hubiera recordado ver a otras divas. Alegró mi mañana la gran Sofía.

EL MÁS FAMOSO DE LOS BESOS

Las fotos suelen inmortalizar los momentos. Dejarlos guardados para siempre en la mente y en el sentir al paso de los años y de los siglos. Cuántas de ellas no se han inmortalizado, perennes en el imaginario colectivo. Hay muchas. Solo basta que el fotógrafo o paparazzi esté en el momento indicado, cuándo hay que apretar el botón y que este haga click. Al físico y científico Albert Einstein, alguna vez alguien lo tomó arriba de un auto. Einstein, al verse descubierto, sacó la lengua al intrépido fotógrafo, un Garrido cualquiera. El fotógrafo jamás pensó que esa foto, con la lengua de fuera, se convertiría en un icono y se mostraría en la mayoría de los cuartos de estudiantes de todo el mundo. Hubo muchas. La de Korda al Che Guevara, en 1960, con el rostro mirando a lo lejos y esa boina y la estrella, sirvió como imagen de la revolución cubana, y se ha plasmado en millones de camisetas. La de aquellos soldados americanos en Iwo Jima levantando la bandera, aunque dicen los enterados que la hicieron en dos tomas, porque la primera no le quedó bien al fotógrafo. Hay miles de ejemplos. Ahora me entero que la protagonista del beso más famoso en la historia, una enfermera casi anónima, llamada Edith Shain, murió hace días a los 91 años de edad. Va la historia: En 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial terminaba, en la afamada calle Times Square de Nueva York, un soldado anónimo tomó de la cintura a una enfermera, ambos vestidos con sus uniformes normales, le dio un buen fajín y apretón y le plantó sendo beso que se inmortalizó. La inclinó entre sus brazos, como si bailaran un tango. Era el fin de la guerra y la prestigiada revista Time la publicó en portada, sin saber que esa foto no solo recorrería el mundo cómo celebración de fin de las batallas, si no como icono que sobrevivió a los temporales. Era el Día de la Victoria, y la foto fue tomada en blanco y negro. El fotógrafo fue Alfred Eisenstadt, y la mujer, al paso del tiempo, dijo: “El muchacho me agarró y yo cerré los ojos. Le dejé besarme, porque había estado en la guerra, luchando por todos nosotros, y me sentí feliz de hacerlo. Después me dejó sola y me marché”. Por su parte, el fotógrafo, muerto en 1995, declaró: “La gente me dice que cuando yo esté en el paraíso, ellos van a recordar esta foto”.

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