SIEMPRE NOS QUEDARA PARIS

*París siempre valía la pena, y uno recibía siempre algo a trueque de lo que allí dejaba. Yo he hablado de París según era en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres y muy felices. Ernest Hemingway. Camelot.

El bus sigue su recorrido. La gente se apea en las esquinas, dependiendo lo que quieras ver. Mi intención es terminar la ruta, que demora 90 minutos y ya luego emprender la caminata. Irme al Metro y ver adonde quiera ir. Tengo planeado Notre Dame para tomarme un café en la de libros de Shakespeare. La ruta sigue, en el café de la Paz me hice una foto, el mesero, camarero les llaman aquí y en España, le hace al Fadanelli que todos llevamos dentro y se aplica, toma de fondo el cristal donde se lee el nombre del café y de fondo la famosa Ópera. Listo y servido, su propina será doble, de mesero y fotógrafo. Inválidos, La Torre Eiffel, Trocadero, Museo de Dorsay, los puentes, el Sena, los Bouquinistas, esos viejos libreros y de fotografías antiguas, La tumba de Napoleón, el Puente del Alma, donde una mala madrugada el idiota chofer estrelló el auto y mató a la Princesa Diana y a Dodi Alfayet, ese puente ahora es inspiración de sus fans, en la parte de arriba, abajo es muy estrecho y solo se puede pasar en auto. Los puentes, el de Alejandro, el Neuf, el más antiguo de todos, el Sena con sus barcos de turistas, las escenas impresionan. París es una ciudad de 10 millones de habitantes con una movilidad impresionante. La plaza de la Concordia, donde Napoleón le trajo, robado a Egipto, un suvenir que la amante quería, y se trajo un Obelisco de tres mil años de antigüedad; el Louvre, que mi hermano Enrique pelea que no me meto a él casi nunca, una vez fui y con eso me conforme. Pagué mi novatada, uno entra la primera vez al Louvre todo emocionado, como cuenqueño pueblerino, asombrarse de la cultura, de las pinturas y esculturas y como al principio está la sala egipcia, que Napoleón y las guerras de los franceses cobraron como botín de guerra, te metes absorto como dos horas y cuando ya terminas quieres ir a ver la Monalisa o la Gioconda, que es la joya del Louvre, del gran Leonardo Da Vinci, retrato que nació a la fama (se lo escuché al guía) porque un día un tal Giuseppe se lo robó y nadie la conocía, salió en todos los periódicos del mundo y se hizo tan famosa, sin conocerla, que iban los turistas a ver el cuadro sin pintura. El boquete, pues. Cuando Giuseppe se arrepintió y la regresó, son millones los que la ven. Está protegida por un vidrio, alguna vez otro loco algo le tiró, y no dejan que la tomes en foto, tienen uno de seguridad al lado. Esa la compró el rey Francisco I de Francia, en el siglo XVI y desde entonces es dueño el estado de ella. Joya mundial.

 

EN NOTRE DAME

 

Bajo del bus y me voy al Metro. A la Rue no sé qué, aquí todas son Rue (calles), intento no perderme, y si me pierdo me trepo a un taxi, 3 euros de subida, tope mínimo, y depende el trayecto. Puedes pagar entre 7 y 10 euros, si no vas muy lejos. Llego a la taquilla, le pido en mi francés cimarrón, o sea a señas, dos tiquetes, le digo las terminales. Me cuestan 84.46 pesos los dos, ida y vuelta. Voy de la terminal Cadet a Chatelet, me pongo a las vivas, voy solo, mi nieta anda en Disney, que es la que sabe de Metros. 9 minutos camino y veo la impresionante Notre Dame, esa iglesia llamada Nuestra Señora, catedral católica, sede de la arquidiócesis de París, edificio antiguo en estilo gótico, se edificó en 1163 y terminó su construcción en 1345 (lo leí en Wikipedia), allí se suicidó, en 1931, la mexicana Antonieta Rivas Mercado, dicen que por el amor de José Vasconcelos. En plena iglesia, se hincó y se dio un tiro en el corazón. Impactando a los presentes. Hija del gran arquitecto, Antonio Rivas Mercado, el que hizo El Ángel de la Independencia. Y otros edificios históricos del porfiriato. Mujer culta, de danza, de saber, de las artes, una excepcional mexicana. Luego de un divorcio complicado, en el que perdió la custodia de su único hijo, y la temprana muerte de su padre, la convirtieron en mujer de complejidades. La pistola con la que se disparó era de José Vasconcelos, candidato presidencial a quien le robaron las elecciones, con quien había estado una noche anterior. Una verdadera tragedia su muerte. Existe un libro bellísimo, búsquenlo y léanlo: ‘A la sombra de un ángel’, narra su vida y su muerte. Entré un rato. Al pie está un espacio a nuestra querida Virgen de Guadalupe,  afuera cientos se toman las selfies o posan con la catedral atrás. Mucha seguridad, hace dos años no estaba cerrada la parte principal, ahora hay bloques de cementos después de los brutales atentados de esos locos animales que lanzan vehículos contra la gente inocente, y unos diez vigilantes con metralletas en mano, a las vivas, buscando sospechosos porque es un espacio abierto donde hay mucha gente, y eso es lo que buscan los terroristas, que haya muchísima gente para hacer su atentado, y cobrar vidas inocentes. Francia, como toda Europa,  vive esa constante de inseguridad, de no saber a qué hora estos animales o truenan una bomba y roban un auto o lo alquilan y se lanzan contra la gente. Pasé muy cerca de ellos, una mujer policía tenía el dedo a centímetros del gatillo, por lo que pudiera ofrecerse.

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