¿SABES QUIÉN VIENE A CENAR?

*Nuestras vidas no están en manos de los dioses, sino en manos de nuestros cocineros. Camelot

 Uno puede, en su aldea, comer los antojitos más ricos que se dispongan. Un chileatole, unas memelas o garnachas de Rinconada o Salomé, o Chamorros de doña Lupe en Boca del Rio. La gente del Ruso López Obrador son como él, populistas, de comer en fondas. De echarse un taco o un plato de frijol con puerco, como lo hizo apenas el amoroso. Lo canijo es que, cuando estás en otro país -y les pasará muy seguido-, de repente el anfitrión te invita a comer o a cenar, y te lleva a unos de esos clubes distinguidos de 17 mil tenedores y meseros de librea (Librea: Uniforme compuesto por una levita con chaleco y un pantalón, generalmente corto hasta la rodilla, y medias; actualmente lo emplean mayordomos y otros criados en ciertos actos oficiales y en ocasiones especiales). Así le ocurrió en Washington, al negociador del Tratado de Libre Comercio de Andrés Manuel, un economista puro, Jesús Seade Kuri (primo de Fidel Kuri), hombre con todos los entorchados y que ha sido de todo y sin medida en los foros mundiales y ocupará la peje-oficina de Hacienda. Robert Lighthizer, negociador de Trump, un halcón, al terminar el evento de la encerrona, donde aún no definen lo de los autos, le dijo: ‘Vente, amigo, echemos un taco’. Barack Obama solía comer en una hamburguesería frente a la Casa Blanca, y otra en Arlington, la del Ray’s Hell Burger, un popular restaurante en las afueras de Washington. Era como el Peje, populista hasta las cachas. Pues bien, adonde llevaron al mexicano es un selecto club de puros picudos. Cuando terminó la reunión del TLC, cortaron a Videgaray y a Ildefonso Guajardo, les dijeron: ‘Espérennos en el Metro, ahí los alcanzamos’. La triste historia de que los que se van ya no representan nada, y los que llegan, un todo y esperanza. Muerto el rey, viva el rey. Qué va, en el Metro se quedaron plantados, este par se fueron solos al Metropolitan Club, un sitio privado fundado en 1863. Es el favorito de los economistas y la gente del Tesoro y los políticos de Washington, no admiten perrada, quien entra puede llevar a un invitado, la membresía cuesta lo que va a ganar en meses el funcionario del Peje. Selecto y cerrado, aplicaban la misoginia, hasta 1988 aceptaron a la primera mujer, y años después, el primer negro. Para poder ser miembro hay una lista de espera de 5 años. Y vale cinco mil dólares (100 mil pesos), un día quise entrar y me dijeron: “Tu credencial, chico”, la única que traía era la del IFE y la del club Parque España. Es un lugar registrado como Histórico Nacional y ahí han comido todos los presidentes, desde Abraham Lincoln. Al entrar, hay que dejar los celulares en la puerta, desconectarte del mundo exterior y atender a quién te invitó.  Yo Mero lo más cerca que he estado en un restaurante de esos picudos, fue cuando la elección de Donald Trump, que el abogado Perry Mason, Jorge Reyes Peralta, se discutió y pagó la cena de esa noche, con el poder de su firma, en el restaurante Taberna del Alabardero, de la calle 1770 St. Washington. Donde comimos como en España, en el Landó o en L Hardy, inaugurado desde 1839 en la calle Carrera de San Jerónimo, en Madrid, donde en México se piensa mucho en ti. Bien por el nuevo secretario de Hacienda, toca los puntos gastronómicos donde los dioses se hablan de tú con la buena comida, y los buenos vinos y los lugares que solo Obama tiene.

 

A LA BAJA LOS DELITOS

 

Uno ha vivido por siempre y para siempre en Veracruz. A excepción de los días que me voy de tour, que no son tantos como quisiera. Y se siente, según lo anunció el gobernador, Miguel Ángel Yunes Linares, que los delitos duros van a la baja. Este es un país que se contaminó hace muchos años, unos 18 antes del sexenio de Calderón ya andábamos en estos sufrimientos. Se alborotó la gallera cuando Felipe les mandó toda la artillería en contra de la delincuencia organizada, cosa que muchos critican, y otros reconocen que no había otro camino, más que ese. El problema sigue siendo y será un reto para el Ruso Amlo, que muchísimos policías se coordinan con los malos  y se vuelven uno mismo. Ahora mismo, estamos viendo que en la detención de la gente que presumiblemente desapareció a esos tres italianos, que llegaron a vender mercancía china, fueron las policías las que entregaron a esos extranjeros a la delincuencia. Por pedido, como si se pidiera una complacencia en una estación de radio. Increíble, que nuestras policías municipales estén a la orden de los malos. Cada domingo el góber da cuenta con su Gabinete de Seguridad de los números fuertes. Anunció un descenso en estas maldades.

Con datos oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el análisis comparativo del 19 de mayo al 27 de julio de 2018, con el mismo periodo de 2017, la incidencia delictiva sigue disminuyendo en Veracruz. Detalló que los homicidios dolosos han disminuido un 52 por ciento en 2018, en relación con el mismo periodo de 2017; las ejecuciones un 30 por ciento; el secuestro, 46, y la privación de la libertad, 72.

Así también, las extorsiones han bajado un 67 por ciento; robo, 41; robo de vehículo, 45; robo a casa-habitación, 40.6, y robo a transeúnte, 26 por ciento.

Mientras en el país los números crecen, en Veracruz descienden, a Dios gracias.

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