RUMBO AL VALLE DE LOS CAIDOS

*“Nadie se da cuenta de lo hermoso que es viajar hasta que vuelve a casa y descansa sobre su almohada vieja y conocida”. Camelot.

Muy temprano, 10 am tomamos el tren de Cercanías rumbo a la zona de El Escorial y El Valle de los Caídos, el monumento a Franco que hoy, a estos días, luchan los de izquierdas y derechas y centros, por quitarlo de ese sitio y buscarle al mausoleo una mejor vida. Franco está sepultado con José Antonio Primo de Rivera, cada quién en su tumba, la de Franco a escasos dos metros del de la Falange, Y 20 o 30 mil combatientes de los dos lados, los rojos y los otros, los golpistas. 40 años gobernó Franco con mano de hierro. La historia aún sigue juzgándolo porque, en paz no descansa, más si entran las maquinas porque la loza que está en su tumba pesa toneladas, se necesitan dos máquinas grandes para levantarla. La hicieron con el fin de que no profanaran el sepulcro. Tomamos el tren de Cercanías, uno parecidísimo al AVE, limpio, con horario inglés. En 45 minutos ya estábamos en la terminal y viendo el Escorial, la tumba de los reyes y princesas y los chiquitos que algún día gobernarían pero la muerte se les atravesó a destiempo. Morían de cualquier enfermedad, no llegaban aun los antibióticos. Al bajar busqué un taxi. El taxista, un señor de edad, amable nos hizo la oferta. Primero vayan al Valle y luego al Escorial, es lo recomendable. Uno a otro sitio está a minutos. Le hicimos caso, negociamos el precio, nos esperaría una hora en el Valle de los Caídos y de allí nos transportaría al Escorial y ahí nos dejaba, podríamos comer en el Charolés, uno muy famoso, donde hace un año comimos Rico, el amigo que no es rico, y Pepe Aranda y Chava Partida y Chicharito, cuando visitamos las tumbas.

 

ZONA DE PINOS

 

Entre la zona llena de pinos sobresale como algo extraordinario la Cruz gigante que Franco mandó a hacer entre las rocas, una Cruz de 150 metros para que, desde donde anduvieras de lejos, se supiera que ahí yacía el Generalísimo. Fue aquella dolorosa Guerra Civil donde ganó y se quedó por 40 años, hasta su muerte en cama. Pocos dictadores mueren en cama. Franco lo hizo. El asunto es que llegamos, pegaba el viento frio del Guadarrama, el que luego sopla y despeina a Madrid. Las primeras fotos al pie de la Cruz. Había antes un funicular para subir, lo clausuraron. El gobierno de España lucha por sacar los restos y entregárselos a la familia y la familia, en un acto con sabor a venganza, dijo que se los llevaría a la Catedral de la Almudena, y los curas pegaron el grito en el cielo porque aquello, en vez de ir a rezar, se convertiría en sitio político. Entramos a la Basílica, un poco más chica que la del Vaticano, porque así lo exige la iglesia católica, nada es más grande que el Vaticano. El chofer, Emilio, nos ilustró con su saber, algún día fue Concejal del pueblo y nos daba unas clases que mis nietos absorbían, de las 20 mil personas que se utilizaron para construirla. A pico y pala, como esclavos. De los años que duró terminarla. “Yo fui antifranquista, pero respeto la historia”, decía. Hablamos de eso, conozco algo de esa historia porque he leído muchísimo a Juan Eslava Galán, en sus buenos libros, uno de ellos: “Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie”. Extraordinario. Entramos y lo primero que te dice la seguridad es no tomes fotos. No mammy blue, si a eso vengo, si no llevo las fotos y las subo a mi Facebook entonces ni se pensaría que aquí vine, costando mi lana y mi tiempo. Los teléfonos ahora sirven para eso, se toman las fotos de contrabando y los pones en silencio y ni el click escuchan estos guaruras. El que está pegadito a Franco me vio con cara de Héctor Yunes a Manuel Huerta Ladrón de Guevara. Me cazaba, y yo le hacía como Messi, lo driblaba. Me daba la vuelta y yo mero hacia lo mismo, cuando uno de mis nietos me decía ya, era señal que se había descuidado y moles, a tomar las fotos. Los nuevos teléfonos no deben se prohibidos, menos en dónde solo hay piedras y mármol, en los cuadros y en el Louvre es correcto que el flash puede dañar las pinturas, pero con los teléfonos modernos que no se jalen sus ondas. Como pudimos hice unas cuantas fotos que compartí en el Face. Es una Basílica, un lugar de rezos, allí dan misa, llegamos domingo después de la una, y quizá había pasado misa de 12. Franco debe estar removiendo sus huesos en su tumba. El gobierno, desde que derrocaron a Rajoy y le dieron una patada en el trasero, comenzaron con las nuevas ideologías, echarlo pa’ afuera, según dictan los cánones. Cobraron la entrada, tres personas pagamos 17 euros, los estudiantes media cuota. Es un sitio con el sello de la Corona Real y Patrimonio Nacional. Quién sabe qué será de ese sitio. Un español me dijo: “Nosotros así somos, comenzamos algo y no lo terminamos, deja y verás que en dos meses se les olvida, joder”,

No lo sé. La interrogante es qué será de ese lugar. Allí donde tampoco pueden transformarlo a nada, porque hay unas 15 mil personas combatientes de la Guerra de los dos bandos que los sepultaron allí y algunas familias ya se querellaron con el Winckler de aquí, y pidieron a la Fiscalía entreguen los restos de sus padres y tíos, y familiares que allí tienen a los suyos. Como en película gringa: to be continued, o sea, esta historia continuará. Mañana les cuento de mi visita al Escorial.

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