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NUESTRA REVOLUCION

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Alguna vez historiadores escribieron del tiempo cuando la revolución se bajó del caballo, y entramos en el México de los militares, que llegaron a ser presidentes de la República, 110 Aniversario, marca el calendario el día 20 de Noviembre de la pandemia y del 2020. Cuando hemos dejado en suelo sagrado más de 100 mil muertos por el maldito Coronavirus. Este escribiente desde pequeño le dio por leer (Ler, decía Aurelio Nuño) lo mejor de la Revolución Mexicana. Desde el gran Martin Luis Guzmán, hasta aquel otro historiador, el maestro Adolfo Gilly, con su polémico libro ‘Cuando la revolución se cortó las alas’. Una obra de Múgica y de revolucionarios plenos. Algunos señalan, cosa no cierta, que los mejores escritores de la Revolución han sido los extranjeros. No es cierto, no es que sean mejores, como ese Friedrich Katz, el austriaco de la Universidad de Viena, que hizo dos excelentes tomos del gran Pancho Villa (Ya no te acuerdas, valiente, cuando tomaste Torreón).  El mejor Zapata, decían otros estudiosos, es el de John Womack Jr., el maestro de Harvard que lo fue de Carlos Salinas de Gortari, antes de ser presidente. Pero un día le leí una entrevista a Womack, que a Orizaba una vez vino a platicar con el maestro Garcilazo, un viejo dueño de librería, muy estudioso, Womack decía que a ellos se les facilitaba hacer las biografías por varias razones. Una, tenían tiempo y dinero pues venían becados por las universidades y así, el gringo recorrió todos los caminos de Anenecuilco, donde vivió y murió Zapata. La otra gran biografía fue la de Jesús Sotelo Inclán, que a lomo de caballo recorría todos los sitios hasta llegar al gran Plan de Ayala.  

MARTIN LUIS GUZMAN 

Las grandes hazañas contadas por los estudiosos, cuando Villa y Zapata se encontraron en Ciudad de México y se sentaron en la silla presidencial y se pararon de a rapidito, por miedo a que les salieran almorranas. Ese mismo día cuando las huestes de Zapatistas entraron al Sanborns de los Azulejos de Madero a echarse un café, cuando Carlos Slim aún no nacía y las fotos históricas dieron cuenta de aquel bello suceso. Pero entre todos los novelistas y los historiadores, de seguro Martin Luis Guzmán es el más brillante. No solo por su narrativa y ser gran conocedor de los caminos de la Revolución, junto a sus grandes libros: El águila y la serpiente es uno de ellos, al igual que La sombra del caudillo, aquel que escribió estando exiliado en España y que fue prohibido en México, por aquella matanza de los generales en Huitzilac, de manos de Obregón y Plutarco Elías Calles, que eran facilitos para dar órdenes de liquidarlos. A mí me llamó la atención y siempre lo guardé en mi coco como un relato terrible, aquel capitulo llamado ‘La fiesta de las balas’. Martín Luis Guzmán describe al liquidador y carnicero, Rodolfo Fierro, un lugarteniente de Villa, fue un militar mexicano que  nació en El Fuerte, Sinaloa, en 1880, ferrocarrilero. Contó Luis Guzmán en ese libro, que una noche teniendo a 300 prisioneros, Rodolfo Fierro fue y les habló de que dos por dos les daría el beneficio de escapar. Brincarían una cerca de corral donde estaban y a quienes no les llegara las balas eran libres. Un relato terrible del llamado Carnicero villista. Llamó Rodolfo Fierro a un ayudante, le dijo que iba a soltar de dos en dos prisioneros, que tenía dos pistolas Colt, que el ayudante las tenía que ir cargando y que si alguno de ellos se le escapaba, por su culpa, a él lo liquidaría allí mismo. El ayudante temblaba, apretaba aquellito pero iba cargando arma tras arma. Realidad o fantasía, cuentan que Fierro terminó unas horas después, casi al amanecer, con las manos hinchadas de tanto disparar y que, al parecer, solo uno se le escapó. Así esas historias nuestras revolucionarias. 

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