MADRID DIA 3 (EN EL BERNABEU)

*Nuestras maletas maltrechas estaban apiladas en la acera nuevamente; teníamos mucho por recorrer. Pero no importaba, el camino es la vida. Camelot.

Escrito desde el Santiago Bernabéu. Octubre de 2018. Mañana de sábado. Ha llovido desde que llegamos. Juega Real Madrid contra algo llamado Levante. Presagiaban lluvia hasta las tres de la tarde, el juego era a la una. Entrada de vomitorio número 201. Asientos 32 y 33 y 34, entrada por la Puerta 7 de la madrileña calle de la Castellana, dice el tiquet del Real Madrid, era un juego de liga. Ver perder y sufrir al Real Madrid es algo que no se ve muy seguido. Dicen los que conocen de esto, que desde que se fue Cristiano Ronaldo ese día las flores del Bernabéu se marchitaron. Madrid traía un record negativo, no marcaban desde hacía 481 minutos, 8 horas sin anotar y eso les calentaba. Uno les veía jugar y las bolas que pegaban en el poste, los enfurecían, luego el árbitro les dio una manita, pero en contra, y aquello cimbraba. Estadio lleno, la afición no les da la espalda, aunque había silbidos. Piden la cabeza del inútil entrenador, Lopetegui, que debe ser como Ruiz Esparza en la SCT, nada compone y todo desarregla, echó a perder a la selección española y ahora a los de Real Madrid. Marcelo festejó ese gol llevando las manos al logo de Real Madrid y lo mostraba al público. Lo gozó como si anotara con la selección de Brasil. 11:30 am. Tomamos el Metro en Sol enlace con Tribunal hacia el Santiago Bernabéu, estoy seguro que el 80% de gente que va al estadio se va en Metro. No hay en el Bernabéu sitio para autos, pero tienen un servicio de primera, atiborrado, la mayoría con sus camisetas del Real Madrid y un niño lucia la de Modric, un croata que se volvió el mejor jugador del Mundial ruso y que es todo pundonor y garra. A ese hay que matarlo para quitarle el balón. La gente poco a poco lo llena, se acomodan, es un ambiente familiar, niños pequeños llevados por sus padres, había en el ambiente la vieja maldición de Babe Ruth -que Cristiano Ronaldo dejaría al equipo ahora que se fue a la Juventus-, no ganar jamás ni la liga ni la Champions ni lo que se ofreciera de campeón. Uno no ha brillado en Italia, y estos no se ve como saquen a ese buey de la barranca. Salen al campo después del calentamiento habitual. En las pantallas, no tan gigantes como acostumbran los estadios americanos de su futbol, el himno de ‘Hala Madrid. Rememoran su historia, sus viejos juegos, en uno de ellos se logra ver a Di Stefano y al nuestro, Hugo Sánchez, cuando les clavó aquella chilena que  lo inmortalizó y que hizo que los españoles sacaran pañuelos blancos como en tarde de toros, y dejaran de llamarle indio, desde ese día se le cuadraron y se pusieron de pie cuando le veían, le decían así y terminaron llamándole Don Hugo, como aquel son jarocho: Cuando yo tenía dinero me llamaban Nicolás, ahora que no tengo nada, me llaman Colás nomas. A la inversa. Terminaba medio tiempo e iban perdiendo 0-2, vino el gol de Marcelo y se abrió un nuevo horizonte de ansiedad por meter el segundo, mínimo empatar. No se pudo, entre tiradas al suelo de los jugadores de Levante, el tiempo se marchitó. Salimos cabizbajos. No hay tiempo tan malo para ver así al Real. Algo les pasa y ni Benzema ni Bale dan una, y por ahí arrastran a los abajeños. Viene la Champions, esperemos pero no hay grandes esperanzas. Terminando el juego al Metro, en 20 minutos estábamos de vuelta con hambre a una comida pequeña en Plaza Mayor, donde el huamachito florece, lugar de cientos y miles de turistas, muy ceca del Mercado San Miguel, pero esa es otra historia de comidas para otro día.

 

LA PRINCESA DE ASTURIAS

 

Se dieron los afamados premios Príncipe de Asturias, ahora Princesa, por la niña heredera que algún día será Reyna de España. Tocó a una mexicana periodista. En España privilegian muchísimo el talento nuestro, la Poniatowska ganó hace poco y mexicanos como Octavio Paz y Carlos Fuentes y varios más, han sido galardonados. Conozco Oviedo, la ciudad más limpia del mundo, en Asturias, patria querida, diría Manolo Haces, un orizabeño-asturiano, conozco también el sitio donde se hizo la cena de homenaje de los Reyes, el hotel la Reconquista, un bellísimo hotel de tiempos del medioevo. Alma Guillermoprieto ganó y me fui en busca de sus libros a la librería del Corte Inglés, encontré dos, compré uno, cuando la periodista mexicana habló de la muerte de periodistas en México, Martin Scorsese, otro premiado director de cine, se le enjugaron las lágrimas. Alma hizo un homenaje a los periodistas caídos en México. El País: “Alma dio las gracias por 40 años de periodismo. Nunca fue un oficio cómodo y ha visto caer a algunos de sus más queridos amigos y compatriotas, como fue el caso de Javier Valdéz, asesinado el año pasado en México. Pero no baja los brazos y persiste: “Donde matan a uno, a la larga, suelen salir dos”. Dijo estar orgullosa de ese oficio que García Márquez catalogó el mejor oficio del mundo: “Porque contamos la historia del mundo, porque dejamos constancia de lo que otros quieren tapar, porque somos el antídoto de las redes sociales con su inmediatez y su potencia”. “Los reporteros hacemos falta porque dejamos constancia de lo que otros quieren tapar”, matizaba. “Sin un periodismo poderoso, bien financiado, respetado por los gobiernos, el mundo moderno, el mundo entrelazado, sería imposible”.

Un premio muy merecido para esta escritora que edita y publica en los prestigiados The New York Times y Washington Post y periódicos mexicanos, y que el diario El Mundo de España le dedica una entrevista dominical, a dos planas. Orgullo mexicano.

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