LOS LIBROS LEIDOS

*Ah lo que ve el que lee, diría Ricardo Garibay. Camelot.

Ambos libros son chiquitos, de los que suelen llamarse pequeños, de los que en un par de noches te los ejecutas, los puedes leer (ler, diría Aurelio Nuño. ¿Alguien sabe dónde anda el de la Reforma Educativa echada pa’ abajo por la 4T?) de una sentada. Estoy leyendo tres de ellos, he terminado dos. En la lectura, como en el cine, uno se aleja de lo de afuera, te concentras en las páginas de los libros y vives el mundo del escritor, si es que te transporta adónde la historia de ese libro lleva. Decía Unamuno: “¿De cuándo acá ha de ser el autor de un libro el que mejor lo entienda? (Cada cual es como le hacen, y cada uno con su cada una”). Un Papa dijo de la lectura: “Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidar”. Compré tres libros, uno lo adquirí por 269 pesos en la librería Porrúa de Ciudad de México, en Reforma 222. El tema lo he seguido por años. Uno por lo regular le atinas a un buen libro, sobre todo de los que no son ni muy conocidos ni recomendados. A este le atiné. Se llama “El orden del día” y lo escribe un tal Eric Vuillard, que en su casa lo conocen pero es francés, extraordinario. Ya ganó un Premio, cuando lo abrí me fui como Messi ante los adversarios, no tomando prisioneros, hoja por hoja, relato por relato entendí y comprendí otra historia, cuando Hitler invadió su tierra, Austria. Una visión diferente de ese poderoso Ejército alemán que, cuenta el autor, al principio de esa guerra tenia blindados muy chafas, tanques defectuosos que al tiempo compusieron. Y toca a los grandes industriales empresarios de Alemania, liderados por Alfried Gustav Krupp, el rey del acero. Voy a su sinopsis: “En febrero de 1933, en el Reichstag tuvo lugar una reunión secreta, que no estaba en el orden del día, en la que los industriales alemanes —entre los que se contaban los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa y Varta— donaron ingentes cantidades a Hitler para conseguir la estabilidad que él prometía. Desde ese año, Hitler ideó una estrategia de cara a la comunidad internacional para anexionarse Austria «pacíficamente»; para ello, mientras se ganaba la aquiescencia o el silencio de primeros ministros europeos, mantuvo una guerra psicológica con Schuschnigg, el canciller austriaco, hasta que la invasión (un alarde del legendario ejército alemán, que ocultaba graves problemas técnicos) fue un hecho. Esta novela desvela los mercadeos y vulgares intereses comunes, las falsedades y posverdades, que hicieron posible el ascenso del nazismo y su dominio en Europa hasta la Segunda Guerra Mundial, con las consecuencias de todos conocidas. El orden del día narra de un modo trepidante y muy novedoso, en escenas memorables, las bambalinas del ascenso de Hitler al poder, en una lección de literatura, historia y moral política”. Un buen libro, cómprenlo y disfrútenlo.

EL OTRO PEREZ GAY

Al terminar ese me fui por uno que compré en el Sanborns de Slim, una de mis hijas ya me lo había recomendado. Leo al autor, Rafael Pérez Gay, conozco algo de su estilo y escritura. Se llama “Perseguir la noche”, te lleva el libro por los intrincados caminos de un México antiguo, donde en el Centro Histórico llegaban los intelectuales, escritores y poetas a convivir en aquel México que ya se nos fue, cuando caminabas sin miedo, sin asaltos ni levantones, un buen libro de 169 pesos que vale la pena leer. Va la sinopsis: “Cáncer: quizá la palabra más impactante que podemos escuchar en la vida. Y es precisamente de lo que habla Rafael Pérez Gay cuando le diagnosticaron esta enfermedad. A los 50 años este intruso de su cuerpo llegaba a dar un giro a la cotidianidad, a la pasión por el trabajo y la vida, la seguridad de la familia y a todo cuanto creía saber hasta aquel momento. Como cualquier hombre tocado por la literatura y conducido a través de ella durante toda la vida, Rafael regresa a su oficio de letras en tanto su cuerpo es lugar de lucha: un asesinato ocurrido un siglo atrás, en el cual el grupo de los poetas modernistas estuvo involucrado, lo conduce por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México y comprueba que el pasado y el presente son dos trenes que transitan por la misma vía.

EL LIBRO DE NAHUI OLIN

Nahuin Olin llamó el Dr Atl a Carmen Mondragón. Significa en Náhuatl, Sol de agua, sol de tierra, sol de todo. María del Carmen Mondragón Valseca fue una pintora y poetisa mexicana que nació en Tacubaya, hija del general Manuel Mondragón, en el seno de una familia acaudalada del Porfiriato, a finales del siglo XIX. Fue una mujer avanzada de su tiempo, como lo fueron Frida Kahlo, Pita Amor, Lupe Marín, Tina Modotti, Antonieta Rivas Mercado, Elena Garro. Nahui posó desnuda y sus cuadros y fotografías no fueron tomados en cuenta. A los años se cotizaron, como se fue cotizando Frida al paso del tiempo, después de ser la amante del panzón Diego Rivera. Es la historia que narra Adriana Malvido, de un México cuando las mujeres precursoras, unas del porfiriato, otras comunistas, pero siempre en avanzada en todo lo qué hacían. Unas verdaderas adelitas de la moda, de la pintura, de sus ideologías, de sus pensamientos y de su forma de ser.

Según la escritora Adriana Malvido, cuando Nahui Olin murió  —el 23  de enero de 1978— lo hizo rodeada de los tres perros y los ocho gatos que le hacían compañía en su mansión familiar ubicada en el barrio de Tacubaya en la Ciudad de México, actualmente convertida en un edificio de departamentos. Una vez musa, pintora, poeta e iniciadora —tal vez— de  la liberación sexual, Olin murió en el olvido, sin esquelas, grandes ceremonias o anuncios en los periódicos. El restaurador de arte Tomás Zurián y el escritor Carlos Monsiváis, intrigados por esta misteriosa mujer decidieron rescatar los famosos ojos verdes de Nahui —pintados por Diego Rivera y fotografiados por Edward Weston— de ser borrados de la historia del siglo XX mexicano. Gracias a ellos, su obra comenzó a ser catalogada, pero hasta 1992.

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